… y ahí estaba yo

Muerto de miedo, la verdad…

6 comentarios sobre “… y ahí estaba yo”

  1. Dordoka dijo:

    ummmmmm pies descalzos… ¬¬ ouks!

  2. C. dijo:

    Y ahi estaba yo.
    Te miraban los ojos enormes de Winnie desde una esquina del patio de butacas?
    Estaba celoso Paul, el triste domador de leones, porque él siempre quiso ser el atractivo fakir?
    Te atragantaste en tu momento estelar con la falsa antorcha y, en una cámara lenta cruel, la gente se rió de tu desgracia?
    Te abrazó Paul al final del capítulo, en un precioso picado (la cámara alejándose muy despacio de vosotros, por supuesto), pues se dio cuenta de que su desgracia era menor que la tuya?
    Y ahí estaba yo. Las cuatro palabras más grandes.

  3. yhebra dijo:

    pero qué guapísimo…
    así que eras un fakir, ¿no?

  4. Cristina dijo:

    Ooooooooooole, mi niño, pero qué guapo y qué perilla!

  5. tatiana dijo:

    Encantador!

  6. Reducir al mínimo 2.0 » Archivo del weblog » ¡Teatro! dijo:

    […] Lo siento por los sinsabores del año y porque hayas sentido que no te salió todo lo bien que tu creías. Te equivocas, salió mejor que eso y aún más, se me pasó volando la hora y media mientras os movíais sobre el escenario en esa comedia absurda de enredo con tantos y tantos esquemas reconocibles que era casi como que suene una canción que sabes de toda la vida por la radio. ¿Qué haces cuando pasa eso? Cantas, ricitos, cantas, no puedes hacer otra cosa. Así que allí estábamos nosotros, como aquella otra vez estuve yo, sólo que al otro lado, tu novio, tus amigos y un porcentaje inabarcable de señoras de tercera (y cuarta, y quinta) edad. Era hilarante ver como, seguramente poco acostumbradas a ir a ningún teatro, participaban de la obra, os hacían preguntas, os sugerían cosas, ay no abras la puerta, ay como venga el inspector ahora; eso, eso es comunión con el público, si señor. Así que a la porra el frío, el eco y mi no-lengua madre y que se levante el telón y que viva el espectáculo, esa emoción íntima que sólo se siente cuando te subes ahí arriba y empieza todo. Milagro, todo un milagro, año tras año. […]

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