Nos creemos que sabemos. Creemos que sabemos de cine, o tal vez de literatura, o puede ser que de música. Creemos que somos unos expertos, que no se nos puede sorprender, que a estas alturas podemos criticar, juzgar, decidir y valorar con el acerbo de años y años de conocimiento.
Luego llega el viejo músico de Mali, llega el bueno de Alí Farka Touré, y resulta que no teníamos ni idea de nada. Alí nació hace 66 años en la región de Tombuctú, el hijo numero catorce de una familia noble, el único que ha sobrevivido de todos ellos.
Cuenta el periodista Manuel Villar: “Todavía un niño, una serpiente con una extraña marca en la cabeza, llamada Ghimbala, relacionada con los espíritus del río, se le enroscó en el cuello. Consiguió quitársela, pero a partir de ese momento entró en un mundo nuevo y sufría ataques epilépticos. No sentía ni el agua ni el frío y lo llevaron al poblado del Homborí, en el país Dogón, donde consiguió curarse y allí empezó a tocar. A su regreso, los espíritus del río lo recibieron de nuevo y siguió creciendo y tocando con ellos. ”
Ali domina como ningún otro el Djerkel, una guitarra de una sola cuerda, y la Njarka, violín de una sola cuerda. Y jugando con esa cuerda, acariciándola, hablándole, susurrándole, comprendiéndola, logra extraer los sonidos más hermosos, más emocionantes, más conmovedores que se pueda imaginar.
A finales de los sesenta, durante una visita a Bamako de Otis Redding, Ray Charles y John Lee Hooker, el blues negro americano y la música de la tierra de Alí se encontraron y se enamoraron en el acto. El viejo Alí escuchó las notas y la voz ronca y cavernosa de Hooker y corrió a preguntarle si era originario de África, porque le parecía escuchar la música con la que había nacido y que había amado toda su vida. Y los grandes bluesmen escuchaban boquiabiertos a este músico de sonrisa inmensa y eterna, cómo de sus dedos y de una sola cuerda salían las melodías que ellos consideraban tan suyas. Se amaron en el acto. Eso es algo que no se puede evitar, ¿verdad? Cuando dos almas se aman de inmediato no se puede detener.
Por suerte para nosotros, tal vez no para él, Ry Cooder lo escuchó tocar en los años ochenta en nigeria y le convenció para venir a occidente y grabar “Talking Tombuctú” juntos. Y gracias a eso, el que se cree mundo civilizado pudo escuchar como un mago del corazón del África Negra te dice con tranquilidad, sin soberbia, sin pretender nada, “esta es mi música, te la regalo, compártela”. Y yo, al escucharlo, sólo puedo cerrar los ojos y sentirme feliz de saber tan poco, tan poquito, como para tener el privilegio de escucharle por primera vez. Y cuánto envidio a aquellos que a partir de ahora le escuchen esa primera vez. Porque yo ahora sólo puedo saborearlo, disfrutarlo, pero no sentir de nuevo esa euforia de cuando tienes la sensación de que es la primera vez que abres los ojos, y necesitas, NECESITAS realmente, buscar a alguien para agarrarle de los hombros y decírselo. Te faltan las palabras pero lo quieres contar. Quieres decir “escucha al viejo Ali, que me ha dicho que el mundo es tan grande tan grande que no he hecho más que comenzar a conocerlo por un ángulo pequeñísimo”.
Desde entonces, desde “Talking Tombuctú”, el viejo Ali ha decidido que está demasiado ocupado con sus cultivos y sus animales como para volver a Occidente a grabar. Hay cabezotas, como el productor Nick Gold, que decidió que si él no iba a occidente, occidente iría a él. Instaló un estudio de grabación improvisado en una fábrica de ladrillos abandonada en Niafunké, el poblado a orillas del Níger donde el viejo Alí vive, duerme, ríe y toca. Y cuando todo estaba preparado, el viejo Alí terminó tranquilamente sus quehaceres diarios, comió y bebió con sus amigos, escucharon viejas historias y después cogió del brazo a Nick y le dijo “¿vamos a tocar viejo amigo?”. Y Nick se sonríe al darse cuenta de que, afortunadamente, la música sigue siendo mucho más importante que todo lo demás, y siente la punzada de placer de volver a los orígenes, y la tentación terrible de mandar a la mierda a su productora y dedicar lo que le queda de vida a disfrutar la vida y la música como lo hace Alí.
Dice el viejo alí Farka Touré en una de sus canciones: «Soy Alí y éste es el mensaje a mi gente/que la miel no sabe buena en una boca/estoy aquí y voy a compartirla/todo lo que he ganado con mi música volverá a la tierra y a mi gente».
Que la miel no sabe buena en una boca.
Amén Alí. Amén.
es la primera vez que escribo en los comments pero esta vez si que me he emocionado con el post…
Soy muy aficionado a la música étnica (y la africana en concreto me encanta) y no he podido esperar a terminar de leer el post para poner el emule a descargar como un loco (por que si… lamentablemente en las tiendas de discos ni de coña se podría encontrar este tipo de música)
Me he quedado intrigadísimo por ese músico gracias a cómo lo has escrito… ni toda la maldita campaña de marketing que hay detras de OT se puede comparar a lo que has dicho…
Bravo!
Me podrías recomendar más musica?
Acomódate Alby, estás en tu casa :-)
Gracias por el comment. Pero lo que decía en el post es rigurosamente cierto. No tengo ni idea de música. Este blog lo titulé “Reducir al mínimo” porque mi viaje a Italia ha significado comenzar de cero en aspectos muy fijos de mi vida, entre otros en lo que creía conocer. De música nunca he sabido nada, y mucho menos de música étnica, pero aquí he aprendido que cuando alguien viene con los ojos brillantes a decirme “debes escuchar esto” le tengo que hacer caso, buscar lo que me dice y escucharlo. Y Alí Farka Touré me golpeó en el alma. Si quieres te digo un par de músicos que me han dado fuerte aquí también sin conocerlos de nada. Uno es Anthony and de Johnsons, que tiene una forma de cantar que me coje por los pliegues de la camiseta y me lleva donde le apetece. Y la otra es Bevinda, que me maravilla como se complementa con el contrabajo para cantar poemas de Pessoa.
Por cierto, tu página web es alucinate. Necesito verla tranquilamente… pero es alucinante.
Ya he escuchado un par de discos de Touré y me ha parecido una mezcla extraña y acojonante entre el Blues del delta y música africana (Al menos el disco The Source que es el primero que encontré)
Me apuntaré esos que me recomiendas para seguir mirando… ;)
Si te gusta lo que has visto de música étnica te recomiendo que escuches el disco EXILE de Geoffrey Oryema.
Es un disco que grabó estando exiliado y cada nota está salpicado de toda la nostalgia por su tierra.
Je je, gracias por lo de la pagina, es un proyecto de una peli que estamos haciendo desde hace más de 2 años. La primera peli hecha con frutos secos del mundo ;)
Y si tienes tiempo, entra en http://www.aulazombi.tk , es un proyecto menor en elque estamos trabajando mientras terminamos GRITOS EN EL PASILLO.
PING:
TITLE: Reducir al Mínimo
BLOG NAME: Reducir al Mínimo
[...] al viejo Ali Farka Touré.
Ay, viejo Alí, que huérfano nos has dejado, a mí y a mi corazón. Descansa en paz, gigante.
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