Huellas

A raíz de un concurso literario, he estado haciendo un poco de arqueología entre mis cuadernos, buscando algo que tuviera ya medio empezado para ver si me surgía alguna idea para continuarlo (ando creativamente espesito últimamente). Entre esos cuadernos di con uno rojo (de que otro color podría ser), de tapa dura y páginas en blanco reciclado. Lo compré hace más de un año, en el epicentro de esa crisis de la que ya no hablo.

Al final del cuaderno hay señales de páginas arrancadas. Creo recordar que en ellas contaba lo que me parecieron bajezas morales y de pensamiento, pero flota en una nube, no lo recuerdo bien. Si recuerdo esas hojas consumidas por el fuego sobre el asfalto del aparcamiento de la Estación de Santa Justa, hace ahora nueve meses.

En cambio al principio encontré unas quince páginas escritas a mano de lo que parece el boceto de una novela. No recuerdo haberlo escrito, pero la letra es mía, sin duda. Y hay muchas cosas que no recuerdo de aquellos meses. Por ejemplo que yo tuviese algo escrito a mano.

Me horroricé al releerme. No porque lo escrito tuviera mayor o menor calidad literaria, no, me refiero a horror real, a repulsión y asco al contemplar los personajes que yo mismo había creado meses atrás. En esas hojas, en esas líneas, colocaba a personajes repugnantes en situaciones de pornografia sexual y sentimental, sin esperanzas, sin asomos de bondad, sin justificaciones, sin dudas: escoria sin esperanza que actuaba como tal.

Comprendo que eso que leí anoche son mis huellas, los restos que quedan de aquellos meses donde perdí la perspectiva de todo y de todos, que por mucho que no me reconozca, aquel que escribió eso era yo y que las hojas del cuaderno rojo son el testigo de un tiempo que jamás debe volver.

Que no se me olvide. Jamás debe volver.

7 comentarios sobre “Huellas”

  1. La pareja favorita dijo:

    Y como vuelvan… pues nada, otra semana a caldos y salchichas y listo.

  2. martika dijo:

    No te horrorices nunca ante lo que escribas; la escritura es también el modo de enterrar los sentimientos podridos, los dolores más persistentes. Y si vuelven, se expurgan otra vez y, si si uno es como tú, tenaz y aferrado a la vida que se come con cada bocanada del aire, renace siempre, se levanta siempre, y sigue contando las historias, aunque fueran las de su propia caída.
    Que los escarabajos negros salgan por la boca, que se pierdan en la oscuridad de la noche, que no vuelvan nunca…
    Besos

  3. Dr. Malcolm dijo:

    “en el epicentro de una crisis de la que ya no hablo”
    me ha gustado esa frase, si lo que hay en el cuaderno rojo es parecido, seguro que hay cosas rescatables, personajes, situaciones, a pesar del tono general.

  4. Veva dijo:

    Tu también sabes hacer post muy sinceros aunque algo más crípticos, pero adivinables, amigo

  5. Alba (sin blog) dijo:

    Yo empecé a escribir cuadernos, con 16 años, para no perderme la pista cuando me hubiese convertido en adulta, porque sabría que no sería la misma, porque de alguna manera percibía los miles de cambios que experimentaba. Y nunca me voy a arrepentir.
    Mi cuaderno era verde.

  6. La Guiri dijo:

    Cada uno lo entiende como lo vive; creo que conozco perfectamente esa sensación, en mi caso a partir de vaciar una cuenta de correo de ésas de poca cabida, tipo hotmail, leyendo uno por uno emails antiguos. ¿era yo la que escribía esos horrores?

  7. snake dijo:

    ayer me regalaron una libreta para que me acompañara en la aventura que empieza dentro de dos semanas. y he de reconocer que siempre me dio pereza escribir para mí… va a ser que sí que soy un exhibicionista…

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