La Navaja de Occam

“Entia non sunt multiplicanda sine necesitate”. Los entes no deben multiplicarse sin necesidad. O lo que es lo mismo, no expliques con más lo que puedes explicar con menos. O lo que es lo mismo, en un problema, de entre todas las soluciones posibles, la más sencilla es la correcta.

Guillermo de Occam (o de Ockam, depende) fue un monje franciscano medieval que enunció este postulado y dio pie al nominalismo (que me perdonen los filósofos por las incorrecciones), una filosofía que pone en cuestión cualquier existencia más allá del individuo. Es decir, la reducción al mínimo por antonomasia.

Dándole una vuelta de tuerca: ¿en un problema cuyas soluciones son todas igual de simples o igual de complejas cómo aplicas la navaja? ¿siempre hay una solución más sencilla y, por lo tanto, correcta? ¿la sencillez de una respuesta depende del individuo que la propone? ¿y si los árboles no te dejan ver el bosque? ¿entonces la respuesta más sencilla debe venir de fuera?

Sinceramente, ¿cuántas veces intentamos aplicar la navaja de Occam en lo que nos ocurre, convencidos de que nos complicamos la vida? Muchas. ¿Cuántas veces funciona la navaja en esos casos?

Se aceptan sugerencias.

6 comentarios sobre “La Navaja de Occam”

  1. C. dijo:

    Me falta este café (cómo sabías que escribiría…) Lo tendremos, amigo. Pero voy apuntando ideas.
    Creo que una buena navaja occamiana debería tener dos filos. El primero sería la capacidad de saber quién o quiénes son las personas a las que les queremos explicar algo; el segundo filo sería la capacidad de explicar.
    He conocido a pocas personas que tuvieran perfectamente afilado el segundo filo de su navaja; tú eres una de ellas. Pero he conocido a menos personas aún que tuvieran afilado el primero;
    he conocido a muy pocas personas (no me incluyo entre ellas), que sepan que algunas personas necesitan un chiste, una historia o una parábola para entender; que otras necesitan un discurso lógico; que otras necesitan vivir en carne propia aquello que se les quiere hacer comprender.
    Creo que la capacidad de explicar se puede desarrollar rápidamente; la capacidad de entender, sin embargo, me parece que, salvo casos excepcionales, es algo que sólo creo que nos da la experiencia, el ensayo y el error. Y muchas veces, ni eso.

  2. martika dijo:

    La navaja de doble filo me ha recordado al eterna discusión sobre el bien y el mal; y no me estoy alejando del todo del fondo de la cuestión propuesta por Fanshawe.
    Para empezar, una cita de Ryszard Kapuscinski (de “El Imperio”):
    “Timur demostró aquiello que después descibiera Dostoyevski: que el hombre lo puede todo. La obra de Timur puede resumirse en esta frase de Saint - Exupéry: > Tanto en lo bueno como en lo malo. Las tijeras de Timur tenían dos brazos: el de la creación y el de la destrucción. Los dos son los brazos de la actividad de todo hombre. Sólo que, por regla general, esas tijeras apenas si se abren. Algunas veces se abren algo más. Las de Timur estaban abiertas del todo”.
    Creo que el aplicar la navaja de Occam hay que tener cuidado y ver hacia qué lado se abren las tijeras. No creo en las soluciones fáciles; éstas nos pueden guiar a veces por caminos falsos. A veces la salida más sencilla es huir de los problemas. Pero esa no lleva a ninguna parte, y nos convierte en eternos fugitivos.

  3. lawrence breavman dijo:

    Existe una reflexión que es la del doble dilema, muy en boga últimamente con el tema de la sedación terminal y la eutanasia.
    ¿Qué se debe elegir cuando ante un problema, las dos opciones que tenemos son malas?

    Aparentemente siempre habrá una menos mala.

    Si alguien ha visto Million Dollar Baby, podrá imaginarse a un Clint Eastwood, intentando decidir que hacer.

    Recomiendan elegir algo que uno no piense que está “mal” en sí mismo. Es decir, si no hay nada “bueno” que hacer, al menos hay que elegir lo neutro.

    Pero nadie nos puede decir si nuestra idea de bueno.malo.neutro es la correcta, no?
    Y que pasa con los universales, existen?

  4. Trinity dijo:

    Las navajas no tienen todas doble filo, pero la mayoria dejan cortes profundos que llevan agnos cicatrizar. Algunos ni eso, se quedan marcados en la piel para toda la vida.
    Si creo que a veces nos complicamos la vida, que es sencilla, que no simple.
    Pero las personas complejas lo hacemos muy a menudo. Menudo!
    A veces es mejor no pensar demasiado lo que es correcto o no. Es un valor relativo, nadie tiene la verdad absoluta para dictar cual es el bien, cual es el mal. En el fondo no existen, y la moral no deberia existir. Hacer una Erasmus te abre los ojos en ese sentido. Hace mucho tiempo que ya no juzgo a nadie.
    Tan solo dejate llevar por lo que te dicta el corazon y no dejes que nadie te juzgue por ello.
    A presto

  5. Luvina dijo:

    Me dice un navajero de albacete que me cante otra, que de éstas no tiene, que si me conformo con un cuchillo jamonero…

    Cariños, yo no sólo tengo la imperiosa necesidad de multiplicarme sino la de multicomplicarme (si el DRAE dice que el palabro no existe, debería, pa muestra: yo (un’altro botón)).

    Por jorobar un pelín, discrepo con C., y es que el único complejo que tengo es el de superioridad:
    nunca digo “me explico?”, que como mucho y como única muestra de acercamiento me apeo del pedestal con un “me entiendes?”, porque, parafraseando a C. (y aquí convengo) acerca de la capacidad de entender del grueso de mis congéneres yo la reduzco (navaja en ristre) al “ni eso”. Magotan, uff…

    Más que una navaja yo necesitaría, por lo menos, por lo menos una sierra mecánica, modelo lamatanzadetexas.

    Enfins, hasta más ver.

  6. martika dijo:

    Las personas complejas tenemos muchas veces la tendencia a pensar demasiado, cosa que tiene su peligro. En nuestro cerebro son los lóbulos frontales los que dirigen nuestra capacidad de hacer planes o tomar decisiones. Esta área está conectada por potentes vías neuronales con la área límbica, que responde por nuestro mundo emocional, y que es, obviamente, anterior evolutivamente a los lóbulos frontales. Pues bien, cuando de seccionan estas vías que enlazan dichas dos partes de cerebro, sucede un fenómeno que llama mucho la atención: el paciente mantiene toda su capacidad razonadora, pero es incapaz de tomar las decisiones, desarrollando una interminable discusión interna acerca de los pros y los contras de cada acción. Se ve de esta manera que la razón en sí misma no nos basta, que hace falta una reacción más emocional para que el hombre pueda funcionar en el mundo. A veces la razón intenta explicarnos en frío lo que debemos y lo que no debemos hacer. A veces la razón, con su frialdad, se equivoca.

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