De máscaras y azares
Hace diez años leí mi primer libro de Paul Auster, Leviatán. Desde entonces he ido dosificando las dosis del escritor americano intentando que no se me acabase demasiado pronto. A veces paso momentos donde me tengo que pegar en la mano para no coger uno tras otro todos sus libros. Otras puede pasar más de un año sin que ni siquiera me acuerde de él. Pero él siempre vuelve. Desde que entró en mi vida, de una u otra forma, siempre vuelve, y siempre cuando menos me lo espero. Hace dos días, buscando cualquier cosa para leer en la habitación de Massi, encontré uno de sus libros más extraños y me lo llevé.
Fanshawe es la máscara, una de tantas, bajo la que se esconde Alberto, y a estas alturas no está muy claro quién es el real y quién el personaje. Fanshawe es el protagonista ausente de La habitación cerrada, de Auster; es el objeto de la búsqueda del narrador, su personalidad está configurada por su no presencia, y aún así es el protagonista absoluto de la novela. En su día escogí ese nombre como apodo sin pensarlo demasiado, simplemente sonaba bien. Tanto tiempo después me siento completamente ligado a él, lo siento parte de mí, propiedad mía, como el color de mis ojos o mi barba, ya formamos un todo Fanshawe-Alberto, Alberto-Fanshawe, tanto da, son las dos mitades de la misma cosa.
Carlos sabe bien que cuando digo que Auster ha vuelto en realidad estoy hablando del azar. Paul Auster teje madejas imposibles en las relaciones de sus personajes y siempre explica las cosas de una manera irrefutable: por casualidad. Miles de cosas ocurren por casualidad. Conoces a tres personas en un día y las tres se llaman Miguel. Canturreas una canción vieja y a las dos horas suena en la radio. Llamas a un amigo con el que hace mucho que no hablas justo cuando él está buscando tu número en la agenda. Pequeñas casualidades y a veces también enormes, como encontrarte en Londres en un café a una sevillana y que sea la hermana de un buen amigo tuyo. ¿Cuántas posibilidades hay de que ocurra eso? Ínfimas. Pero suceden, y con cierta frecuencia además.
Anoche Auster volvió a mi vida dejándome perplejo. Esta mañana me ha confirmado que ha venido para quedarse. De esto último prefiero no hablar. Pero de lo de anoche sí.
Ayer fui a correos a recoger un paquete que me ha enviado C. con viejos textos míos, que había perdido en mi viejo ordenador. Recogí el paquete con el sobre completamente destrozado, hecho jirones, y todo metido en una bolsa de plástico. Alguien había decidido que era un paquete potencialmente peligroso y lo había hecho trizas para revisarlo. Luego, como lo recogí camino del trabajo, dejé el contenido olvidado dentro de mi mochila hasta más o menos las cinco de la mañana, que es cuando me metí en la cama. Entonces se me ocurrió echarle un vistazo a mis viejos escritos, que apenas recordaba.
- Por casualidad comencé con el guión de “Pequeña muerte”, un cortometraje que escribí hace tiempo sobre una pareja que solo se comunica mientras uno de los dos duerme. Por casualidad esa mañana había leído un abrazo de Galeano que se llamaba Pequeña Muerte. Lo reproduzco aquí.
No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su
viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más
alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor,
aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de
raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte,
llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos
nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos
empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha
de ser, si matándonos nos nace.
- Estaba leyendo la acotación inicial del guión, es una descripción muy detallada de la escena, del lugar donde se suceden los hechos. Leo la descripción de la habitación de la pareja. Un cuarto, lleno de posters, ropa sobre una silla, revistas, discos… sobre la mesita de noche un libro, Experimentos con la verdad, de Paul Auster. Miro a mi izquierda en ese momento. Sobre mi mesita de noche (todavía de cartón) un libro: Esperimento di verità, de Paul Auster.
12 de Octubre, 2005 - 19:00
ufffff… ahora mismo tengo todos los vellos de punta…
Ahora te contare una casualidad yo tambien:
hace seis meses mi jefe aleman me escribio para decirme
que la persona que trabajaria conmigo se llamaria Nikos.
Inmediatamente me imagine a un hombre joven, alto,
delgado, con el pelo largo y escuchando musica “grunge”.
Cuando llegue a Bochum y conoci al Nikos de carne y hueso,
me lleve una pequeña decepcion: es un hombre alto y delgado,
pero no demasiado joven, y viste muy formal. Luego Nikos
se ha convertido en mi mejor amigo en Alemania, y al ir
conociendole poco a poco he descubierto que la unica diferencia
con el Nikos que habia imaginado es el aspecto, que solo
ha cambiado hace unos meses…
Amigo, no podemos negarlo:
la vida esta llena de casualidades.
13 de Octubre, 2005 - 15:22
Colmo de las casualidades: me da que conozco al tal Nikos!
13 de Octubre, 2005 - 18:29
No puede ser… Un Nikos medio aleman, medio griego que vive en Bochum y trabaja en la Universidad? Si la respuesta es si, por favor, escribeme y me das mas detalles, que como sea cierto, me afeito los pelos de los brazos, mas que nada para no saltarme un ojo con ellos mientras duermo…
13 de Octubre, 2005 - 18:51
Buenooo la que se esta liando!! Por casualidad, pero se está liando!! Por cierto, queda algún andaluz en Andalucía o estais toooodos poblando los países europeos?!?! Esa canción de “para hacer bien el amooor hay que venir al sur..” veo que no termina de motivaros! :)
13 de Octubre, 2005 - 23:25
Genau! Un alemán medio griego o un griego medio alemán. No sé si será el mismo (probablemente no, jejeje, pero en cuanto vi el comentario me acordé de él y me apeteció ponerlo!)
Si fuera ya tendría gracia :D
13 de Octubre, 2005 - 23:35
Dordoka, lo que hacemos es llevarnos el sur al norte. Por eso sigue siendo necesario ir al sur (venir al norte) para hacer bien el amor…. bueno, que ya me he liao XD
16 de Octubre, 2005 - 23:27
Usté es que me anda medio desnortau
17 de Octubre, 2005 - 13:07
querido,
q bonito…cómo me gusta..
varias cosas q no tienen q ver con el global:
la primera me alegra oir q reconoces tus ojos como propios, me preocupé desde el tema q contabas q si no te reconocias en tu cuerpo, etc…(probablmt es deformación profesional…y personal..)..
la segunda, hablo dormida con mi novio, él también duerme… y alguno se despierta y en ese momento de duermevela te oyes diciendo cosas sin sentido, hablando de las letras del abecedario…
la tercera, esa estupenda canción de rafaela..me chifla, la cantaba con mi hermana en el cole sin parar, un día nos riñó la profe y no entendí nada..hasta ahora no había probado a nadie del sur (aq esto es relativo dependiendo del pto de ref geográfico) pero doy fe de q rafaela tiene razón..
17 de Octubre, 2005 - 13:27
Eh… se me ocurren un millón de cosas para decirte, pero realmente… casi que igual no en público. Jope, en qué bosque me estoy metiendo yo solito. Tiene que ver con gente que habla dormida, con canciones de Rafaela y con que creas que alguien te está llamando “tía”. No sé por qué me da la sensación de que creo berenjenales ajenos sin proponérmelo…
19 de Octubre, 2005 - 20:09
Ains, había pasado por alto lo de la “petit mort” y a Thomas Mann… nchts.
7 de Noviembre, 2005 - 13:54
Fansh, adivina cuando es el cumpleaños de Nikos…
Por supuesto que si, el 6 de Marzo.
Muaks
7 de Noviembre, 2005 - 14:09
La madre que nos parió…
7 de Noviembre, 2005 - 16:45
Fansh…. ese es tambien el cumple de la Fokapitana!! ;)
7 de Noviembre, 2005 - 16:49
Eso si lo sabía, ves tu? Y del mismo año además.