Historia de un empleado (5): Sueño número dos.

El sueño del empleado continúa. Delante de sus ojos, el tribunal, y en lo más alto el juez, que en lugar de una mirada severa le hace un guiño cómplice. Le informa de que han seguido sus pasos desde siempre, le agradece haber hecho el trabajo sucio al poder, que por fin se ha liberado de las viejas esferas anquilosadas del poder pasado. Y la peor de las afirmaciones: en el fondo has disfrutado haciéndolo, tomándote la justicia por tu mano. El juez le tiende la mano al empleado y le invita a formar parte del panteón de los poderosos de verdad, los dueños del poder político y económico, esos que no se han visto ni rozados por la bomba…

SUEÑO NÚMERO DOS - Fabrizio De André

Imputado, escucha,
nosotros te hemos escuchado.
Tú no sabías que tenías una conciencia inflamable
plantada entre la aorta y la intención,
nosotros te hemos observado
desde el primer latido de corazón
hasta los ritmos más breves
de las últimas emociones
cuando los mataste,
favoreciendo el poder,
a los socios vitalicios del poder
amontonados en bajada
en defensa
de su celebración.

Y si tu creías que era una venganza
la llama de guardia
señalaba tu urgencia de poder
mientras te emocionabas con el papel más excitante de la ley,
ese que no protege
la parte del verdugo.

Imputado,
el dedo más largo de tu mano
es el medio,
el de la mía
es el índice,
pero también tú has juzgado.
Has absuelto y has condenado
por encima de mí,
pero por encima de mí,
por lo que has hecho,
por como lo has renovado,
el poder te gusta.

Escucha
una vez un juez como yo
juzgó a quien le había dictado la ley:
primero cambiaron al juez
e inmediatamente después
la ley.

Hoy, un juez como yo,
le pregunta al poder si puede juzgar.
Tú eres el poder.
¿Quieres ser juzgado?
¿Quieres ser absuelto o condenado?

(En italiano aquí)

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