Lo importante que fuiste… (I)
… y tú ni siquiera lo sabías.
Tenía dieciséis años cuando mi primer amor, de Pamplona ella, me llamó por teléfono para decirme que no sabía si me quería. Decir que mi reacción fue dramática es quedarme drásticamente corto. El mundo se acababa, la vida era una puta mierda, nunca me volvería a enamorar, me quería morir, etc. etc. Cultivé mi imagen de chico atormentado (la de sexy desolado no colaba), me dejé crecer el pelo, la barba, era rebelde y antisocial, oh yeah.
Le contaba mis tristezas a una amiga en el descanso entre clase y clase, en el instituto, cuando otra chica, Natalia, que pasaba por allí se paró a escuchar nuestra conversación. Ella, Natalia, era para mí lo que sería la jefa de las animadoras para un “nerd” en el instituto de una película americana de adolescentes. Guapa, alta, un punto de soberbia y de distancia, me ignoraba, a mí y a otros gafotas como yo, abiertamente. Yo, que era un tipo duro y estaba por encima de esas cosas (oh yeah-bis) la miraba con suficiencia y superioridad.
Como digo, ella se paró a escuchar nuestra conversación y de repente dijo: “¿Qué clase de estúpida dejaría a un chico como tu?”. Y se marchó.
Luego Natalia y yo nos hicimos buenos amigos (¿qué habrá sido de ella?) pero jamás le agradecí la inyección de autoestima que me dio con esa simple frase con la que, probablemente, sólo intentaba ser amable. Fue el principio del final de mis grandes complejos de quinceañero. Si la vuelvo a ver será lo primero que haga, darle las gracias. Imagino que ella no sabrá por qué.
Mis reglas sobre cómo son las relaciones, cuál es mi rol, cómo me comporto con mi pareja, qué tipo de chica me gusta, esas cosas, eran prácticamente inamovibles. Cosas de ser el poseedor de la verdad absoluta (oh yeah-tris). Estaba yo en mi época de “Fanshawe, el gris” hace poco más de un año cuando conocí a A., la chica de las manos destrozadas. Parecía un pequeño pajarillo desvalido, diecinueve años recién cumplidos, tímida, nerviosa, frágil… tardé dos microsegundos en buscar un cubo para recogerme las babas. Después de meses de abstinencia y comportamiento monacal algo se me activaba dentro. No tuve demasiado tiempo para conocerla, se marchó al poco, había decidido acortar su estancia Erasmus en Bologna y regresaba en Navidad. El destino o la casualidad quiso que cogiéramos el mismo avión de vuelta, ya que yo hacía escala en Barcelona, que era su ciudad. Llegamos muy temprano al aeropuerto y durante todo el tiempo que duró nuestra espera y nuestro viaje jugamos a estar enamorados. Nos fumamos un cigarrillo a escondidas en el baño, hablábamos en voz baja con las manos entrelazadas, bájabamos la mirada cuando el otro sonreía. El viaje terminó con un beso fugaz en el autobús de la terminal y ella que se marchó corriendo, como una película americana feliz de Doris Day, mientras que a mí se me quedó dibujada una sonrisa enorme que me duró casi toda las vacaciones.
Después de aquello hablábamos por teléfono y nos escribíamos e-mails, todo muy romántico, yo era el mentor, el mecenas, ella me escuchaba fascinada y maravillada de mi personalidad (oh yeah… ¿por cuál vamos?). Luego regresé a Italia y esa dinámica continuó. Pocos días después me escribió y en mitad de otras cosas dejó caer esta frase “ah, por cierto, me he vuelto a acostar con mi ex novio y estoy muy contenta”.
Supongo que si me hubiese caido un coche en la cabeza no me habría quedado tan congelado.
Le mandé un e-mail agresivo y duro, hablando de decepciones y de autolesionarse, hablé con mis mejores amigos de ello, rasgándome las vestiduras, escribí un post al respecto (no pongo el enlace que me da vergüenza), grité a los cuatro vientos que volvía a los territorios grises.
La pobre me intentó llamar por teléfono y yo no le hice demasiado caso. Al final me mandó un e-mail donde me pedía disculpas (anda que ya me vale…) y donde escribió esta magnífica frase:
Pero no te preocupes, que te juro que no he vuelto a caer con él, no voy a dejar que me haga daño otra vez. Pero es que me encanta el sexo con él, es sólo eso, te lo juro, no pienses otra cosa
Bien. Tardé unos segundos en reaccionar. Luego tardé varios minutos en poder parar de reírme.
Esa mocosa acababa de dejarme K.O. de un sólo golpe y la mar de tranquila. Y, coño, tenía razón. Desde luego ella no tenía la culpa de las películas que yo pudiese montarme a raíz de un día de ensueño y aunque en aquella montaña me subí yo sólo ya se encargó ella de hacerme bajar a patadas. Fue genial. Toda mi concepción del amor, mi manera de afrontar las relaciones, toda mi vida en general cambió, a mejor, desde ese momento. Creo que nunca le he dado las gracias por darme el tirón final para salir de aquella terrible crisis. Todavía nos escribimos de vez en cuando, pero creo que voy a llamarla para agradecérselo. Aunque probablemente no tenga ni idea de lo que le hablo.
29 de Enero, 2007 - 13:27
Suena Jimi Hendrix y casi todo está en orden, un abrazouk…
29 de Enero, 2007 - 15:02
¿qué clase de loca dejaría a un chico como tu? (bis)
29 de Enero, 2007 - 15:12
¿Qué clase de loco llamaría a una chica así para darle las gracias?
29 de Enero, 2007 - 15:24
¿Qué clase de loca deja… de dar las gracias… de locos… como tú…?
Bah!, déjenme en paz.
29 de Enero, 2007 - 15:35
No es por nada, pero al final estamos todos inmersos en la locura del amor, que por desgracia nos hace la puñeta a la par que nos alegra la vida.
Complejo asunto, sí.
Eso sí, si hay que dar las gracias, mejor con hechos que con palabras (mil veces antes un beso bien dado a una llamada telefónica).
29 de Enero, 2007 - 16:00
las palabras adecuadas, en el momento justo, no tienen precio…no lo estropees agradeciéndolo, anda…
29 de Enero, 2007 - 16:47
Resulta curioso leer este post cuando llevo unos días pensando en pedir algunos perdones pendientes…
29 de Enero, 2007 - 17:16
oh yeah a la n…
29 de Enero, 2007 - 17:32
Está claro que tú naciste para escritor. Si es que toda tu existencia está perfectamente novelada.
29 de Enero, 2007 - 18:00
ay, que creo que no me va a gustar la conclusión…
29 de Enero, 2007 - 18:32
Me pasa como a whitmore, creo que no vamos a estar de acuerdo en las conclusiones ;).
29 de Enero, 2007 - 19:21
Sabes, Al? Que en el fondo te envidio. El problema es que en el fondo no sé por qué. Bueno, o quizás sí. O quizás no. Yo que sé, coñe.
Quizás lo escriba algún día.
Mierda, si ya lo he hecho.
En fin….
Besitos
29 de Enero, 2007 - 19:38
¿Cómo es posible que lo estropearas todo no dejándola marchar para siempre de aquella estación?
Espero que hayas aprendido a reconocer los amores fugaces que se quedan para siempre en el recuerdo. Y que, por cierto, son los mejores. Y (por cierto-bis) son los mejores PORQUE son fugaces.
Como todo el mundo sabe.
29 de Enero, 2007 - 19:54
Joe, que bronca me he llevado en un momento…
Si, k, llevas razón, nunca debí volver a llamarla. Pero en el fondo me alegro mucho de haberlo hecho.
Milady, Whitmor… que pesimistas. No hay conclusión. Sólo segunda parte. Algo menos llena de sonrisas, eso sí.
29 de Enero, 2007 - 20:17
¡Gracias!*
* Espero que sí sepas por qué te las doy, je.
29 de Enero, 2007 - 23:06
jejeejeejje, me encanta! Qué pena no haberte visto la cara (ou yeah) cuando te explico, tan sensible ella, lo de follar con el novio! Me parto la caja!
30 de Enero, 2007 - 0:29
¿Bronca? ¿Lo dices por mí? Nada más lejos de mi intención!
Sólo pretendía abrirte los ojos a las lecciones de la vida (oh yeah).
(Si te alegras de haberlo hecho, en el fondo o en la superficie, entonces hiciste bien. Si es que hace falta decirlo… que creo que no…)
30 de Enero, 2007 - 1:05
Qué bien escibes, jodío. Me descubro ante mi némesis
30 de Enero, 2007 - 10:33
como siempre, lo importante es la historia ; )
30 de Enero, 2007 - 15:13
En cuanto a la chica de las manos destrozadas, no sé, quizás sea cierto que no deberías haberla vuelto a llamar, pero claro, a toro pasao es fácil decir eso. A mí me gusta el hecho de que aprovechaste el momento, que abriste la puerta por si entraba un poco de aire fresco, y mira, entró, aunque de una forma inesperada. Aprendiste algo y encima te queda un recuerdo lleno de cariño… Pues creo que sí te salió bien volverla a llamar :)
Por cierto, he disfrutado mucho leyéndote.
Voy a por la segunda parte :*
2 de Febrero, 2007 - 2:14
El amor es algo que, sin saber porque, te engancha, te secuestra y por mucho que lo intentes no puedes escapar de él, lo peor, es cuando no quieres escapar de él y lo tienes lejos, como me ocurre a mi.
He descubierto tu blog de casualidad y tu historia me ha encantado, te seguiré visitando, si no es mucha molestia ;)
4 de Febrero, 2007 - 20:13
No es molestia en absoluto, ponte cómodo.