Archivo de Junio de 2006

Espejo resquebrajado

Jueves, 29 de Junio de 2006

A veces traduzco las entradas de este blog para que los de aquí, o la rubia, puedan leerlos. Cuando le mandé a la Piccola Volpe la Terra di spiriti e fantasmi me respondió esto:

No sentirse en la propia casa, no reconocerla en esa que lo ha sido durante tantos, casi todos los años… como una especie de bizcocho tierno y caliente donde nos hacíamos un ovillo de pequeños y que la mayor parte de las veces estaba sobre las piernas de mamá cuando se tumbaba sobre el sofá, con la cara girada, dentro de su barriga para sentir un consolador ritmo constante del corazón… siempre igual, siempre profundo, siempre presente.

Al mismo tiempo que se crece, que yo he creido, otras eran las referencias, a menudo eran esquinas de casa, un callejón, el salón de un amigo, la plaza delante de la iglesia, un gimnasio, un concierto. Pero siempre todos estos lugares se contenían en un solo punto, donde se podía meter de todo porque espacio había. Y había garantías contra todas las dispersiones, porque este punto era algo seguro y encuadrado en su fortaleza del tiempo escandido, como el latir de antes: los mismos ritmos, el mismo pasar de las estaciones, las mismas etapas, las tuyas y las de tus amigos, los mismos roles de los componentes de la familia.

El desapego se comienza a notar en el crecer, que no significa altura, estatura, sino altura de la mirada. Como si cambiase la perspectiva. El armario enorme donde la abuela escondía la tarta de tu cumpleaños, el espacio bajo su cama enorme cuando servía para jugar al escondite, las dimensiones del colegio. Se crece y se cambian los ojos. Las cosas se quedan igual, y siguen su lento camino de transformación. Es lento, como la transformación de la mirada. Todo es gradual. Nada es brusco.

En cambio es brutal el subir de la consciencia, que a menudo está ligada a mecanismos de nuestra personalísima modalidad de parar, fotografiar los momentos. De comprender qué es memoria y qué es presente.

El click viene de improviso, la desorientación es profunda. Ya nada parece tuyo, incluso el propio concepto de “tuyo” muta. Incluso las relaciones más nuestras conllevan cambios drásticos, sobre todo los roles. Los padres envejecen y su modo de relacionarse con nosotros pasa del tipo “mi niño” de cuando teníamos cinco años a “tu eres mi punto de referencia porque el mundo de hoy ya no es el mío”, a la velocidad de la luz.
Y ver hacerse pedazos la unión hija –madre, con la última etapa de una vida, es algo hiriente.
Y nuestra relación con esa figura, su querernos a nosotros de “ese” modo, su atención con nosotros y solo con nosotros, su presencia… también eso se hace pedazos. Y duele, joder, duele, duele, duele y duele todas las veces que alguien se despide y se marcha. Duele porque allá donde van no tiene un lugar, y la cabeza enloquece.

Se resquebraja el espejo, la visión cambia.

El sentido de “casa” cambia, pero las raíces se quedan pegadas a ese sentido de casa que cambia y se mueve con nosotros. Y es por esta razón que, y mira que cuesta, busco aligerarme cuanto puedo de objetos físicos, y marcar las sensaciones, entrenar la memoria, fijar dentro las imágenes, así las mudanzas son más ligeras.

Cada vez más, ahora que lo pienso, la imagen que te puedo dar de “mi” casa es esa del “Castillo” diseñado por Miyazagi… camina conmigo y se abre, dependiendo de donde estemos, en una plaza diferente. Ultimamente la sensación de casa más poderosa que he tenido ha sido en Salzburgo, con algunos amigos…

Después imagino que habrá algún otro paso: no es obligatorio, pero es posible. Crear una nueva familia. Y el círculo se pone en marcha de nuevo…

Tierra de espíritus y fantasmas

Martes, 27 de Junio de 2006

¿No os ha pasado alguna vez que habéis entrado en vuestra habitación y habéis sentido que algo está fuera de sitio? Con un primer vistazo todo está en orden, pero mirando con más detalle al final uno se da cuenta de qué es lo que no va bien: la lata con los bolígrafos está girada, la silla demasiado hacia dentro, el armario ligeramente entreabierto, el teclado del ordenador algo movido… después la reacción casi siempre es la misma: 1. “Lo sabía”. 2. “Estoy enfermo”.

Cuando aterricé en Sevilla tuve esa sensación poderosamente: algo estaba fuera de lugar, algo no andaba bien. Pronto lo comprendí.

Era yo el que estaba fuera de sitio. Cogiendo un avión a todo correr después de más de seis meses de ausencia, que nadie me esperara a la salida de la puerta de aterrizaje, que mi padre y yo hiciéramos el viaje hacia la casa de ellos casi en silencio, que mi madre apenas me rozara con los labios antes de meterme a todo correr en el cuarto de mi abuela. Ella, pequeñita, que entreabre los ojos y se echa a llorar, apenas entiendo lo que dice, pero alcanza a besarme.

Después mucha gente, mis tíos, las personas que han cuidado a mi abuela estos meses, me hacen comentarios amables, intentan sonreir. Se sientan en los sillones, en las sillas, en torno a la abuela, en el jardín. Hace calor pero no tanto. Hay mucho silencio, una espera tensa y yo solo alcanzo a hacer café y a esbozar comentarios ingeniosos para que alguien ría aunque sea un poquito. La tele permanece encendida, mundiales, motos, fórmula uno, a los hombres de la familia nos ayuda el encefalograma plano de la programación deportiva del fin de semana. La piscina fuera limpia como nunca, extrañada de que nadie la use.

Luego las comidas, mi padre y mi tío han tomado el poder en la cocina y hacen menú de restaurante a diario. Sentarse a la mesa es un alivio para todos, que se agradecen en silencio la compañía mutua. Ahí ya se saca un poco de tiempo para tomarme el pelo con mi melena recién cortada, para incordiar a mi hermano a ver si se echa novia, para que las hermanas se lancen puyas ingeniosas de las que hacen sonreír con un poquito de vergüenza porque siempre da vergüenza sonreir cuando alguien cerquita se está muriendo.

Cuando bajo a la que ha sido mi casa durante muchos años la encuentro también llena de espíritus y fantasmas que habitan en las paredes y en las persianas, en las camas sin hacer y en el frigorífico vacío. Como ánimas en pena se aparecen por la noche las imágenes de madrugadas llenas de gente, de la música encendida, de celebrar el hecho de estar juntos, de risas, de anécdotas contadas seis mil veces. Ahora todo es oscuridad y quietud, las casas que deshabitas se mueren de tristeza y soledad.

El saludo veloz a un par de amigas, otro par de llamadas de teléfono para que sepan que, aunque fuera por dos días, estuviste cerca de ellos, buenos deseos, buena suerte, no trabajes demasiado, vaya calor, come algo más que estás esquelético, que bien te sienta el corte de pelo. Adios a la abuela y guardarse las lágrimas, que bastantes han derramado ellos ya. Un taxi de madrugada, cerrar la puerta de un tirón y el avión que te lleva a ¿tu casa?

Comprender que has dejado de tener un lugar donde volver, que ahora sólo te quedan lugares donde ir.

Cambio de Planes

Martes, 20 de Junio de 2006

Pensaba escribir sobre mi tercer viaje a Basilea, sobre el calor inesperado, sobre esos momentos en los que se pasa del “no tengo ningún plan a tengo todos los planes”. Pensaba escribir sobre el Suizo de sesenta años que viaja con una china de 29 y el alemán traductor de español que me acompañaron en el vagón litera del viaje de vuelta. Querría escribir más cosas sobre los pecados y sobre jugar a muchas cosas.

Después te llaman, te dicen que tu abuela se va y te compras un billete a Sevilla a todo correr para darle al menos un beso antes de se vaya para siempre.

Escribiré de todo lo anterior. Ahora voy a abrazar a mi madre.

Pecado

Miércoles, 14 de Junio de 2006

Dice la RAE en su segunda acepción:

Cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido.

Sin duda esa definión lo hace aún más interesante. Releyendo el post sobre mi amigo y el sexo con las animales he estado reflexionando acerca de esa supuesta libertad mental que te permite cometer los pecados más infames con la imaginación sin pagar ninguna de sus consecuencias.

Lo que nos retiene a la hora de pecar son las consecuencias, esa sería la conclusión.

¿O el sentimiento de culpa, tal vez?

¿Qué pasa si te saltas el sentimiento de culpa cuando pecas mentalmente? Cuando te permites ser un hijo de puta vengativo, o causar dolor, o ser egoísta hasta el paroxismo sin que un esbozo de remordimiento se asome por tu cabeza. Me pregunto si entonces, al haber derribado una barrera, no cabe la posibilidad de probar la fiabilidad de las barreras siguientes. La de pasar a la acción.

Mis pecados mentales se centran en lo carnal, en lo animal, en lo considerado depravado por cualquiera a quien se lo cuentes. Inconscientemente siempre estiro un poquito más la cuerda para ver hasta donde llega el otro en materia de pecados, y siempre creo estar dando un paso cada vez más cerca del abismo. Pero es adrenalínico, apasionante, casi irrenunciable.

Peco a menudo de pensamiento, y me preocupa estar empezando a disfrutar de verdad con ello…

Nunca hago memes

Martes, 13 de Junio de 2006

Nunca hago memes en mi blog. Nunca. Es una regla fija.

Pero odio las reglas, asi que recojo el meme que me pasa Alex, a.k.a. Mr Nuts sobre series de televisión. Pero lo adapto un poquito porque desde Italia no veo tele:

Las de ahora:

- Pues las de todos, House, porque está Hugh Laurie y punto. Lost porque pica mucho, para que negarlo. Buffy porque es una auténtica gamberrada, y eso mola.

Las de antes:

- V porque me daba mucho miedito. Laberinto porque me daba aún más miedito. Y una que echaron en Canal + hace tiempo que se llamaba Eerie, Indiana, porque yo quería ser su protagonista.

Las mejores:

- Urgencias. Muchos de sus capítulos los incluiría dentro de mis películas favoritas si los hubiera visto en cine.
- Aquellos maravillosos años. La mejor serie de televisión de todos los tiempos, empecé a verla con la edad de Kevin y crecí con él, me enamoré con él, me enfadé con él… siempre soñé con encontrar una Teri* en la playa que me lanzara su sombrero y me dijera “¡Eh, ojazos!”

Jamás paso memes a nadie. Es una regla fija.

Este se lo paso a la gatavagabunda por curiosidad auténtica, a mi hermano Otis porque los odia, a mi primo Breavman porque le encantan y a Coque de Testblog porque compartimos amor por las series. A los que no tengan blog para que se expresen, hombre, ahí están los comentarios. Y a Mariajo porque me sale de ahí. ¡Ah! Y a Itz… no, a Itz no.

(* Nota: Dios, mío, he buscado a la chica que hacía de Teri en la serie, se llama Holly Sampson… y su carrera ha seguido por estos derroteros…)

De la falta de control en las cuerdas vocales

Viernes, 9 de Junio de 2006

Bien, la idea es la siguiente: la imaginación es libre. Es decir, a la hora de imaginar las reglas son que no hay reglas, que todo está permitido, las aberraciones más espantosas, las situaciones más surrealistas, los elementos más fantásticos que queramos. Todo vale. Si escribo un relato donde doce elefantes violan contemporáneamente a cun cachorro de perrito lebrel pues tal vez tenga una imaginación enferma, peor en ningún momento quiero decir que me guste la idea. Que yo escriba un cuento donde el protagonista, que además habla en primera persona, es un psicópata que después de matar a sus víctimas las sodomiza cantando el Fary no quiere decir que a mi me pueda apetecer eso. Es un discurso de ficción, imaginado, todos comprenden eso.

¿Está claro? Creo que sí. Claro que yo he podido revisar el texto, pensar bien lo que quiero decir, poner las palabras que me parezcan más apropiadas… el problema aparece cuando ideas como estas se expresan en el seno de una conversación. Y si no te expresas con suficiente claridad sucede ese fenómeno mundialmente conocido como “me estoy metiendo en un bosque y no sé salir”.

Pondré un ejemplo: un buen amigo mío, del que sólo diré que su nombre empieza por Carlos, y yo trabajamos hace dos veranos como monitores de tiempo libre para un grupo numeroso de adolescentes, en su mayoría norteamericanos. Dentro de ese grupo había unas diez quinceañeras, monísimas todas ellas, a las que acompañaban dos de sus profesoras.

Es decir, nosotros pasábamos gran parte del día con estas chicas, como responsables suyos ademas. Este detalle es importante. Nosotros. Responsables. Quinceañeras. Vale.

Bien, el contexto ya lo tenemos claro. Seguimos.

Una noche mi amigo, otro compañero y yo aceptamos una invitación a cenar en el apartamento donde estaban estas dos profesoras, que tenían ganas de desconectar de adolescentes un poco. Fue una velada la mar de agradable, hablando por los codos, riéndonos bastante y comiendo y bebiendo cervezas como descosidos (julio en Sevilla… ya sabéis). En este tipo de encuentros ya sabéis como suelen acabar las conversaciones: hablando de sexo. Y esta no iba a ser una excepción. Empezamos a hablar de fantasías, y una de las profesoras confesó que no tenía fantasías eróticas o sexuales, que nunca imaginaba esas cosas.

Mi amigo (al que llamaremos Carlos, nombre elegido completamente al azar) se sorprendió mucho e inició su camino a la perdición:

CARLOS: Es que yo creo firmemente que la imaginación, la fantasía, es algo completamente libre, no le pongo nunca cortapisas. En la vida real jamás haría muchas cosas pero con mi imaginación me lo permito todo.

(Mirada curiosa de las profesoras y mirada preocupada de Fanshawe)

C: A ver, quiero decir que todo está permitido, que puedo hacer lo que quiera sin sentimiento de culpa, porque todo vale.

(Miradas aún más curiosas / preocupada)

C: Veréis, por ejemplo, yo me puedo haber imaginado nada más entrar aquí que tengo sexo con vosotras dos de todas la maneras posibles.

(Las profes abren los ojos exorbitadamente. Fanshawe comienza a mirar disimuladamente hacia otro lado)

C: (Dándose cuenta del patazo) O sea, ejem, que todo vale, por ejemplo podría imaginármelo detalladamente con él (señalando a Fanshawe que empieza a buscar posibles salidas del apartamento).

(…)

C: (Empezando a sudar mucho) Er, es decir, hum, o sea, cualquier cosa… no sé… ¡con animales!

(…)

Que duro es cuando tu boca no consigue cerrarse por mucho que te empeñes…

Estadio 2

Jueves, 8 de Junio de 2006

Oh, capitán Malcolm, mi capitán, oh, venerable Pierre y venerable Anamari, gracias por este magnífico post

Frentes Abiertos

Martes, 6 de Junio de 2006

Se me da bien esto de las preguntas retóricas, aunque no son tan retóricas como parece.

Tengo muchos frentes abiertos, por todas partes, en todas las facetas de mi vida, todos indefinidos, todos apenas esbozados, todos ilusionantes si se saben mirar. Pueden llegar a ser incompatibles entre sí. Pero ahí están.

Siempre me han dicho (tal vez me lo haya dicho yo solito) que sufro un síndrome de dispersión, que hace que no vaya nunca por un camino claro y definido sino que acabo perdiéndome por cualquier sendero que parezca medianamente interesante.

¿O con todo por una puerta clara o nos dispersamos por todas y a ver que pasa?

Aún más postales

Martes, 6 de Junio de 2006

En el buzón de Nosadella 22 aparece una foto desencuadrada en blanco y negro comprada en un sitio, escrita en otro y enviada en un tercero. Debajo hay otra postal, donde alguien señala el lugar donde quisiera compartir una cerveza conmigo.

Y yo con él.

(Gracias Raven)

Lombrices

Jueves, 1 de Junio de 2006

Había un tipo, Manzanito, en mi clase de sexto de EGB, que era de la peor calaña, un pelota despreciable. No me refiero a un empollón, o a uno que se llevase bien con los profesores, que es algo que estaba mal visto pero es una “malvisión” que no comparto. No, nada de eso. Un pelota. Un lameculos.

Trabajo con uno de esos. Apocado, pusilánime, cobardica, se esconde detrás de las faldas del jefe para cada movimiento que hace, aunque sea salir a mear. Cuando nos plantamos ante el exceso de horas extraordinarias que nos “invitaban” a hacer a diario, después de que me dejara gritar y partir la cara metafóricamente por un calabrés de metro noventa y rapado que se hace llamar mi jefe, después de no moverme ni un centímetro en mis demandas a pesar de que me temblaban las piernas y de que llegué a casa destruido y con ganas de llorar de la pura tensión, ese día, el mierdecilla este solo abrió la boca al final de la reunión para decir “bueno, yo puedo seguir haciéndolas”. Eso después de que hablara con él para ver si estaba de acuerdo con el “plante. Eso después de me confirmara que estaba con nosotros al cien por cien. Eso después de que le dijera “tío, que no tienes por qué estar de acuerdo, si no lo estás hablo solo por mí, que no pasa nada”. Pues abrió la boca para que no le salpicara la sangre. Esa clase de tipo.

Me consuela pensar que cada vez que intento explicarle a algún estudiante quién es, por ejemplo si le digo “esta tarde busca a mi colega F. y le das la clave”, siempre me dicen, ¿quien es F? y yo le describo y ellos reconocen a los otros tres, pero de él no se acuerdan. Porque, al fin y al cabo, las lombrices son generalmente demasiado insignificantes.

Y hoy estoy cabreado con él. Así que como es mi blog lo escupo tal cual.

Ea.