Sísifo
Sísifo fue condenado a pasar la eternidad en el reino de Hades repitiendo una y otra vez el mismo movimiento. Debía empujar una piedra enorme hasta la cima de una colina, pero cuando estaba a punto de llegar la piedra se resbalaba y volvía a caer a la base del monte. Y Sísifo no podía hacer otra cosa que bajar de nuevo y empezar otra vez el proceso de empujar la roca hasta arriba. Una y otra vez. Eternamente.
Ayer por la mañana vi amanecer por culpa del insomnio. El sol, cuando las nubes le dejan, se asoma por Bologna un poco después de las 5:30. Dormí un par de horas y mi alarma, de estas que suenan de forma monótona y repetitiva cada cinco minutos, me avisó de que Teresa me esperaba para dar una clase. Ojeada al correo (alguien me dibuja una sonrisa con sus palabras en el ordenador dando gracias que no se merecen). Lavado de cara, café cargado, cigarrillo y salir corriendo para poner mi mejor cara de enseñante divertido. Tomo otro café con mi alumna más entregada y hablamos de los amigos y del subjuntivo y leemos juntos a Eduardo Mendoza. Camino al mercado para comprar verduras y fruta pero me doy cuenta de que he salido sin dinero de casa. Voy al banco a por algo de efectivo pero se ha hecho tarde y Elena me espera en su refugio con la pizza que ha hecho su madre. Comemos y hablamos de música y de historia, y de novelas de espías y del calor y de la vergüenza. La cabeza me da vueltas por el cansancio cuando salgo de su casa y al llegar a mi cubículo de Via Nosadella Massimiliano me espera con ganas de hablar de fútbol y de jugar una partidita de las nuestras a la Play Station. Pierdo por poco pero ha sido muy emocionante y dedico un rato a corregir redacciones y preparar la clase de la tarde. Mi cabeza me vence y duermo unos 45 minutos antes de levantarme acelerado porque llego tarde. Café rápido, Massi que me abronca por tomar tanto café (”¡Así como coño no vas a tener insomnio!”). El día es caluroso y llego a clase vestido sólo con una camiseta de manga corta. La clase del miércoles siempre es bonita, con cuatro chicos inteligentes y con ganas de hablar que me lo ponen muy fácil. También hablamos de los amigos y discuten en español, y se apasionan y yo me sonrío debajo de mi cara de profesor orgulloso de la pasión que tienen. Es el cumpleaños de Silvia, 30 años que hace con esa cara de cría risueña que no se le va nunca de encima. La felicito, la beso y le deseo que disfrute de su fiesta con su novio y sus amigos, y deseando secretamente que me invite a su fiesta para no tener que volver a casa. Franci me ofrece una cerveza con sus amigas y después irnos al cine. La noche es tibia y agradable y no me apetece ser tan sociable. Vuelvo a casa despacio mirando los edificios que tan familiares se han vuelto en vía Santa Isaía y dejando algo suelta mi vena voyeur que en las primaveras cálidas se encuentra en su mejor elemento. Massi e Inger están en casa inmersos en la final de la Champions. Nos divertimos dos horas con un partido realmente bonito y un final de infarto. En mitad de los penaltys me llega la voz dolorosa de la incomprensión y la tristeza a través del teléfono. Trato de ser fuerte, de no dejarme deprimir, de no contagiarme. Viviana me dice que hagamos el payaso en su casa un rato. Por qué no. Cuando estoy a punto de llegar el teléfono vuelve a sonar y el dolor de antes se multiplica por dos. Y vuelvo a intentar ser fuerte, sereno, tranquilizador. Pero mi moral está minada y cuando cuelgo soy una sombra de lo que podría llegar a ser. Viviana me hace sonreír con su vocabulario de marinero rudo y sus aventuras y desventuras amorosas. Recibo un mensaje de alguien a quien quiero mucho hablándome de un mal día y con la oferta de dejarnos querer y consolar al día siguiente. Será un auténtico placer. Regreso a casa con el fresco de la madrugada y el silencio de una Bologna apagada. En casa mi correo y mi blog están vacíos y me meto en la cama con una película argentina sobre buenos sentimientos haciéndome compañía. Después he visto amanecer…
26 de Mayo, 2005 - 13:16
“El día es caluroso y llego a clase vestido sólo con una camiseta de manga corta”
Espero que sea sin chaqueta, no SOLO con una camiseta!! porque sino igual empiezo a compartir con Sarah el morbo por los profesores! :D
Puede que Sísifo tuviese que estar así hasta la eternidad, pero tu no tienes obligación, asi que espero que encuentres el modo de parar esa marea insomne de hechos encadenados….duerme linda foka! Descansado se ve todo más claro!
28 de Mayo, 2005 - 14:27
A veces la vida se convierte en ciclos continuos de los que no podemos escapar.
¿O sí?
31 de Mayo, 2005 - 13:44
Dordoka me ha quitado las palabras de la boca XDD
Yo nunca tuve profesores vestidos SOLO con una camiseta, pero ya me hubiera gustado, ya…
Has probado a no coger las llamadas que sabes de antemano que te pondrán triste? Igual suena egoista, pero ya es hora de pensar en ti mismo…
Que todo vaya siempre a mejor.
Muchos Besitos!
31 de Mayo, 2005 - 13:59
¿Pero no os dais cuenta de lo ridículo que puede resultar un hombre sólo vestido con una camiseta? ¿Mejor desnudo total o solo con pantalones, no?
Sarah… nunca dejo de coger una llamada. No soy malo, es que me han dinujado así…
31 de Mayo, 2005 - 16:50
Deja de pensar lo ridículo que puede resultar una “mercancia” cuando el “cliente potencial” ya le ha dado el visto bueno… aihnss estos hombre no aprenden! ;)
Estoy con Sarah en que es el momento de cuidarte más a tí mismo, aunque eso suponga una re-educación y una pequeña dosis de egoísmo.