El empleado no puede compararse con los cachorros del mayo, aunque tenga más o menos su propia edad. Paragona su vida llena de sentido común y orden establecido con la de aquellos jóvenes que tuvieron el valor de rebelarse contra el sistema que les oprimÃa. QuerrÃa unirse a ellos pero se da cuenta de que el individualismo le ha hecho mella, está demasiado condicionado por la sociedad en la que vive. Sólo le queda una posibilidad, una venganza personal en un gesto solitario que le redima de su egoismo. Decide arrojar una bomba a un baile de disfraces de gala donde se junta la flor y nata de la sociedad burguesa, todo los mitos que representan el poder establecido. Y comienza a soñar…
LA BOMBA EN LA CABEZA
Â… y yo contaba los dientes a los sellos
decÃa “gracias a Dios” “Feliz Navidad”
me sentÃa normal
y también mis treinta años
eran pocos más de los suyos
pero no importa ahora, vuelvo al trabajo.
Cantaban el desorden de los sueños
los ingratos del bienestar francés
y parecÃa que fueran
a denunciar hombres al balcón
de un solo Mayo, de un único paÃs,
y yo, mi cara usada con sentido común,
repito “no queremos dolor”
y no me siento normal
y todavÃa me sorprendo
comparándome con ellos
y ahora es tarde, ahora vuelvo al trabajo.
Arriesgaban la calle y para un hombre
es necesaria una razón para soportar
el poder ensangrentar,
y la razón no debe ser arriesgar
sino quizás no querer soportar más.
Quien sabe qué se siente al liberar
la confianza en las propias tentaciones,
alejar a los intrusos
de nuestras emociones,
alejarlos en el tiempo
y antes de encontrarte solo
con el miedo de no volver al trabajo.
Arriesgar libertad calle por calle
olvidar los raÃles que llevan a casa,
yo valgo la pena,
como para llegar a conocer a la gente
sin tener que fingirme inocente.
Me esfuerzo por repetirme con ellos
y mientras más va la idea más allá del cristal
más me dejan atrás;
para el valor común
no sé las reglas del juego
sin mi miedo me fÃo poco.
Ya llego tarde por los amigos,
por el odio podrÃa hacerlo solo
iluminando con la trilita
quien tiene una cara y muestra solo el rostro
siempre agradable, siempre impreciso.
Y el explosivo rompe, corta, arrasa,
entre los huéspedes de un baile de máscaras
yo me he invitado
a revelar la huella
que hay detrás de cada máscara que salta
y a no tener piedad por primera vez.
LA BOMBA IN TESTA - Fabrizio De André
….e io contavo i denti ai francobolli
dicevo “grazie a Dio” “buon Natale”
mi sentivo normale
eppure i miei trent’anni
erano pochi più dei loro
ma non importa adesso torno al lavoro.
Cantavano il disordine dei sogni
gli ingrati del benessere francese
e non davan l’idea
di denunciare uomini al balcone
di un solo maggio, di un unico paese,
e io la faccia usata dal buonsenso
ripeto “Non vogliamoci del male”
e non mi sento normale
e mi sorprendo ancora
a misurarmi su di loro
e adesso è tardi, adesso torno al lavoro.
Rischiavano la strada e per un uomo
ci vuole pure un senso a sopportare
di poter sanguinare
e il senso non dev’essere rischiare
ma forse non voler più sopportare.
Chissà cosa si prova a liberare
la fiducia nelle proprie tentazioni,
allontanare gli intrusi
dalle nostre emozioni,
allontanarli in tempo
e prima di trovarti solo
con la paura di non tornare al lavoro.
Rischiare libertà strada per strada,
scordarsi le rotaie verso casa,
io ne valgo la pena,
per arrivare ad incontrar la gente
senza dovermi fingere innocente.
Mi sforzo di ripetermi con loro
e più l’idea va di là del vetro
più mi lasciano indietro,
per il coraggio insieme
non so le regole del gioco
senza la mia paura mi fido poco.
Ormai sono in ritardo per gli amici
per l’odio potrei farcela da solo
illuminando al tritolo
chi ha la faccia e mostra solo il viso
sempre gradevole, sempre più impreciso.
E l’esplosivo spacca, taglia, fruga
tra gli ospiti di un ballo mascherato,
io mi sono invitato
a rilevar l’impronta
dietro ogni maschera che salta
e a non aver pietà per la mia prima volta.
Muy curioso este repaso que estás haciendo a la visión de Fabrizio de André del mayo del 68. Una visión italiana complementaria serÃa la de Pasolini, que tiene algunos textos demoledores en “Teorema” sobre la cuestión.
Por cierto, no conozco mucho a Fabrizio de André y lo he buscado por el Kazaa sin mucha fortuna, probaré en el emule.
Ah, y he descubierto una primera cosilla en la que no coincidimos, ¡mecachis!: Haneke. “Código desconocido” me parece de lo mejor que se ha hecho en el cine últimamente (no es por escandalizarte, jaja, pero cuando la vi me recordó a la literatura de Paul Auster). En general, el tipo me parece siempre interesante, aunque en algunos casos se pase o no llegue. Bueno, pues nada más. Un abrazo.
No te preocupes por lo de Haneke, hay médicos que curan eso :P Está bien que no coincidamos en algo, empezaba a pensar que tú y yo en realidad éramos la misma persona. De André se encuenta fácil en el emule, pero si no tienes suerte no te preocupes, te lo doy en mano estas navidades cuando nos veamos en Sevilla (porque nos veremos, ¿no?). TodavÃa queda bastante de la “Storia di un impiegato” por publicar, que no por traducir, eso ya lo he terminado. Y me lanzo súbito a por el Teorema, gracias por la recomendación. Otro abrazo.
Claro que espero que haya ocasión para vernos en navidades, ya te mandaré mi teléfono en un correo privado. Y a ver si además de lo de De André me pasas alguna de tus obras, será un placer leerlas (en castellano, preferentemente, el italiano lo tengo bastante olvidado, para mi desgracia).