Lugares por los que nunca he tenido interes en ir
Jueves, 30 de Marzo de 20061. Basilea (Suiza)
En fin. Ya os contaré el lunes como es (o no).
1. Basilea (Suiza)
En fin. Ya os contaré el lunes como es (o no).
Desde hace un tiempo me siento cada vez más implicado dentro de la “lucha” (que poco me gusta el vocabulario bélico) por una cultura más libre para todos. En fin, no voy a ponerme pesado pero sabéis de lo que hablo: descargas de internet, modelos alternativos al copyright tradicional, abandonar el padronazgo exclusivista de la SGAE por parte de los autores, en fin, toda una batalla por defender un nuevo modelo de cultura que se aleja del establecido hoy por hoy.
No soy un defensor furibundo y radical de ninguna postura, más bien intento escuchar a todos y sacar mis propias conclusiones. Supongo que por eso me molesta tanto el tono belicoso e insultante, sectario y radical, que emplean desde la SGAE para dirigirse a los internautas, a aquellos que usamos los intercambios P2P (los famosos “pendejos digitales”). En cambio comprendo las dudas y los miedos por parte del propio autor, me parece algo lógico y humano, y al autor hay que escucharle lo que tiene que decir y explicarle lo que no termine de comprender. Supongo que por eso me gusta el blog de Alex, porque él es autor, está con la cultura libre, pero tiene dudas. Y las cuenta.
El caso es que yo también soy autor. Modesto, pero lo soy. Y a la hora de publicar bajo licencia Creative Commons mis propias obras, siempre he mirado discretamente hacia otro lado.
Hasta hoy.
Escribí Entrevivos, mi primera obra de teatro, hace ahora casi cinco años. Cuando la releo encuentro seis mil fallos y cosas que cambiaría, pero sinceramente me sigo sintiendo orgulloso de ella, me sigue pareciendo divertida, me sigue gustando.
Así que… que la disfrutéis.
ENTREVIVOS (Tragicomedia del más allá en tres actos)
(Gracias mil a Coque por todo el trabajo técnico. A Fainberg por el empujón final, aunque no lo sepa. Y a los chicos de Martes Tóxico por los ánimos y las razones).
Estamos locos. Todos. Es cosa de este “entremientras” primaveral. Que si llego, que si no llego, que si subo la temperatura, que si la bajo, que si lluevo, que si no lluevo…
Que sí, que la primavera nos altera a todos, pero generalmente se traduce en un aumento de gramíneas, en un aligeramiento de ropa y en una descompensación hormonal.
Lo malo es cuando mentalmente cambias de estación pero climáticamente no. Pasa el 21 de marzo y las miradas al cielo pasan de resignadas a anhelantes. Y los nervios, ay los nervios, como suben, como se palpa la tensión. Es como las noches de luna llena, pero en lugar de una sola, un periodo mucho más largo. Los coletazos del invierno, que se quiere ir matando, no simplemente dejarlo correr.
Mirad, mirad alrededor. La susceptibilidad, los enfados, las malas caras, los ánimos bajos… las mariposas aletean cada vez más fuerte, más enloquecidas… hoy hasta se han puesto a bailar…

A ver si esta vez es la buena. La de verdad. La definitiva.
Gracias, gracias Nacho por tenerme al día minuto a minuto. Coño, que nunca te doy las gracias y eres ya como de la familia. De la mía, digo. De nuevo, gracias.
Dice Itz: “Yo quiero con vos un espacio intacto, que te merezca, con silencios largos e injustificados donde quepan todas las cosas que todavía no nos hemos dicho, un escondite secreto, un avión de papel, seña en el árbol, piedrita en la ventana. ¿Cómo hacemos?”
Y después yo: “…y libros en el pasillo, y caricias en el pelo sin pensarlas mientras comes, y mirar por la ventana cuando nieva cuando no debería, y la ropa hecha un gurruño, y que no nos importen los remolinos de polvo ”
Y después Itz: “ y que me sirvan tus cuadernos para tomar notas, y que se me pierdan los guantes en tu casa, y que seas el último en irte el día de mi cumpleaños ”
Y añade Vlad: “ que desde las variaciones minimas de las silabas, desde esa risa casi imperceptiblemente distinta me anoticies ”
Y digo yo ahora:
…y que friegues los platos mientras me tiro de las sienes de los nervios, y que me robes las gomillas para el pelo, y que me pidas el cepillo de dientes, y huelas a mi almohada, y que me robes libros y les pongas tu nombre, y que desordenes los CDs, y que cambies la papelera de sitio, y que abras la ventana para que haya luz de fuera, y que me limpies los churretones de la cara escupiéndote en la mano, y que te rías cuando se me caen las cosas, y que dobles papelitos y los dejes tirados por el suelo, y que sepas cuál es mi toalla, y que conozcas mis enredos del pelo y sigas intentando desenredarlos, y que busques más lunares, y que te enfades porque ya no tengo uñas y quieres que te rasque, y que metas tu música en mi equipo haciendo que no me doy cuenta, y las revistas absurdas en el suelo, y las ganas de dormir pero no sola, y que me digas léeme algo bajito, bajito, que casi no se te oiga…
Y decís vosotros…
Fusilado vilmente de esta entrada de Algernon
義 - Gi - Rectitud
Sé honrado en tus tratos con los demás. Cree en la Justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia.
Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia.
Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.
勇 - Yu - Coraje
Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón, no es vivir.
Un samurai debe tener valor heróico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heróico no es ciego. Es inteligente y fuerte.
Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.
仁 - Jin - Compasión
Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado para el bien de todos.
Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.
礼 - Rei - Respeto
Los samurai no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurai es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto, no somos mejores que los animales.
Un samurai recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros.
名誉 - Meiyo - Honor
El Auténtico samurai sólo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quien eres en realidad.
No puedes ocultarte de ti mismo
誠 - Makoto - Honestidad
Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará.
No ha de “dar su palabra.” No ha de “prometer.” El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer.
Hablar y Hacer son la misma acción.
尽忠 - Chugi - Lealtad
Para el samurai, haber hecho o dicho “algo”, significa que ese “algo” le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan.
Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel.
Las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas donde quiera que él vaya.
Cuidado con el camino que sigues.
Javi1 es un genio. Creo que él no lo sabe, es más, creo que ni siquiera lo sospecha, pero tiene un talento, un sentido del humor y de la ironía y una sensibilidad acojonante. Desde hace algún tiempo dibuja en su blog una tira llamada “La mierda ocurre”, partiendo de la sencillísima premisa de “esta es la historia de mi vida”. Javi combina magistralmente la sátira más despiadada de lo cotidiano con elementos surrealistas y algunas veces con unos toques de sensibilidad extrema capaz de emocionarme como antes, fijaos lo que os digo, sólo lo había hecho Quino.
En una de sus tiras dice algo que me gira continuamente en la cabeza: “La diferencia entre un ‘adiós’ y un ‘hasta pronto’ consiste en la esperanza”. Si.
Esta es una de mis tiras favoritas:
Farfallina… no sabía cómo decirte adiós… me imagino que es porque no quiero decírtelo.
Así que hasta pronto… :_(
Es un tipo extraño. Viene todos los días pero aún no he averiguado cómo se llama. Lleva el pelo a lo afro y camina como si fuera Will Smith en los primeros capítulos del Príncipe de Bel-Air. Te saluda desde la lejanía con los brazos en alto, y le falta decir Hey man! Whasssup!. Guiña el ojo mientras hace el gesto de una pistola con los dedos, chasquea la lengua, mueve la cabeza arriba y abajo como poseído por una música que sólo escucha él. Es altísimo, pero siempre baja el asiento hasta el mínimo y se engurruña sobre su propio cuerpo mientras teclea mirando hacia arriba. Siempre que paso por delante de su ordenador está jugando al solitario.
Ella tiene una mueca perpetua de desagrado en la boca, y se le adivina un bigote oscuro. Lleva siempre encima un libro muy grueso, un manual de esos voluminosos de derecho constitucional. A veces la veo pasear de aquí y allá sin un rumbo fijo, se acerca a la máquina de café pero no mete ninguna moneda, mira por la ventana del patio interior, clava los ojos en la pantalla del móvil. Siempre que paso por detrás de su ordenador tiene el libro cerrado a un lado y decenas de folios de apuntes desperdigados a su alrededor. Siempre que paso está jugando al solitario.
Mariella es tan espectacular a sus diecinueve años que nadie se queda indiferente cuando entra en el Paleotti. Mantiene una sonrisa beatífica en la cara, apenas se maquilla o se arregla, pero es una de estas chicas que, independientemente de lo que se ponga, parece preparada para salir en las páginas centrales de la Maxim o la GQ. Llega sobre las dos, justo después de comer, y se queda hasta la hora del cierre. Dice que viene a estudiar, economía de Latinoamérica, aunque siempre que paso cerca de ella la veo jugando al solitario. Todos los días.
Tiziana llega con el tiempo justo después de una jornada agotadora de trabajo, apenas una hora antes del cierre. Me gustan sus pómulos, marcadísimos como los de Marlene Dietrich, y siempre pasa a saludarme, con una cara que va entre lo desafiante y la timidez más extrema. Siempre me dice: aquí vengo, a controlar el correo. Es de las últimas en marcharse. Cuando paso delante de ella camino del vestuario para cambiarme me fijo como cierra el solitario.
Luigi llega siempre cinco minutos antes que yo cuando hago el turno de mañana y se marcha cinco minutos más tarde cuando hago el turno de tarde. Siempre lleva la misma ropa y su olor denota que es poco amigo del agua. Trae un portátil consigo y trabaja contemporáneamente con su ordenador y con el de la sala. Trece horas al día. Todos los días, de lunes a sábado. Una noche regresé a casa y le vi entrar en el Ciber que hay bajo mi portal. Todavía le quedaba mucho por hacer al parecer. Sólo le he visto hablar con otro tipo dentro del Paleotti, un señor extraño que siempre que paso delante de su ordenador está viendo vídeos de Tori Spelling. O jugando al solitario.
Isabella volvió a Bologna huyendo de los Estados Unidos y de su marido, y de una vida que odiaba, dejando detrás su casa, sus amigos y a sus hijas. Está obsesionada con la conspiración y con que la vigilan, de vez en cuando viene a preguntarme si es posible que alguien, mediante control remoto, le borre los textos que escribe. Siempre me habla de usted, aunque yo hace tiempo que le hablo de tú, y de vez en cuando se para a contarme cómo era Bologna antes de que ella se marchase. No encuentra trabajo. Huele a casa cerrada desde hace mucho.
Pasquale trabaja conmigo y a veces se sienta a mi lado mientras escribo delante del PC, en silencio, simplemente para estar cerca de alguien. Le ha llamado la atención Isabella, con ese pelo blanco tan largo y esa ropa gastada, y esa bicicleta cascada que aparca en la puerta. Pasquale no sabe manejar un ordenador, pasó veinte años encima de un tractor en Puglia, hasta que su mujer le rompió el corazón y se refugió en el cariño de su hija, en Bologna. Me cuenta que está mal, que quiere una compañera con la que reírse, bromear, coger por los hombros cuando va caminando por la calle. Lleva un par de meses intentando conocer a Isabella, pero es terriblemente tímido.
Esta mañana se acercó a mi mesa con los ojos brillantes como un adolescente y me dijo: me ha dicho que tiene que podar un árbol del jardín de su edificio, que si puedo echarle una mano. Y luego baja la voz y me dice en confianza que mala es la soledad, Alberto. Que mala.

EDICIÓN: Entrad a ver a Nacho Escolar. Tengo los vellos de punta.
Husmeando por el CPI, me encuentro una referencia muy interesante a la llamada Interpretación de Copenhague. Esto es lo que dice la Wikipedia:
Un sistema físico existe en uno y sólo uno de sus estados posibles después de realizar una medición. Es decir después de observarla y por lo tanto después de haber interferido en el sistema físico como tal. La observación no tiene que ser forzosamente a través de la vista, puede ser cualquier otro sentido que nos aporte información vivencial sobre el sistema o complejo físico a medir. Antes de la medición, el sistema no posee existencia física y sólo puede describirse en términos de la probabilidad de cada posible resultado de una medición.
Interesante. Me viene a la cabeza la pregunta de si las personas existen antes de que las conozcamos. Y el efecto de extrañamiento que sufrimos cuando aparecen de golpe elementos de su existencia antes de que nosotros entráramos en ella…