Tierra de espíritus y fantasmas
¿No os ha pasado alguna vez que habéis entrado en vuestra habitación y habéis sentido que algo está fuera de sitio? Con un primer vistazo todo está en orden, pero mirando con más detalle al final uno se da cuenta de qué es lo que no va bien: la lata con los bolígrafos está girada, la silla demasiado hacia dentro, el armario ligeramente entreabierto, el teclado del ordenador algo movido… después la reacción casi siempre es la misma: 1. Lo sabía. 2. Estoy enfermo.
Cuando aterricé en Sevilla tuve esa sensación poderosamente: algo estaba fuera de lugar, algo no andaba bien. Pronto lo comprendí.
Era yo el que estaba fuera de sitio. Cogiendo un avión a todo correr después de más de seis meses de ausencia, que nadie me esperara a la salida de la puerta de aterrizaje, que mi padre y yo hiciéramos el viaje hacia la casa de ellos casi en silencio, que mi madre apenas me rozara con los labios antes de meterme a todo correr en el cuarto de mi abuela. Ella, pequeñita, que entreabre los ojos y se echa a llorar, apenas entiendo lo que dice, pero alcanza a besarme.
Después mucha gente, mis tíos, las personas que han cuidado a mi abuela estos meses, me hacen comentarios amables, intentan sonreir. Se sientan en los sillones, en las sillas, en torno a la abuela, en el jardín. Hace calor pero no tanto. Hay mucho silencio, una espera tensa y yo solo alcanzo a hacer café y a esbozar comentarios ingeniosos para que alguien ría aunque sea un poquito. La tele permanece encendida, mundiales, motos, fórmula uno, a los hombres de la familia nos ayuda el encefalograma plano de la programación deportiva del fin de semana. La piscina fuera limpia como nunca, extrañada de que nadie la use.
Luego las comidas, mi padre y mi tío han tomado el poder en la cocina y hacen menú de restaurante a diario. Sentarse a la mesa es un alivio para todos, que se agradecen en silencio la compañía mutua. Ahí ya se saca un poco de tiempo para tomarme el pelo con mi melena recién cortada, para incordiar a mi hermano a ver si se echa novia, para que las hermanas se lancen puyas ingeniosas de las que hacen sonreír con un poquito de vergüenza porque siempre da vergüenza sonreir cuando alguien cerquita se está muriendo.
Cuando bajo a la que ha sido mi casa durante muchos años la encuentro también llena de espíritus y fantasmas que habitan en las paredes y en las persianas, en las camas sin hacer y en el frigorífico vacío. Como ánimas en pena se aparecen por la noche las imágenes de madrugadas llenas de gente, de la música encendida, de celebrar el hecho de estar juntos, de risas, de anécdotas contadas seis mil veces. Ahora todo es oscuridad y quietud, las casas que deshabitas se mueren de tristeza y soledad.
El saludo veloz a un par de amigas, otro par de llamadas de teléfono para que sepan que, aunque fuera por dos días, estuviste cerca de ellos, buenos deseos, buena suerte, no trabajes demasiado, vaya calor, come algo más que estás esquelético, que bien te sienta el corte de pelo. Adios a la abuela y guardarse las lágrimas, que bastantes han derramado ellos ya. Un taxi de madrugada, cerrar la puerta de un tirón y el avión que te lleva a ¿tu casa?
Comprender que has dejado de tener un lugar donde volver, que ahora sólo te quedan lugares donde ir.
27 de Junio, 2006 - 18:39
Creo que el momento más emotivo que he vivido hasta la fecha fue el funeral de mi abuela. Nunca estás preparado para una noticia tan trágica, pero hay tiempos y tiempos. Acababa de llegar de Praga sabiendo que mi abuela estaba muy enferma y traía, ingenuo de mí, una oración preparada en forma de postal. En la madrugada, mi padre nos despertó para comunicarnos la noticia. Bloqueos y llantos. Y preparar un viaje a Salamanca, que ninguno querríamos que fuera así.
No soy una persona religiosa, pero el sacerdote que habló en el funeral fue realmente consolador. Ojalá creyera que un día volveré a dar un beso a la abuela Lourdes Me quedaba el consuelo de una muerte rápida como broche a una vida plena y llena de objetivos cumplidos.
A pesar del dolor que nos arrasaba a todos (es muy duro encontrar lágrimas en la cara de una madre, sobre todo cuando es la propia), fuimos capaces de convertir ese día en una celebración de la vida.
Y es que nos juntamos (casi) todos los primos en casa de unos tíos, que habían estado preparando comida para un regimiento. Allí, codo con codo, 30 personas apiñadas en un cuarto de estar diminuto, fuimos compartiendo nuestras experiencias con los queridos abuelos, auténtico nexo de unión de todos nosotros. Desde los mayores, de treintaytantos, a los pequeños, de apenas seis años, todos teníamos una anécdota que contar, una risa que compartir, un momento que revivir. Un día que empezó con llantos y abrazos terminó con limpias carcajadas, recordando lo bueno vivido. Y, aunque todos siguiéramos tristes por dentro, despedimos a la abuela de la mejor manera posible. Juntos, queriéndonos, como ella hubiera querido.
Un abrazo enorme, Alberto. Sé por lo que estás pasando.
28 de Junio, 2006 - 10:03
Guau, Snake, ojalá todo el mundo tuviera tu carácter. Ahora entiendo que debe ser un rasgo de tu familia.
Fansh, querido, somos Nómadas.
No tenemos un sitio al que volver, y quizás por eso nos creamos una casa virtual como esta tuya, un punto de referencia para nuestros ires y venires.
Algo bueno de ser un Nómada es que por el camino te cruzas con otros Nómadas, y a veces se crean lazos invisibles e infinitamente largos.
En cuanto a lo demás, tengo una reflexión rondándome la cabeza durante los últimos días, pero necesito sentarme, reposarla y madurarla un poco.
De todas formas, sólo una cosita: una vez pasada la tensión, no te tragues más las lágrimas. A veces hay que llorar un poco para sentir que realmente se ha querido. Un vez pasada la tensión, el desconcierto que genera la pérdida, a las lágrimas suele acompañar una sonrisa.
Quérote
28 de Junio, 2006 - 12:49
Me siento como intrusa en casa ajena al haber leído todo esto. No obstante, todo lo que cuentas es a la vez muy familiar para mí. Posiblemente para muchos.
Tus palabras son un regalo…
Un beso
28 de Junio, 2006 - 13:04
La tristeza de ya no estar es ya no importar. Pero no te preocupes, que eso nunca va a pasar, aunque el tiempo se nos lleve a todos. Beijos, abraços.
28 de Junio, 2006 - 16:46
mi sensacion es la de haber sembrado muchas semillas pero sin haber echado raices… en referencia a algo que tu mismo escribiste en este blog, mi lugar al que volver son la gente que quiero y mi familia, alla donde esten, y de la forma que sea… por ahora, transporto mis raices en una maceta y me queda el dolor y la alegria de tener trocitos de mi misma y lazos invisibles desperdigados por ahi…alguien un dia me prometio que darian su fruto…
29 de Junio, 2006 - 2:05
Me más disculposa pero firme disensión: a mi Payne me conmueve y me hace reír a partes iguales ; y Piratas del Caribe me aburrió como pocos. Son poquísimos lso que la aburrieron, pero yo me aburrí.
Y ya comenté The Mexican que se me escapó. Irregular con kurosawiana estructura lo que más me quedó fue que fuimos a ver a Roberts-Pitt y van y nos los separan. Entretenimiento insustancial.
29 de Junio, 2006 - 2:06
PD: Y gracias por su comentario.
3 de Julio, 2006 - 0:16
Te leo ahora. Un abrazo fuerte.
4 de Agosto, 2007 - 19:36
VUENO YO QUIERO QUE ME ENVIEN VIDEOS PORQUE ESO QUERIA VER Y FOTOS ES MUI VUENA SI IGUAL ME DIO ESCALOFRIO