Lombrices
Había un tipo, Manzanito, en mi clase de sexto de EGB, que era de la peor calaña, un pelota despreciable. No me refiero a un empollón, o a uno que se llevase bien con los profesores, que es algo que estaba mal visto pero es una “malvisión” que no comparto. No, nada de eso. Un pelota. Un lameculos.
Trabajo con uno de esos. Apocado, pusilánime, cobardica, se esconde detrás de las faldas del jefe para cada movimiento que hace, aunque sea salir a mear. Cuando nos plantamos ante el exceso de horas extraordinarias que nos “invitaban” a hacer a diario, después de que me dejara gritar y partir la cara metafóricamente por un calabrés de metro noventa y rapado que se hace llamar mi jefe, después de no moverme ni un centímetro en mis demandas a pesar de que me temblaban las piernas y de que llegué a casa destruido y con ganas de llorar de la pura tensión, ese día, el mierdecilla este solo abrió la boca al final de la reunión para decir “bueno, yo puedo seguir haciéndolas”. Eso después de que hablara con él para ver si estaba de acuerdo con el “plante. Eso después de me confirmara que estaba con nosotros al cien por cien. Eso después de que le dijera “tío, que no tienes por qué estar de acuerdo, si no lo estás hablo solo por mí, que no pasa nada”. Pues abrió la boca para que no le salpicara la sangre. Esa clase de tipo.
Me consuela pensar que cada vez que intento explicarle a algún estudiante quién es, por ejemplo si le digo “esta tarde busca a mi colega F. y le das la clave”, siempre me dicen, ¿quien es F? y yo le describo y ellos reconocen a los otros tres, pero de él no se acuerdan. Porque, al fin y al cabo, las lombrices son generalmente demasiado insignificantes.
Y hoy estoy cabreado con él. Así que como es mi blog lo escupo tal cual.
Ea.
2 de Junio, 2006 - 1:16
¡Uf! Más de uno debería echarse a temblar el día en que yo empiece a hablar sobre mi antigua vida de ‘oficinista seria’.
Aunque pensándolo bien, no sabes lo fácil que es olvidarse de esos personajillos. ¿Puede haber algo más triste en el mundo que, como tú dices, no te conozca nadie, no te recuerde nadie?
2 de Junio, 2006 - 9:07
tu jefe es calabres?????uf, ya he sufrido en carne propia como se ponen y su tirania…para que ademas, un asqueroso de esos te venda…
2 de Junio, 2006 - 12:22
Jo…. ten cuidado. Las lombrices, pasando así tan desapercibidillas ellas, tienen una peligrosa tendencia a convertirse en jefes.
2 de Junio, 2006 - 12:31
“La suerte es de los valientes”, dice una niña asturiana que conozco. Tú le echaste narices, lamento que haya otros seres en tu entorno que no estén a la altura. ¡Desahogarse es bueno! un beso
2 de Junio, 2006 - 15:06
me sumo al escupitajo, que sea en un ojo, a ver si tiene narices de chivarse al calabrés.
2 de Junio, 2006 - 17:52
jo, Alberto, lo siento… Creo que nunca me he encontrado con alguien así o de manera que me tocara tanto la moral… Hoy me reservo cinco minutos para odiarle un poquillo al calabrés escupido. El resto del día será para enviar e+ pa ti, que te lo mereces, rey.
abresos
2 de Junio, 2006 - 18:06
incluso la gente así tiene utilidad en el mundo: sirven para mostrarnos cómo no ser, para tema de chistes cuando se pasa el berrinche (que se pasa), y como personajes despreciables de tercera en la literatura… y a tí mismo, te sirven para contarnos un poco de tu vida en este post: lo que se cuenta a otros, no te envenena.
un saludo
3 de Junio, 2006 - 17:38
bueno bueno bueno…siempre hay que tener en cuenta las debilidades del otro. No conozco al tiparraco ese, pero conozco a por lo menos 10 que encajan en la descripción.
Tuve la suerte de nacer con un nivel de autoestima decente y la mala suerte de nacer con un carácter más fuerte de lo que suele ser recomendable, y aunque antes solía soltar bilis en cuanto me encontraba con alguien de esa calaña, ahora he aprendido que no siempre es un lameculismo endógeno, sino que la mayoría de las veces se debe a una falta de autoestima y valor que hace que una persona no pueda soportar la presión del “qué pasará si me niego”.
Se entiende que estés enfadado pero yo juraría que lo que tendrías que sentir lástima (y algo de compasión) porque seguramente el pobre desgraciado se lo pasó aún peor hasta que tuvo que soltar que el sí pasaría por el tubo. Quizá saltó por otras razones, no lo sé.
Vale que entonces te tendría que haber dicho que ya estaba bien, pero quizá el tío deseaba plantarse, por una vez tener la fuerza de poner sus principios delante de sus miedos arropado por el resto del grupo, pero al final, como a muchos otros, el valor se le escapó bajo la tensión. No sé…
Lo que sí está claro, es que en cuanto a tu jefe, me cagaba en su calabriera (joder, qué malo)…
melonian
4 de Junio, 2006 - 23:16
Y digo yo ¿las pobres lombrices merecen ser comparadas con semejante especimen? No, por Dios, Ala o Yahve, las lombrices que airean los campos, que sirven para cebo de pescadores, tienen su función y cometido, su utilidad, el bicho inmundo ese, no, no le doy utilidad alguna. Besos Don Al.
5 de Junio, 2006 - 12:35
Ten a tus amigos cerca, y a tus enemigos aun mas cerca.
5 de Junio, 2006 - 12:43
Pues no sé cómo he parado en este blog, pero me ha gustado cómo has expresado ese odio hacia ese personaje. Yo sé de uno de mi carrera que será asi jajaja
besos.
5 de Junio, 2006 - 12:53
Coñe aguacate! Dichosos los ojos!
@Yera: hombre, odio, lo que se dice odio… ya digo que es una lombriz insignificante. En todo caso molesto.
5 de Junio, 2006 - 13:14
venga fans, no te hagas el tolerante, reconoce que en ese momento le hubieras metido la cabezota en la fontana del Nettuno hasta que dejara de patalearrr…
5 de Junio, 2006 - 17:36
Yo conozco a una arpia de mi trabajo que haria muy buenas migas con tu lombriz. Podriamos organizarles una cita a ciegas para que se hagan la vida imposible el uno al otro
5 de Junio, 2006 - 23:08
Por cierto, fanshawecito, no me estarás buscando novio, no?
6 de Junio, 2006 - 17:45
Anda, ¿qué he dicho yo ahora Veva?
6 de Junio, 2006 - 18:07
Nada, como me andabas promocionando como chica calendario y la talla estupenda…..jejeje