El árbol que cobija
Martes, 31 de Mayo de 2005Mi primo Javier nació hace ya unos cuantos años con un problema gravísimo de corazón. Desde el principio los médicos dijeron que no había solución, que sólo nos quedaba esperar a su muerte. Jamás he sentido un dolor tan intenso como aquellos días, no por él, sino por mi madre y mi tía que se derrumbaban delante de mí y yo no era capaz de hacer absolutamente nada por ellas.
Con apenas meses de vida, llevaron a Javi a Pamplona para practicarle un cateterismo, algo así como abrirle una válvula en el corazón, en una operación complicadísima en un cuerpo tan pequeño.
Cuando Javi despertó de la anestesia miró al su alrededor con sus ojos recién creados y sólo vio batas blancas y verdes y rostros desconocidos que le tocaban y le hablaban. El miedo, la soledad, no sé exactamente el qué, le invadió. Pero en esa multitud de seres verdes reconoció unos ojos. Los de mi tío César, médico de la clínica de Navarra, que tenía permiso para entrar a verle. Javi sólo había visto a César una vez, la noche anterior, justo antes de la operación. Sólo una vez. Pero esos ojos que le miraban con cariño eran conocidos. Sin pensarlo ni un momento, Javi, un bebé más pequeño que un gato, alzó sus brazos hacia César para cobijarse en él.
A veces el mundo se mueve por detalles.
(Por cierto, Javi está hoy día perfectamente. A veces los milagros ocurren)