Lo importante que fuiste… (II)

A veces esos encuentros claves dejan menos sonrisas en el camino, incluso pueden llegar a dejar regueros de cadáveres sentimentales. Y las lecciones que se aprenden son más amargas.

Apenas un par de meses después de mi aventura en el avión con la chica de las manos destrozadas tuve el que hasta ahora ha sido mi primera (y visto como fue, espero que última) “aventura de una noche”. Por la razón que sea siempre he sido chico de pareja estable, he tenido dos relaciones largas y estoy en otra que ya va para un año. Los affaires esporádicos siempre se me han dado fatal, tan mal que con veintiocho años todavía no había tenido ninguno. Ni siquiera me había “enrollado” con alguna en mi adolescencia, nada, siempre cometo errores de primerizo tales como empeñarme en conocer bien a la chica en cuestión antes de dar ningún paso físico, asegurarme de que nos gustamos, darle importancia al sexo, esas cosas.

En su día todo esto para mí era una cuestión de principios. Ahora es un simple reconocimiento, a veces triste, de que es así como soy.

Eso no quiere decir que no haya tenido relaciones cortas, o historias que no pasaron de tres días. Pero en todos los casos para mí siempre fue mucho más que sexo con una semidesconocida, siempre me volcaba, siempre ponía mucho más de mí, siempre había mil sentimientos entremezclados. Que luego no cuajara es otra cosa.

Esta historia de una sola noche me ocurrió con una chica griega, amiga de una buena amiga mía. En aquel momento, recién abandonada la crisis, estaba más abierto y disponible a lo que fuera de lo que he estado nunca. Ella, C., salía a veces con nosotros a tomar algo y normalmente nos entendíamos muy bien, entre otras cosas porque hablaba italiano perfectamente, cosa que mi amiga no (nos entendíamos en inglés). Me parecía una chica interesante, pequeñita, algo oronda de cintura para abajo, muy blanca, el pelo muy corto y rizado y tintado de rojo rubí. Pero aparte de esa impresión superficial, no tenía ninguna otra.

Una noche fuimos todos los amigos juntos a un Pub Irlandés en Via Caduti di Cefalonia y cerramos el local tomando cerveza y riéndonos. Mi camino de vuelta a casa coincidía con la parada de autobús de C. y de una amiga suya griega que había venido de visita. Todos andábamos achispados y haciendo bromas estúpidas llenas de dobles sentidos y connotaciones sexuales. Al final cuando llegó el autobús nos dimos un beso veloz en los labios y se marchó. Al día siguiente por la noche me llamó para “ver que hacía” y quedamos media hora después, los dos solos por primera vez.

En mi cabeza no había duda de lo que iba a pasar y para lo que habíamos quedado. Dos casi desconocidos que se citan a solas de noche el día después de un beso breve. Pues eso.

No fue divertido, no me gustó, me sentí mal conmigo mismo y con respecto a ella. Tardé cinco minutos en darme cuenta de que aquello no iba a ninguna parte, que mis sentimientos eran cero y que no tenía madera para este tipo de historias. Y tuve la fuerte sensación de que para ella había sido lo mismo.

Me equivoqué. De raíz. Un par de días después quedamos, ella quería que fuera a cenar a su casa, yo se lo cambié por un café en el centro. Hablamos un rato del tiempo y de la nieve que había llegado a Bologna, y al final logramos sacar el tema de nosotros dos. Lo más tranquilamente que pude (que no era mucho) le expliqué que por mi parte prefería dejarlo ahí, que no quería que la cosa avanzará más. Ella me dijo que hubiese preferido intentar algo más, a ver que tal iba, pero que, en fin, esto es cosa de dos y si yo no quería no había más que hablar. Nos despedimos como buenos amigos y con promesas de un futuro café y hasta luego.

Lo cierto es que no esperaba que para ella aquello hubiese sido algo más que una noche furtiva entre dos personas y, pensando en mi propia experiencia, en vista de que me había confesado que ella sentía algo más traté de evitar situaciones complicadas o “clavos ardiendo”. Rechacé quedar de nuevo a solas con ella durante un tiempo, siempre salíamos en grupo, de vez en cuando me mandaba algún sms que era diligentemente contestado y aquí paz y después gloria.

Ella se marchó a Grecia un mes más tarde. En su fiesta de despedida sucedieron varias cosas (algunas muy violentas que prefiero no contar) y antes de despedirnos me dio dos regalos. Uno era un CD elaborado con mucho cariño, la portada eran unas fotografías suyas y la selección cuidadísima. El otro era un cuadernito hecho a mano. En aquel cuaderno había una especie de diario, como una colección de cartas. Todas cartas dirigidas a mí, desde que estuvimos juntos aquella noche.

En aquellas cartas había decenas de reproches, declaraciones de amor, melancolías, euforias, recopilación de muchos momentos en los que nos habíamos cruzado, en que ella había venido al Paleotti mientras yo trabajaba y nos habíamos saludado… por cada encuentro fortuito ella analizaba mis reacciones, se hacía preguntas sobre lo que había podido querer decir tal mirada o cual gesto, se lamentaba de que yo no hubiese intentado conocerla mejor. Recuerdo en una parte en la que decía algo así como “he leído en tus ojos que estabas preocupado, te comprendo, esto también es extraño para mí”.

Yo no había gastado un miserable minuto de mi tiempo en pensar en ella.

Todo aquello que ella elucubraba en su mente sobre mis pensamientos eran imaginaciones suyas. Jamás me sentí preocupado o extraño por ella, después de aquel café de “el día después” no había dedicado nada de mí mismo en en ella. Yo no me merecía aquel cuaderno, aquel CD, aquellos sentimientos. No sentía nada por ella, un cierto afecto, nada más. Después de leer aquel cuaderno también sentí compasión. Y es algo horrible.

Entonces pensé. Pensé en cuántas veces había yo imaginado, fantaseado cosas que ocurrían en el cerebro de la chica que fue el meollo de mi crisis. Pensé en que todavía la echaba de menos muchas veces, pensé en cómo me recreaba imaginándola perdida en sus pensamientos sobre nuestro breve pasado común, mirando el e-mail vacío sin saber que escribirme, echándome de menos a veces…

Probablemente no es así. Probablemente nunca hace nada de eso. Probablemente se acuerda si se topa con una foto mía o con algún regalo que le dice, o limpiando los e-mails viejos de su cuenta de hotmail. Probablemente no malgaste un minuto de su vida en pensarme.

Cada vez que me pierdo en mis sueños y delirios de importancia en su cerebro me acuerdo de C. y de su cuaderno y me recuerdo a mí mismo que, aunque creamos que lo merezcamos, muchas veces no somos más que recuerdos ajados y borrosos en la cabeza de otros.

Creo que si vuelvo a encontrarme a C. no le daré las gracias, porque explicar por qué sería demasiado amargo.

22 comentarios sobre “Lo importante que fuiste… (II)”

  1. whitmore dijo:

    Tenías razón,los tiros no iban exactamente por donde creía que iban a ir pero en este terreno no creo que valga de mucho lo ya vivido (ni sé si querría que así fuera). Sin cierto fantaseo inicial no prosperaría ninguna historia.

    (y lo de siempre, qué cosas éstas de los blogs ; )

  2. Yhebra dijo:

    Sí, esa lección es dura de aprender. Amarga pero cierta. Ah, delirios de importancia… Yo también los sufro, supongo que como recurso del subconsciente para sobrevivir. Pero cada vez más intento atenerme a los hechos y no abandonarme a las fantasías, aunque sea mucho más aburrido.

    PD: Conque confesando pecadillos, ¡eh! jejeje

  3. K dijo:

    Qué bueno, carajo.

    Es imposible estar a la altura de las expectativas de los demás. Para empezar porque la mayor parte de las veces ni siquiera sabemos cuáles son.

    Además de eso, las expectativas de los demás, para bien y para mal, no tienen nada que ver con nosotros. No son nuestra responsabilidad (casi nunca).

    Y al revés, igual. El hecho de que yo (cualquiera) espere algo de ti (cualquiera) no me da derecho a creer que lo merezco, ni que me es debido. Un error muy común. Que aprendiste de forma amarga, sí, buena palabra.

    Al escribir contagias. ¿Sabes lo que significa eso? Enhorabuena.

  4. furia dijo:

    Otra vez que entro a su blog y no me queda nada que decir porque ya el señor lo dijo todo. Acaba usted de darme una bofetada de claridad mental…

  5. Colette dijo:

    Mira tú por dónde…tanto tiempo viendo “fanshawe” por los comentarios del blog de Veva y nunca había llegado hasta aquí…me alegro de haberlo hecho al fin.
    Preciosa historia.

  6. gatavagabunda dijo:

    Oye, esto es una confesión en toda regla.

    Pero me ha dejado mal…

  7. Laurita dijo:

    Solo comentaré que me ha gustado y que me gusta tu forma de pensar, no buscaré ningún comentario ingenioso. Todo el protagonismo para usted, maestro.

  8. ladydark dijo:

    Yo (asi personalizando para que nos vamos a andar con gaitas), que no soy capaz de separar amor de sexo, me gustaría poder hacerlo, dejar aparte sentimientos y darle gusto al cuerpo sin más complicaciones. Despues de leer tu historia creo que es mejor que siga siendo tal cual, no quiero dejar dolor a mi alrededor e incomprensión. A cambio sufro como una burra, por poner todo de mi a cada instante, hasta cuando el otro te dice que sólo es sexo y crees que a base de lo que tu sientes conseguirás cambiar algo. Una ilusa fantaseando, eso es.

  9. duende dijo:

    Siempre paso por aquí, leo y me voy sin firmar. Pero hace muy poco encontré la frase que llevaba tiempo buscando para esa necesidad de que todas las relaciones importen, aunque no duren, en este tiempo inventado, más que un poco.
    “No quiero que lleves de mí nada que no te marque”, dice Drexler.
    Yo digo que si, que eso pasa, que así al menos uno se siente idiota pero no desorientado.

  10. Laurita dijo:

    Disculpe, Sr. Fanshawe. Tengo una duda que no tiene nada que ver con su hermoso relato, pero es que estaba estudiando, me ha llegado a la mente y me he acordado de que usted vive en la bella Italia.
    Ahí va mi pregunta:

    ¿Se escribe Quattrocento o Quatroccento?.

    Gracias anticipadas de una humilde (e ignorante) servidora.

  11. Fanshawe dijo:

    Quattrocento Laurita :-)

    Gracias por los comentarios y bienvenida a las nuevas.

    Fue amargo incluso escribirlo…

    Pero no, no confesaba. Lamentó lo que sucedió y me hace sentir mal, en gran parte mal por mí mismo. Tiendo a clavarme cuchillos en señal de constricción, más dramático, oh yeah, esas cosas. Pero esta vez no. Creo que no hice nada malo, excepto, quizás, poner en entredicho lo que me pedía mi propio cuerpo. Pero lamenté mucho todo lo demás.

  12. MacPhisto dijo:

    ¡A tí lo que te hace falta es echar un buen polvo!

    (Lo siento macho, pero tanto trascender se me da mal, lo sabes de sobra, necesito el humor como válvula de escape, aunque sea malinterpretado, jejejeje). (Además, aunque parezca mentira, hé aquí a uno que sí es capaz de separar amor y sexo, aunque sólo sea de vez en cuando).

    (Eso sí, chapó a las dos partes)

    Un abrazo

  13. k dijo:

    Yo también soy capaz. Y además me parece que puede ser muy divertido, aunque un poco vacío. No todo en esta vida tiene que estar lleno de algo, joder. Hay que frivolizar también a veces, un poco, sólo un poco, tanto peso es insoportable, si no. Siempre a vueltas con la trascendencia, con el corazón, con el significado, con la consecuencia.

    El dolor existe. A veces nos lo provocan. A veces lo provocamos. A veces nos lo provocamos.

    (¿En señal de constricción? ¿Contrición? ¿Construcción? ¿Contención? :))

  14. Fanshawe dijo:

    No te preocupes, MacPhisto, que alguno que otro ya lo echo :)

    Lo sé que no te va la trascendencia pero fíjate que me limito a recordar algo que sucedió hace un año. Lo he dicho muchas veces a diferentes personas pero lo digo aquí y ahora. En general en este blog ya no suelo contar lo que me sucede en el momento, a modo de diario desgarrador (desgarradoras para el señor) como en los primeros tiempos. Más bien es una reflexión constante sobre aquello que me pasó y cómo repercute en lo que soy hoy.

    No K, no todo en la vida tiene que estar lleno de algo. Y yo también soy capaz (de hecho lo hice - ver ese post tocho de arriba). Como decía antes hace tiempo esa actitud beata de “¿sexo sin amor? ¡Atrás demonios!” si que la tenía. Después, evidentemente, no. Pero en este caso no se trata de elección, o de que yo no quisiera frivolizar. Joder, vaya si quería frivolizar.

    Pero la realidad es que no fui capaz de frivolizarlo. Tuve sexo sin amor y no me gustó ni un pelo. Y de hecho envidio, y mucho, a los tantísimos (la mayoría) que sí que pueden. Por eso suelo frivolizar mucho más con el sexo que me gustaría tener si no fuera tan huevazos…

  15. snake dijo:

    probablemente la comparación más adecuada sea que el sexo sin amor viene a ser como comer sin hambre: no rellena un hueco, entretiene y, en ocasiones, termina sentando mal.

    pero la parte más preocupante es que sólo eres dueño de uno de los cuerpos en conflicto. la mente del otro seguirá libre y no podrás saber a ciencia cierta por dónde anda.

  16. Laurita dijo:

    Creo que siempre acaba sentando mal, muy mal.
    Gracias por la aclaración de ayer, Fanshawe.

  17. K dijo:

    Qué va! No siempre sienta mal. Cuando las dos personas dan y esperan lo mismo puede ser muy divertido. Que no ocurre muy a menudo, pues sí. Que se te puede ir de las manos (o al otro) pues también.

    Pero no siempre sienta mal. No hay que ser tan pesimistas, hombre.

    En realidad no es tan diferente al amor. Hay que encontrar a la persona adecuada. Y eso precisamente es lo difícil. No “lo imposible”.

    Bueno, a mí me pasó una vez :)

    (Una anécdota. La selección española de baloncesto que consiguió aquella milagrosa plata en los juegos olímpicos del 84 tenía un lema, y era: “Como no sabían que era imposible, lo hicieron”.)

  18. Veva dijo:

    Pues no se, a veces esto del sexo es como viajar en tren y establecer una relación intensa pero breve con un desconocido a quien no vuelves a ver, pero con quien durante unas horas estableces una comunicación confiada e intensa.

    También existe el polvo amistoso, el polvo gamberro, el polvo experimental…. hay tantos tipos de sexo como de relaciones humanas y no creo que sólo uno sea el bueno, la verdad.

  19. el_hilo_de_ariadna dijo:

    Yo me quedo con el polvo amistoso, como lo llama Veva. No necesitas estar enamorada de la otra persona, ni mantener una relación constante; pero sí quieres, al menos en mi caso, al otro, y existe una complicidad que para mí es fundamental en el sexo.

    Hacía tiempo que no decía ni pío por aquí…

  20. MVP dijo:

    Cuántos recuerdos… Al fin, todos somos iguales. Si, yo también me lamenté por un trovador perdido que tocaba versiones de amor con mi cuerpo.
    Todo acabó. Y, aunque no podré olvidarlo nunca, sé que él también siente y recuerda aquellos dias de frío invierno en los que nos amamos. Fué un cabrón por que no me perdonó y yo fuí peor por jugar a un juego en el qué fuí alumna de un maestro al que gané la partida… No sabía que a cambio perdía su corazón.

  21. :D dijo:

    aj siento k sto es una weada
    osea aj no

  22. :D dijo:

    ajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj es una weada

Deje un comentario