Los tengo todos
Aunque no estoy convencido de que sean pecados todos ellos. Pero en menor o mayor medida, de alguna forma sí están presentes.
Pereza: Siempre fue mi pecado por definición, procrastinare, ¿os acordáis? El sentirme ahogado por “todo lo que tengo que hacer” y aún así dejarme llevar por la pereza. Ahora las cosas han cambiado y es el no hacer nada lo que me da pereza, y angustia, tanta que los días se han convertido en una sucesión de tiempos rellenos de acciones. No hacer nada, desgraciadamente, ya no es una opción.
Gula: Se fue, se marchó con muchas otras ganas incontrolables, y solo regresa en la soledad del insomnio de madrugada, casi como en los tebeos de Mortadelo, en forma de muslos de pollo que flotan delante de mis ojos.
Envidia: La de los besos que veo y que no son para mí, la de las sonrisas que se regalan los enamorados, la de mi mismo hace un tiempo, la de mí mismo dentro de un tiempo. La del verano en Buenos Aires.
Avaricia: Reducir al mínimo, desprenderse de casi todo, renunciar a la posesión, al “esto es mío”, sentir que lo que regalas, o prestas indefinidamente, es como una huella que dejas de ti en otra parte, en otro tiempo, donde alguien dirá “esto me lo dejó Fanshawe una vez…”.
Soberbia: Ahí sigue, esperando aplausos, creyendo aún que estás predestinado a salvar el mundo y, mientras tanto, te entrenas salvando a los que tienes a tu alrededor. Creerse indispensable, aunque lo indispensable sea sentir que eres indispensable, y no serlo propiamente dicho.
Lujuria: Matizada, dulcificada, abandonándose en las cosas más pequeñas, y abriendo la manga, por qué no. Pero la ceguera de la lujuria sin control deja tales escombros que todavía no me he animado a liberarla, así que solo la sueño, la imagino, la escribo… y el voyeurismo, que sigue perteneciéndome.
Ira: Demasiada. Concentrada dentro, bajo las vísceras. Descargada en soledad. Devorándome…
25 de Enero, 2006 - 0:08
Iba ha decir que le gano en pecados, pero eso sólo hablaría de mi “soberbia” y aun me quedarian otros seis pecados por demostrar. Y además, ya me he declarado más insomne y encima me apropio de sus consejos para mi blog (anda, ya tengo dos más: Pereza, envidia y avaricia). La lujuria quedará clara para todo el que me lea. La gula y la ira… esas las dejo para mañana.
Cada vez me gusta más visitar su blog.
Un saludo.
25 de Enero, 2006 - 3:29
Pedir perdon: la primera “ha” es sin “h” y tres pecados son tres y no dos (claro)
25 de Enero, 2006 - 10:14
Horreur… Añadiría incertidumbre a la lista para hacerla mía, pero no sé si debo… (gallega que es una)
Eso sí, desde la versión 2.0 de uno mismo esperando al otro lado de los inviernos hasta la soberbia que me haga ganar el Nobel… los tengo todos.
Cada vez encuentro más espejo aquí, creo que me abstendré una temporada.
Es que el de cobarde también lo tengo, je.
25 de Enero, 2006 - 10:20
Caballero, ostenta usted todos los defectos que adoro y carece de todas las virtudes que detesto.
Haga el favor de casarse conmigo para que podamos divorciarnos.
25 de Enero, 2006 - 22:12
Yo últimamente estoy redefiniendo mi participación en los pecados, algunos de una manera muy acusada:
La pereza es el único que más o menos se mantiene en los parámetros habituales: aparece de vez en cuando, pero cuando me dejo vencer por ella no me genera demasiados conflictos conmigo misma. La gula ha desaparecido prácticamente, lo que por otra parte me sienta bastante bien… En cuanto a la envidia, yo también envidio los besos de los enamorados y muchas otras cosas que entroncan directamente con la lujuria, que es el pecado que gana por goleada en mi ranking de enero. También la ira encabeza mi particular Top Ten -Seven, en este caso-, aunque siento que será breve su paso.
La soberbia la he descubierto, o al menos reconocido en mí hace poco, y creo que se mantiene estable aunque a la baja. La avaricia no es reseñable en mi caso.
27 de Enero, 2006 - 13:21
¿Qué seríamos nosotros sin todo eso? :)