Vino hoy un sacerdote muy anciano que pasa por toda la calle bendiciendo las casas en las que le abren la puerta. Massi le abrió sin saber quien era y estuvimos un rato charlando con él. No intentó convencernos de nada. Cuando se marchó nos dijo.
Buena suerte chicos. Os deseo que envejezcais con dignidad.
eso me lo deseo para mí… y te lo deseo a vos también
Jo, Alberto, vino un ancianito que no conocías a despedirse de ti, y te trajo buena suerte de regalo… Esto es casi mágico. Se me han puesto los vellos de punta.
¿Y qué le deseasteis vosotros a él? O:)
Furia, Yhebra, gracias :-)
Rosita, nos quedamos muditos, como el enanito sin barba…
Pero interiormente, a posteriori… toda fuerza ejercida sobre un cuerpo recibe una de la misma intensidad en sentido contrario (principio de acción y reacción…) XD XD
Vamos, que era un comentario petardo más bien el mío, por eso la aureola angelical.
Creo que después de ese deseo no hay muchos que puedan superarlo :)
Mi abuelito Cesar tiene la costumbre de bendecir a sus hijos y nietos cuando estos se lo piden. A emnudo cuando necesito protección apelo en mi interior a ese gesto del mi querido gringo viejo
Auguri.
Hace dos años, en Roma, unos días antes de Navidad, entramos a una tienda en la calle del Corso, al salir el dependiente dijo: “auguri”.
Nos miramos, sorprendidos. “¿Como sabrán que somos vascos?”
Y seguimos caminando.
(En euskera agur=adiós)
El ombligo se cierra con los viajes.
Eso me recuerda a cierto día en el que un conocido mío le abrió la puerta a unos testigos de Jehová (sin pretenderlo, claro). Ante la filípica que comenzaron a soltarle, les espetó:
“Lo siento. Es que soy adorador de Satanás”.