…Y cada verso es un jirón de piel

Al menos así lo cantaba Victor Manuel hace ya algún tiempo. En mi aún corta existencia dentro de la llamada blogosfera, si he “conocido” a alguien que sienta de verdad un libro como un ser viviente, con vísceras, sangre, piel, órganos, que respira y late, esa es Cristina, mi querida Baronesa de Munchausen, responsable del blog Espacio sobre Literatura. En su último post le hace un maravilloso canto al hecho de leer en cualquier parte, toda una apología de llevar siempre un libro encima, como el que lleva la ropa interior (es decir, puede ser que algún día no la lleves, pero en general la tendrás encima), una señora defensa del libro como salvador heróico en colas, salas de espera y medios de transporte.

Leyendo su maravilloso artículo he recordado dos momentos concretos de mi vida relacionados con llevar un libro siempre encima. Uno de ellos me ocurrió justo el día antes de coger el avión para volver a Bologna después de Navidad. Tenía un stress terrible encima, ya sabéis como va esto, solucionar papeles, hacer fotocopias, cumplir con compromisos… salí de casa por la mañana a todo correr y me lancé en busca de un taxi que me llevara a la facultad para hacer una visita de compromiso al director de departamento. El taxi no aparecía, ninguno en la parada, y yo miraba compulsivamente el reloj, cada vez más ansioso, cada vez más agobiado. Entonces me paré. Me paré y me metí en el primer bar que vi. Pedí el desayuno más copioso que se me ocurrió y saqué de mi bolso Cosmética del Enemigo de Ameliè Northomb. Y no me levanté de la mesa hasta que lo terminé. Y que le vayan dando al mundo.

La segunda historia tuvo lugar en la sala de espera de la consulta de un médico. Yo esperaba leyendo Soldados de Salamina cuando una señora muy anciana me dijo tímidamente “¿te importa que vea lo que estás leyendo?”. Claro que no me importaba. “Ah, que libro tan bonito, es precioso, me encantó. Ya no me acuerdo de él, tengo muy mala memoria. Pero recuerdo que me encantó”. Sonreí. “Es que siempre he leído mucho, ¿sabes? Yo es que fui bibliotecaria en Tanger…”. Cerré el libro. “Cuénteme más, se lo ruego”.

Sé que adoras los libros, Cris, pero dime, ¿no lo hubieras cerrado tú también?

5 comentarios sobre “…Y cada verso es un jirón de piel”

  1. martika dijo:

    Hubiera hecho igual que tú. Lo que ya escribí en su momento, cada persona tiene una historia, una novela dentro. En vez de resguardarnos en las páginas de un libro es bueno e algún momento simplemente escuchar lo que nos tienen que decir seres vivos.

  2. snake dijo:

    hay un viejo dicho bosquímano que dice que cuando muere un anciano se quema la mayor de las bibliotecas del mundo.

    dejemos hojear nuestras páginas a desconocidos!!

    Un mundo mejor es posible!

    Besos de color naranja!

  3. Baronesa de M. dijo:

    Claro que lo hubiera cerrado, Apiecito… y mil veces cerrado. Mi amor por los libros emana sólo de mi amor por la vida, porque en los libros se contiene y se acrisola la vida misma, la vida como la quiso ver Samuel Clemmens, la que me hubiera gustado vivir, o la que no tuvo ocasión de contar mi abuelito de sangre rezumante.

    Eso sí, en la consulta de un médico sólo puedo recordar mis brazos aterrorizados asiendo la cordura de mi hermana, mi miedo antiaristotélico estirándole las mangas de la americana a mi madre, o mis uñas raídas del temor al electro… no sé si hubiera estado en actitud escuchante…

    “Cerremos los libros” es un buen título para un nuevo post. Y también “Abramos los libros”, refugio íntimo e inapelable ante el género fiera y exhibicionistamente humano… Ya te lo contaré :D

  4. Baronesa de M. con erratas dijo:

    Fe de mi tendencia al error: donde dice “madre” debería decir “padre”, aunque para el caso todo es lo mismo y aún no encontré nadie en la calle ;)

  5. kitty sottovoce dijo:

    A mi también me ha ocurrido alguna vez. Yo estaba allí. Y a pesar de la fiebre y la tos también escuché como aquella ancianita adorable relataba su aventura. Sus ojos eran el mejor papel sobre el que escribir una historia. Yo tampoco lo he olvidado.
    Ciao

Deje un comentario