La noche de ayer fue bastante extraña. Por circunstancias poco claras nos quedamos en casa mi ex compañero de piso, su perro y yo. Al final organizamos una sesión de cine italiano en el salón con mi pc sirviendo de cine improvisado. La película elegida: Le conseguenze dell’amore, de Paolo Sorrentino. El protagonista vive en una habitación de hotel en algún lugar del cantón Ticino de Suiza desde hace ocho años. Cada tres días ingresa una maleta por valor de nueve millones de dólares en un banco exclusivo. Cada miércoles por la mañana se inyecta una dosis de heroína desde hace veinticuatro años, nunca hace excepciones. Una vez al año se renueva la sangre en un caro hospital helvético. Aparentemente las conexiones neuronales que provocan sentimiento o emociones han sido eliminadas de su cerebro. O al menos esa es la impresión que da.
La película no habla de amor, a pesar de su título. A lo máximo que llega al respecto es a hablar de reconocimiento y de nostalgia del afecto perdido. No hay amor ante alguien a quien no puedes dejar de tratar de usted.
Durante la película el teléfono de mi ex compañero sonó unas ocho veces. Ese día había roto de la peor manera posible su relación con una chica. Ocho llamadas que transformaron su cara ocho veces, mientras yo podía oír con claridad algo que roía sus entrañas, sentado a mi lado en el sofá, en silencio. No somos amigos, aunque le tengo afecto. Pero no se sentía capaz de hablar conmigo como con un amigo, ni yo de escucharlo y compartir aquello con él como se hubiese merecido. Así que nos limitamos a intercalar algún cigarrillo en silencio mientras la película transcurría.
Las rupturas en la realidad no son como en las teleseries, donde en el capítulo siguiente alguien dice “¿Cómo estás Mike?” y Mike, con cara algo afectada, responde “Supongo que bien, es mejor así”. No. Las rupturas son corrosivas y apestan a carne y vísceras quemadas, emiten un tono agudo, como el de un enjambre de moscas en el oído. No existen las rupturas civilizadas, como mucho existen los diálogos civilizados entre dos que no se quieren, o entre uno que no quiere y otro que se aguanta. En el infierno de la ruptura hace mucho frío, para el que deja de amar y para el que recibe la falta de amor, para ambos. Yo he estado en ambas partes y no sé con qué me quedo. Sufrí más dejando de amar, o más intensamente. Sufrí más tiempo cuando dejaron de amarme. En el primer caso los huesos se recompusieron después de un tiempo. En el segundo todavía siento la herida cuando cambia el tiempo.
Anoche, mientras veía la película, pensé en el adverbio del que nunca se habla en el cine o en los libros: después. Las consecuencias del amor vienen después del mismo y por mucho que mi compañero callase aún resuenan sus gritos en mis oídos.
Sin comentarios. Porque sobran.
Te quiero mucho, Al
lo dijo usté todo…
Es que en los cuentos siempre fueron felices y comieron perdices, el príncipe es azul, y la princesa joven y bella. Así que cuando uno se da de bruces con la cruda realidad, aparecen decenas de miles de desencantados por todo el planeta…
Siempre que por algún motivo (insospechado) el amor aparece en mi vida escucho a Ian Curtis y la Joy Division cantándome al oido “…Then love, love will tear us apart again…”.
…illo, que es viernes.
Estas cosas se dejan para el lunes.
las rupturas sacan lo peor de nosotros mismos, y se sufre, cómo se sufre. un beso, y gracias…
Cicatrices en los huesos y nuevas arrugas en la cara.
Yo no digo nada, ya saben lo que pienso y siento aquellos que tengan memoria.
Estimado Fanshawe, dos puntos. Como te envidio a veces esa capacidad de narrar lo inenarrable. Saludos,
Gracias una vez más (y ya van tantas…)
Gracias a vosotros.
Muy cierto. Y muy bien escrito. Enhorabuena.
Me ha encantado.
Impregnada de tus verdades, la fe ciega en el amor se me escurre por gigantes coladores de gran cuidad…
¿Podrías ponerle música a cada caso? ¿Qué canción sería?
Saludos
Ya lo dijo Terenci, lo que viene después del amor es demasiado terrible como para volver a intentarlo.
Terenci tenía razón. Y a pesar de todo…
La música. Para cuando dejas de amar no lo sé. Para cuando dejan de amarte se me ocurre una canción de Mark Lanegan e Isobel Campbell, “The false husband”. Vaya. Sí.
Bufff, a mí se me ocurren muchas canciones de Lanegan para cuando dejan de amarte. ¿Pero hablamos de que expresen lo que sientes o de que te animen? Para lo segundo no son muy útiles que digamos…