Soledad /2

Una vez escribí mi propio cuentecito sobre la soledad. De nuevo acordándome de Carlitos, que sé que es el que más le gusta.

UNA MUJER EN SAN SEBASTIÁN

Una mujer despierta en un destartalado piso a cien metros del Monte Urgull. Mira la bombilla del techo que oscila por la brisa de la ventana abierta. Huele la humedad de semanas en sus sábanas, en su camisón, tan roto, tan amarillo, tan raído, y comienza su ritual diario.

Grita.

Grita a su cafetera, a su hornilla, a su frigorífico, al cartón de leche. Grita a los muebles, a las paredes, al techo, al suelo, al papel pintado. Grita al aire, a las fotografías, a su imagen en el espejo, a su sombra. Grita insultos, amenazas, súplicas, órdenes. Grita con ira, con rabia, con desesperación.

Y a cada grito que profiere se responde a sí misma con un murmullo ininteligible, algo que se transforma en respuestas ahogadas en los oídos de los vecinos.

Su voz retumba en el cochambroso patio interior y todos, los de la pensión del tercero, los estudiantes del segundo, el solitario del primero, todos sonríen malévolamente y compadecen al desdichado receptor de tan terrible reprimenda.

Al acostarse, una mujer cierra sus ojos resecos sabiendo que, un día más, todos creen que es un ogro repugnante, pero no una vieja sola.

7 comentarios sobre “Soledad /2”

  1. Paul Wachovsky dijo:

    Recuerdo a Kevin la tarde en que escribió este mensaje. Nosotros veníamos del cine; él se había quedado en la habitación. Le iluminaban tres o cuatro velas dispersas. Estaba sentado en nuestra única silla con una de sus poses características: las piernas cruzadas, un brazo apoyado en el otro, la mano en el mentón. Creo que llevaba un jersey marrón oscuro.
    Nos preguntó si nos importaba que nos leyese los tres o cuatro cuentecillos que había escrito. Le dijimos que no, por supuesto, y nos sentamos en la cama.
    Uno de esos cuentos era Mujer en San Sebastián.
    Sigue siendo mi favorito.
    Paul.

  2. dordoka dijo:

    Muy bueno…. pero para animar a esta foka…. podias poner uno mas alegre??

    OUKS compañero!! Animo con el Blog, que te lo estas currando!!

  3. k dijo:

    Muy bueno alberto, pero muy muy triste…
    de paso: ¿te llegó el paquete?

  4. Fanshawe dijo:

    Kandelilla, la única soledad no triste es la elegida.

    Me llegó tu pergamino dentro de una botella. Ahora lo estoy descifrando. Pronto tendrás noticias mías.

    Muchos besos, también a ese monstruo de un solo ojo y a mi tortuga favorita.

  5. C. dijo:

    Qué pequeño es el mundo, viejo amigo: lo buscaba y estaba aquí.

    ¿A qué se debe esta labor arqueológica?

    Al tiempo que pasa; a que todo, en el fondo, está bien; a que te echo de menos; al adejtivo resplandeciente, que casi, casi (¿es esto adulterio?) lo he sentido como mío.

  6. Cuentos mínimos. La bitácora de Idgie W. Mcgregor. | El grito. dijo:

    […] Nota: Este último cuento no es ni original ni especialmente bueno, pero era lo que necesitaba para completar la trilogía de este mes. No quería meter algo banal después de los dos anteriores. Aunque no me di cuenta hasta haberlo casi terminado, es una copia más bien regulera de un precioso cuento de Fanshawe que podéis encontrar aquí, de ahí el subtítulo. No se lo pierdan, háganme el favor. […]

  7. Cuentos mínimos. La bitácora de Idgie W. Mcgregor. | El grito. dijo:

    […] Nota: Este cuento no es ni original ni especialmente bueno, pero era lo que necesitaba para completar la trilogía de este mes. No quería meter algo banal junto a los otros dos. Aunque no me di cuenta hasta haberlo casi terminado, es una copia más bien regulera de un precioso cuento de Fanshawe que podéis encontrar aquí, de ahí el subtítulo. No se lo pierdan, háganme el favor. […]

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