Pues me acabo de dar cuenta de que hemos sobrepasado la cifra de 2000 comentarios. Que no son pocos.
El afortunado poseedor de esa cifra es…
En fin… era de esperar…
Pues me acabo de dar cuenta de que hemos sobrepasado la cifra de 2000 comentarios. Que no son pocos.
El afortunado poseedor de esa cifra es…
En fin… era de esperar…
Se me ocurrió decirle a Itz que me gustaría ir a Tegucigalpa sólo por ese nombre que tiene y mirad lo que me contestó:
ah eso ni se menciona! una de las partes más emocionantes de viajar por centroamérica es decir que uno va para Malacatoya, Sensuntepeque, Sarapiquí, Chichicastenango, Chinandega, Nandayure, Waspam, Zacatecoluca, Huehuetenango, Juigalpa, Alamikamba, Retalhuleu o Siguatepeque.
Definitivamente suena mejor que ir uno de esos abundantes lugares con nombre genérico de santo.
Eh… pues ya me callo :-)

… 200 tiras después. Felicidades Javi. Y gracias a ti.
Creo que a todo el mundo le consuela saber que los demás, al menos ellos, tienen un plan más o menos claro y definido. Las fórmulas de cortesía hacen que cuando te cruzas con alguien que hace mucho tiempo que no ves debas indagar casi de inmediato en varios puntos que se repiten, siempre son los mismos. A saber: ¿has terminado/cuánto te falta? (si estás estudiando); ¿y en qué estás ahora/sigues trabajando en lo tuyo? (si hace tiempo que terminaste de estudiar); ¿y tienes planes de quedarte allí o piensas volver? (si vives lejos de la que históricamente es tu casa); ¿y con la chica/el chico que tal - te has echado novio/novia? (pequeño acercamiento a tu vida sentimental). Todo eso se ve complementado con preguntas vagas y genéricas sobre tu familia y, posiblemente, algún comentario casual sobre a quién han visto y cómo (pues me encontré con tu tía el otro día en el banco).
Las respuestas son lo de menos. Si uno es hábil se puede contestar de manera lo suficientemente vaga a cada una de las preguntas y el receptor se va a quedar igualmente satisfecho (pues ya ves, aquí andamos, no va mal, tengo algunas ideillas, algo hay).
“No lo sé” es una respuesta completamente descartable. La gente NECESITA saber que tienes un plan, respuestas concretas a preguntas vagas, un punto de llegada. “No lo sé” es una tragedia, para ti, que lo dices, y para el otro, que se ve obligado a insistir más en esa línea. Lo peor de todo es que cuando la respuesta realmente es un “no lo sé” cualquier pregunta en esa dirección es la antesala de una posible crisis. No saber es una tragedia, aunque sea solamente porque no puedes responder a esas preguntas de tu antiguo vecino del segundo.
Peor lo tienen la pareja, la familia cercana o los amigos íntimos. El deseo de preguntarte hierve como un huevo duro dentro del agua y tratar de evitar esas preguntas para no ponerte nervioso implica que él mismo se ponga nervioso. Lo ves, lo sientes, percibes que hay tensión, que las preguntas pujan por salir de sus labios pero hace un esfuerzo sobrehumano para contenerlas. Lo jodido es que si no las contienen entonces a ellos, sí, con ellos lo haces, les respondes a media voz: “no lo sé”.
Por cada “no lo sé” que digo pongo una piedra encima de mi propia tumba de inseguridades: complejo de Peter Pan, miedo a decisiones definitivas, incapacidad de ser tan estajanovista y abnegado como fueron tus padres y abuelos. Indecisión, envidia ante aquellos que lo tienen claro, envidia de la simplicidad de ciertas elecciones, envidia de ti mismo diez años antes, cuando el futuro estaba tan lejos que te parecía mucho más claro y evidente. Esos tiempos en los que imaginarte cómo serías a los treinta era incluso divertido. Ahora imaginarme como seré dentro de dos meses es casi una pesadilla.
En estas estamos y lo único que hacemos es comprar complementos, que no se diga que estamos quietos. Es casi como un juego de ordenador, de esos en los que el personaje principal de vez en cuando encuentra una tiendecita donde compra armadura, espadas, pociones, de todo antes de enfrentarse al monstruo de la fase final que, presumiblemente, está a tan solo dos pantallas de allí. En el fondo, en el fondo fondo, creo que lo que compramos son respuestas para los vecinos, poder contestar “oh, ahora estoy formándome en blablablablabla”. Paz para el que pregunta, hábil finta para el que responde. Pero recordad que eso sólo vale con el vecino.
Con los que te conocen demasiado bien sólo te queda decir “no lo sé”.
El cuaderno de mi primo, el insigne Dr. Lawrence Breavman, en colaboración con el fallecido pero lúcido Profesor Sagan, es demasiado bueno como para que no estén ya allí leyéndolo.
Cuando todos duermen, el Dr. Breavman vela por nosotros…
Hacía muchos años que no iba a un concierto. Dios, como me lo he pasado…