Todos y cada uno de los momentos de mi vida en Bologna están aquí. Por si os apetece.
01. Joanna Newson - Emily
02. Cocorosie - Terrible angels
03. Beth Gibbons - Mysteries
04. Death Cab For Cuties - Soul meets body
05. Mark Lanegan e Isobel Campbell - The false husband
06. Lali Puna - Scary world theory
07. Daftpunk - Aerodynamic
08. Fabrizio De André - Il testamento di Tito
09. Loituma - Ievan polkka
10. Swan Lee - Blue monday
11. Antony And The Johnsons - Cripple and the Starfish
12. April March - Cet air-la
13. Badly Drawn Boy - Something to talk about
14. Bandabardo’ - Beppeanna
15. Noir Desir - Le vent nous portera
16. Johnny Cash - Hurt
17. John Williams - Across the stars
18. Stereo Total - L’amour à 3
19. The strokes - Is this it?
Desde la impunidad del que se marcha he cogido cada una de las cincuenta espinas que tengo clavadas y las he desclavado una a una, para ver si sangran, si duelen, si dentro del agujerito que dejan se ve algo interesante. Desde el egoismo del que no tiene ya nada que perder he visitado a cada uno de mis fantasmas y he creado sombras en otros que no se lo esperaban, he dicho lo que sentia en cada momento dejando a los otros las consecuencias de las consecuencias, he decidido no dejar ninguna puerta semi abierta, las he cerrado todas de golpe o las he abierto de par en par.
Me he propuesto no dejar ni un “y si…” suelto, como si me empujara una fuerza irreconocible que viene de fuera de mí, que no puedo controlar ni quiere hacerlo, he dejado escapar cada uno de mis impulsos y ahora vuelan por cabezas y cuerpos de otros por el norte y por el sur de Italia. Me he permitido soñar una última vez con cada una de mis espinas como si cada una de las noches que he pasado con ellas fuera la última. Me he vuelto loco durante una semana y me he sentido feliz en mi locura.
Ahora tengo un cuerpo agujereado que respira tanto o más de lo que respiraba antes…
1. La mozzarella de bufala de verdad, rechacen imitaciones, está que te cagas. Pero buena, buena. Joder. Resiste. Te quedan 4 puntos para terminar el post. Dale. Cambia de tema. ¡Valor!
2. El ochenta por cierto de las calles en Nápoles parece peatonal. Ninguna lo es.
3. Los napolitanos tienden la ropa en los cordeles que atraviesan los edificios tal y como se ve en las películas. Que llueva o no es algo completamente secundario.
4. Completamente colapsado en un autobús con capacidad para 60 personas donde había unas 135, con tres coches viniendo a contramano en una calle estrella unidireccional donde había doble fila escuché, literalmente, “No sé que pasa hoy que hay poquísima gente, no hay apenas tráfico”.
Y con este último post, amigos lectores, termina la semana de las otras voces. Volvemos pronto con las voces de siempre. Espero que la hayan disfrutado.
Ayer La Muerte llamó a mi puerta.
- Bart, prepárate, he venido a buscarte.
- ¿Cómo dice? ¿Bart? No, no, Bart vive en el segundo tercera.
Y se llevó a Jaime.
Hay que ver La Muerte, con lo lista que parece en las novelas.
En cualquier caso, no debemos caer en la confianza hippy Coppoliana. El enemigo es fuerte, aunque nosotros seamos más. Los señores de sesenta años que llevan el tinglado de la distribución seguirán empeñados en que somos delincuentes, a pesar de que los millonarios son ellos. Nosotros sólo queremos ver películas. De manera que sigamos trabajando: conservemos lo descargado, en DVDs, discos duros, etc. Recordemos que hemos pagado un impuesto por ello. Luego no sólo es legal, sino que es bueno: descargar películas de internet ya da dinero a la SGAE, ergo a los autores y editores. Conservémoslo, tengámoslo organizado y compartámoslo con la gente que viene. Que los de la corbata no nos oculten el acervo cultural de tantas generaciones.
Vino hoy un sacerdote muy anciano que pasa por toda la calle bendiciendo las casas en las que le abren la puerta. Massi le abrió sin saber quien era y estuvimos un rato charlando con él. No intentó convencernos de nada. Cuando se marchó nos dijo.
Buena suerte chicos. Os deseo que envejezcais con dignidad.
Recuerdo los mercados de Strada Maggiore en Navidad, donde olores y colores nos envolvían, y por un momento pensé, como Guccini, que Bologna era toda mía…
Bologna - Francesco Guccini
Bologna es una vieja señora de flancos un poco blandos
con el pecho sobre la llanura padana y el culo sobre las colinas,
Bologna arrogante y papal, Bologna la roja y fetal,
Bologna la gorda y la humana un poco Romagna y en olor de Toscana
Bologna para mí una provincial París menor:
mercados al aire libre, bistrots, de rive gauche el olor
con Sartre que pontificaba, Baudelaire entre el ajenjo cantaba
y yo, modenés vulgar, voy a sufrir un amor, quizás también a esclavizarme.
Pero que confortable Boheme dividida entre la casa y el restaurante
cuando en cada vaso rebotan las filosofías…
Oh, qué poéticos éramos, sin pudor ni miedo
y los viejos borrachos parecían la literatura…
Oh, qué artistas éramos todos, sin pudor o vergüenza
curados entre los pórticos muslos de mamá Bologna…
Bologna es una mujer emiliana de pómulos fuertes,
Bologna capaz del amor, capaz de la muerte,
que sabe lo que importa y lo que vale, que sabe donde está el jugo de la sal,
que calcula lo justo de la vida y que sabe seguir en pie aunque la golpeen…
Bologna es una rica señora que fue campesina:
bienestar, villas, joyas… y salami en escaparates,
que sabe que el olor de la miseria que se esconde es algo serio
y quiere sentirse segura con lo que tiene encima, porque sabe de miedo.
Pero desperdicias tu olor de bienestar con el extraño binomio
de los muertos por sus sueños delante de tu San Petronio
y tus bologneses, si existen, están o ya se han perdido
confundidos y ligados a miles de mundos diversos?
Oh, cuántas palabras te cantan, alimentando los clichès de la gente,
cantando canciones que es como no cantar nada…
Bologna es una extraña señora, vulgar matrona.
Bologna niña buena, Bologna buscona,
Bologna ombligo de todo, me empujas a un hipo y a un eructo,
removido por lo que me has dado, que es casi un recuerdo, y en olor de pasado…
Escuchad: yo en esa historia del vaso medio lleno o medio vacío no he creído nunca. El hecho es que podemos contarnos cuentos, pescar acontecimientos de aquí y de allá y darles una secuencia lógica, hasta podemos pensar que si se pierde un avión quizás ese avión se habría caído. Lo que sabemos hacer mejor es encontrar excusas. A mí no me importaría que me pagasen por esto. Hacer una profesión: “Ey, oye, tengo una cena; es que no tengo ningunas ganas”. “No hay problema, estoy aquí para esto. ¿Necesitas una excusa? Toma, aquí tienes. Son 50€”
La excusa no es la clásica gilipollez que se dice: “Mira, mejor somos amigos”, o “Chaval, cuento contigo para el futuro de esta empresa”. No. La excusa es una cosa mucho más sutil: es un reto contigo mismo, un juego de argucias que se combate a golpes de florete. ¿Apostamos algo? Con la gilipollez uno se siente culpable y la sensación de culpa no es algo que todos sepan sobrellevar. Quizás después uno termina por escribir un SMS o quizás se encuentra humillado delante de un portal. Con una buena excusa, la conciencia está como bajo el efecto de un fuerte opiáceo: nflskdnf3424lkdnlfjdslkfj: ¡GUAU!
Porque la excusa no es algo que se construye a posteriori, la Excusa es el viaje, la excusa es la realidad.
Pero las cosas a veces no son lo que parece. Si sustituimos la palabra Excusa por la palabra Jaula y si, fijándonos bien, el opiáceo no lo ha tomado vuestra conciencia sino vosotros, puede suceder que, en fin, quiero decir… estáis de mierda hasta el cuello.
Puede pasar que seguís creyendo en algo que ya os importa un comino, o puede ser que seguís diciendo que sí cada vez que vuestro jefe os pide quedaros un par de horas más.
El vaso, basta con mirarlo bien, está lleno hasta la mitad.