De la falta de control en las cuerdas vocales
Bien, la idea es la siguiente: la imaginación es libre. Es decir, a la hora de imaginar las reglas son que no hay reglas, que todo está permitido, las aberraciones más espantosas, las situaciones más surrealistas, los elementos más fantásticos que queramos. Todo vale. Si escribo un relato donde doce elefantes violan contemporáneamente a cun cachorro de perrito lebrel pues tal vez tenga una imaginación enferma, peor en ningún momento quiero decir que me guste la idea. Que yo escriba un cuento donde el protagonista, que además habla en primera persona, es un psicópata que después de matar a sus víctimas las sodomiza cantando el Fary no quiere decir que a mi me pueda apetecer eso. Es un discurso de ficción, imaginado, todos comprenden eso.
¿Está claro? Creo que sí. Claro que yo he podido revisar el texto, pensar bien lo que quiero decir, poner las palabras que me parezcan más apropiadas… el problema aparece cuando ideas como estas se expresan en el seno de una conversación. Y si no te expresas con suficiente claridad sucede ese fenómeno mundialmente conocido como “me estoy metiendo en un bosque y no sé salir”.
Pondré un ejemplo: un buen amigo mío, del que sólo diré que su nombre empieza por Carlos, y yo trabajamos hace dos veranos como monitores de tiempo libre para un grupo numeroso de adolescentes, en su mayoría norteamericanos. Dentro de ese grupo había unas diez quinceañeras, monísimas todas ellas, a las que acompañaban dos de sus profesoras.
Es decir, nosotros pasábamos gran parte del día con estas chicas, como responsables suyos ademas. Este detalle es importante. Nosotros. Responsables. Quinceañeras. Vale.
Bien, el contexto ya lo tenemos claro. Seguimos.
Una noche mi amigo, otro compañero y yo aceptamos una invitación a cenar en el apartamento donde estaban estas dos profesoras, que tenían ganas de desconectar de adolescentes un poco. Fue una velada la mar de agradable, hablando por los codos, riéndonos bastante y comiendo y bebiendo cervezas como descosidos (julio en Sevilla… ya sabéis). En este tipo de encuentros ya sabéis como suelen acabar las conversaciones: hablando de sexo. Y esta no iba a ser una excepción. Empezamos a hablar de fantasías, y una de las profesoras confesó que no tenía fantasías eróticas o sexuales, que nunca imaginaba esas cosas.
Mi amigo (al que llamaremos Carlos, nombre elegido completamente al azar) se sorprendió mucho e inició su camino a la perdición:
CARLOS: Es que yo creo firmemente que la imaginación, la fantasía, es algo completamente libre, no le pongo nunca cortapisas. En la vida real jamás haría muchas cosas pero con mi imaginación me lo permito todo.
(Mirada curiosa de las profesoras y mirada preocupada de Fanshawe)
C: A ver, quiero decir que todo está permitido, que puedo hacer lo que quiera sin sentimiento de culpa, porque todo vale.
(Miradas aún más curiosas / preocupada)
C: Veréis, por ejemplo, yo me puedo haber imaginado nada más entrar aquí que tengo sexo con vosotras dos de todas la maneras posibles.
(Las profes abren los ojos exorbitadamente. Fanshawe comienza a mirar disimuladamente hacia otro lado)
C: (Dándose cuenta del patazo) O sea, ejem, que todo vale, por ejemplo podría imaginármelo detalladamente con él (señalando a Fanshawe que empieza a buscar posibles salidas del apartamento).
(…)
C: (Empezando a sudar mucho) Er, es decir, hum, o sea, cualquier cosa… no sé… ¡con animales!
(…)
Que duro es cuando tu boca no consigue cerrarse por mucho que te empeñes…
9 de Junio, 2006 - 13:35
Creo que lo mejor que pudo pasarle a usted es que a su amigo no se le cerrase la boca. Por varias razones. Primero: ahora tiene una historia que contar. Segundo: puede poner un ejemplo claro de lo que para usted es “meterse en el bosque…” Pero sobre todo: ahora tiene una idea mas clara de la forma de pensar de su amigo, una imagen mas definida del alma de el (lo siento, “el” va acentuado, pero estos ordenadores no tienen) y aun mejor… sabe que la imaginacion de su amigo es libre… y la libertad es el mejor de todos los dones posibles.
Ojala todos fueramos como su amigo!!! O al menos a mi me gustaria serlo…
9 de Junio, 2006 - 15:42
claro, que si hubiera acabado en una orgia el post de hoy seria ligeramente diferente…
9 de Junio, 2006 - 15:49
¿El post? ¡¡¡El blog entero!!!
9 de Junio, 2006 - 17:26
yo lo que quisiera saber es… cómo cambiaron de tema? qué siguió después de lo de los animales?? “Y hablando de animales, voy a darle de comer al perro, y a abrirle la puerta para que huya mientras pueda”
9 de Junio, 2006 - 21:04
Ah, pues a mi me pasa lo mismo, cuántas clases en la universidad aguanté con una sonrisa gracias a que me imaginaba al profesor en pelota picada! (pensad que yo tenía clase de “el hecho religioso y su repercusión filosófica”) En animalitos no he pensado nunca, la verdad.
9 de Junio, 2006 - 21:25
Menos mal, ya pensé que el planeta entero estaba entregado a la zoofilia… ¿qué haríamos las pobres gatas vagabundas como yo? ¡GLUPS!
9 de Junio, 2006 - 21:58
Me pasa como a itzi, no nos deje con la intriga ¿qué pasó despues? A no ser que se pusieran en práctica algunas fantasias y prefiera no contarnoslo ;)
10 de Junio, 2006 - 15:13
¿Me creeríais si os digo que no logro recordarlo? El caso es que cuando se lo pregunto a mi amigo llamado ficticiamente Carlos él tampoco logra recordarlo. Parece como si nos hubieran borrado la memoria…
11 de Junio, 2006 - 2:22
No.
11 de Junio, 2006 - 9:37
Maldita…
11 de Junio, 2006 - 16:02
Exacto: no nos lo creemos. Pero bueno, te respetamos. Me he partido de risa. Un saludo
11 de Junio, 2006 - 19:12
Dios mío, tenían un chihuahua??????????????