Enriquiadas
El sujeto ese que firma como “El Enrique” de vez en cuando es el mayor filósofo del planeta. Sí, así, como lo oís, algún día el mundo reinderá pleitesía a su corriente de pensamiento, es una pena que sea un “filósofo maldito” y que tenga el pelo rubio y rizado a lo Bisbal y que parezca un romano sacado de una moneda antigua, esas cosas condicionan. Pero después de muerto será citado mundialmente. Seguro.
Aparte de haber aumentado las visitas de este cuaderno a base de pornografía barata, El Enrique es el responsable de dos auténticas perlas que, antes o después, termino contando en todas partes.
La primera es el concepto de Precansancio. Me explico:
El Precansancio define esas situaciones en las que no quieres hacer algo porque ya sabes lo cansado que estarás al terminar. Pongamos un ejemplo (nota, cambiad los sexos de los ejemplos, que funciona igual):
Mañana te toca ir a cenar a casa de tus suegros. Ya sabes que te van a tirar pullas sobre los nietos, o sobre tu trabajo, o sobre lo que sea, ya sabes que tu cuñado se va a emborrachar y ya sabes que tu novia acabará llorando por los comentarios ácidos de su tío. Ya sabes que digas lo que digas ella se va a enfadar, porque tienes mala cara, porque la tienes buena, porque hablas mucho, porque hablas poco. Da igual. Y ya sabes que esa noche habrá una barrera de hielo invisible entre los dos a la hora de dormir. La cena es mañana. Pero estás agotado.
Es es el Precansancio.
La otra perla es una historia que no sólo es verídica, sino que además es cierta (Luthiers dixit). Lo cuenta el mismo ricitos:
“Estaba en el comedor de la universidad, allá en Nueva York, con mi amigo Víctor, el gallego. De repente mi amigo me avisa de que un pivón impresionante de rasgos orientales me está haciendo un marcaje descarado con la mirada. Observo un poco con el rabillo del ojo y verifico la información. Efectivamente la chica es imponente y me mira fijamente. Después de unos segundos, de pronto, me giro y le clavo mis ojos en los suyos. Contacto visual. Y aguantando el tipo, como un campeón, no desvío la mirada.
Al poco la chica se levanta y viene hacia mí. Me hace un par de comentarios ingeniosos a modo de introducción, rompiendo el hielo, el flirteo es completamente obvio. Finalmente me dice “oye, ¿te doy mi teléfono y me llamas? Podríamos salir algún día”. Lo pienso un momento, le sonrío y le digo: “En realidad no”. La chica me mira entre ofendida, cabreada y alucinada y se larga sin decir ni media palabra mientras yo vuelvo tranquilamente a mis macarrones.
Víctor me mira con la boca abierta. “¡Pero tío! ¿Estás loco? ¿Es que no has visto que está que rompe?”.
- Victor, en tu opinión, ¿qué está buscando ella? ¿algo serio?
Víctor me mira completamente descolocado y responde: “Eh… no lo creo. Creo que quería pegarte un polvo, sinceramente”.
- Vale. Quería follar. Estupendo. Una chica impresionante se me acerca con intenciones claras de llevarme a la cama y punto. El sueño de cualquier tío. ¿No?
- P-pues, sí… - Víctor está al borde del colapso.
- Muy bien. Ahora ¿qué es lo que toca? La llamo, quedamos, salimos por ahí, tomamos algo, tal vez a cenar, pago yo, por supuesto, esto es América (estas cosas en Europa no pasan). A pesar de que lo que quiere es follar y punto y que yo quiero lo mismo, esto no pasará en la primera cita. Ya sabemos cómo funcionan las cosas aquí. Mínimo la tercera o la cuarta. Cine, conversaciones fingidas por ambas partes, luego la tercera cita la llevo a casa en coche, un beso apasionado en la puerta y se despide. Deja pasar otros dos días, volvemos a quedar, esta vez me arreglo como un dandy, ella también, la llevo a un sitio estupendo y otra vez a bailar, más conversaciones banales que tienen un único objetivo para ambos. Finalmente la vuelvo a llevar a casa. Esta vez después del beso me invita a subir, follamos como locos, va más o menos bien, a saber, y a la mañana siguiente ella no ve la hora en que me vaya y yo no veo la hora de irme. Después nos esquivamos hasta que se nos pase el “corte oficial” y a otra cosa. Resumiendo. Dos semanas de tonteo, salidas que ninguno quiere hacer, conversaciones que ninguno quiere tener, tiempo, dinero, fuerzas gastadas. Para llegar después de todo eso a lo que ambos queríamos: follar. ¿Pues sabes qué? Paso. Por lo que a mí respecta ya me la he follado.
Y seguí comiendo mis macarrones”.
30 de Noviembre, 2006 - 18:40
a) Grandes verdades. La segunda la conozco por referencias XD
b) Pullas va con elle (ya sé, ya sé, pero como hoy es el día de defender el idioma, te jodes hasta las doce de la noche). ¡Ven a enervarte ya, leñe!
c) Lo que peor llevo es lo del peinado a lo Bisbal. Pero me cae bien.
30 de Noviembre, 2006 - 18:42
b) Hermano, tu madre (que es la mía) bien, ¿no?
30 de Noviembre, 2006 - 19:05
Ah, del “precansancio” sé bastante. El concepto así, tan bien definido, con su ejemplo y todo, me encanta. Me lo apropio, vaya.
De la segunda historia mejor cierro la boca y ya… (y a mí que estas cosas nunca me pasan, jops…)
30 de Noviembre, 2006 - 20:30
enervar.
(Del lat. enervāre).
1. tr. Debilitar, quitar las fuerzas. U. t. c. prnl.
2. tr. Debilitar la fuerza de las razones o argumentos. U. t. c. prnl.
3. tr. Poner nervioso. U. t. c. prnl
En origen enervar era lo contrario de lo que la palabra sugiere, no significaba sulfurarse, sino todo lo contrario. A fuerza de que la gente siga utilizándolo de forma errónea han tenido que aceptar la tercera acepción.
El pueblo soberano sigue cambiando el diccionario. Así nos va.
30 de Noviembre, 2006 - 23:01
Encima con la llegada de las navidades nos damos todos unos hartazgos de precansancio, cansancio y poscansancio que hacen urgente tomar vacaciones el día 8 de enero. La segunda historia, digo como la gata, ¿por qué a mi tampoco me pasa nunca nada asi ? ¿Serán los rizos a lo Bisbal los que seducen?
30 de Noviembre, 2006 - 23:22
Joe, la RAE en el foro, con la caña que le doy siempre a los académicos (sonrojo)…
Gata, milady… repasad vuestras vidas. Exactamente así no os pasarán cosas pero de otra manera… seguro que sí ;-)
Por cierto, milady, el precansancio de las Navidades es de los míticos…
1 de Diciembre, 2006 - 2:22
Por eso, lo del cansancio de las navidades, me largo de aquí, que ya es hora de tomarme unas vacaciones. Te recuerdo una cosa, que posiblemente has olvidado: existe la magia, y solo se siente cuando todavía no has perdido la esperanza en la casualidad y el azar. Dai… che sei un tifosso de Paul Auster. Anch’io entro nel tuo blog, ma… non è che voglio disturbarti… sottovoce.
1 de Diciembre, 2006 - 10:48
Jo, sí que echo de menos al Enrique, sí…
1 de Diciembre, 2006 - 21:01
Desde hace meses (o ya son años?) hago curiosos viajes bloguelianos -¿se dirá así?- buscando a la gente que me importa, y es curioso como, en ocasiones,unos invisibles hilos anudan de la misma manera a toda esa gente. Así son las cosas, llevo una semana tremendamente fea, insomne y sintiendo un inmenso,inmenso precansancio.
2 de Diciembre, 2006 - 10:26
Bueno… en el fondo es verdad. Por eso no es que las modelos los prefieran ricos, es que ellos pueden permitirselo ;)
2 de Diciembre, 2006 - 17:05
Touchè, Isabel. Bienvenida.
Sabía yo lo del precansancio calaba hondo…
3 de Diciembre, 2006 - 10:43
Conyo… un articulo sobre mi… hay que joderse.
Por cierto… estas son las primersa navidades en varias decadas en que no me siento precansado, sino muy al contrario… Recuerda que hemos quedado el 22 a las 7 y media en el TexMex.
Y por cierto, siguiendo el modelo pos-romantico aleman, procedo a refutarme a mi mismo: que se me cruce ahora aquella piva de la universidad… que se iba a enterar. Caguenlahostia…
3 de Diciembre, 2006 - 13:38
jajajajaj! Si ya lo decía yo, es mucho mejor el cibersexo….al menos no se suda!