Historia de un empleado (6): Canción del padre
El sueño sigue adelante. Ahora el empleado se convierte en su propio padre, que también se sienta en el banquillo de los acusados, para justificar su defensa enconada de los valores de siempre, de su individualismo, de su integridad, de su dinero, de su propiedad… el empleado se rebela dentro de su propio sueño y se despierta bañado en sudor. Comprende, amargamente, que está en un callejón sin salida, que sus actos siempre serán individuales y futiles, que solamente satisfarán una necesidad personal. Comprende que no por subir las escaleras del poder se está menos solo. Y esa bomba que ha sido lanzada con rabia, con ira, por pura venganza durante el sueño, ahora se revela como un momento de embriaguez sin sentido alguno en el mundo real. Entonces comprende cuál es la única salida…
CANCIÓN DEL PADRE - Fabrizio De André
De verdad quieres dejar a tus ojos
sólo los sueños que no hacen despertar.
Si, Su Señoría, pero los quiero más grandes.
Hay allí un sitio, lo ha dejado tu padre.
No tienes más que quedarte en el puente
y mirar pasar los otros barcos
los más pequeños dirígelos al río
los más grandes ya saben donde ir.
Así me he convertido en mi padre
muerto en un sueño anterior
el tribunal me ha dado confianza
absolución y delito, el mismo móvil.
Y ahora Berto, el hijo de la lavandera,
compañero de escuela, prefiere aprender
a contar sobre las antenas de los grillos
no usa nunca pompas de jabón para jugar;
sepultaba a su madre en un cementerio de lavadoras
envuelta en una sábana, casi como los héroes;
se paró un momento para sugerirle a Dios
que se metiera en sus asuntos
y se largó con el miedo de oxidarse,
el periódico de ayer lo da por muerto oxidado,
los enterradores los recogen con frecuencia
entre la gente que se deja llover encima.
He invertido el dinero y los afectos,
el banco y la familia dan intereses seguros,
con mi mujer se discute de amor
hay distancias, no hay miedos,
pero cada noche ella se me rinde más tarde;
vienen hombres, hay uno más delgado,
tiene una maleta y dos pasaportes,
ella tiene los ojos de una mujer que pago.
Comisario yo te pago por esto,
ella tiene los ojos de una mujer que es mía,
el hombre delgado tiene las manos ocupadas,
una maleta de colgantes, un salvoconducto.
No tiene ya la cara de su primer hachís
es mi último hijo, el menos querido,
tiene pocos sitios donde caerse muerto
no le importa levantarse, ni siquiera cuando se cae:
y mis excusas prenden fuego
al Guttuso, aún por confirmar,
ahora las llamas me envuelven la cama
estos son los sueños que no hacen despertar.
Su Señoría, eres un hijo de puta,
me despierto de nuevo y me despierto sudoroso,
ahora espérame fuera del sueño,
nos veremos de verdad
yo empiezo desde el principio.
(El original en italiano aquí)