Archivo de Marzo de 2007

Un personaje en busca de autor

Jueves, 29 de Marzo de 2007

Dice k:

A través de estas ventanas tenemos otra vida pública, en la que enseñamos lo que queremos. Lo que creemos que nos define, con la mayor sinceridad, con toda la honestidad posible. Y los que leen saben si somos listos o tontos, tímidos o presumidos, interesantes o aburridos. Lo saben o lo deciden, no sé. Y te dejan sus hilos para que los sigas si quieres. Y tú decides si ellos…

Siempre me he preguntado cuánto hay de real en esa extraña intimidad que se crea virtualmente con tanta facilidad en estos tiempos. El verano pasado pasé por Santander a conocer a Dordoka, con la que ya compartía amistad por Internet desde hacía algunos años. Era la primera vez que nos veíamos.

Necesitamos aproximadamente unos veinte segundos para darnos cuenta de que íbamos a congeniar igual de bien en persona que por el chat. Luego pasamos dos días hablando como cotorras y poniendo una tercera dimensión a algo que estaba más que definido ya en dos.

Pero lo cierto es que no siempre ha sido así. He conocido a otras (pocas) personas con las que tenía sólo relación virtual y cualquier parecido con el feeling creado a través del ordenador era pura coincidencia. Timidez, tonos de voz, expresiones… qué sé yo. Pero hay una mezcla extraña de imaginación y verdad en todo esto de internet, de los blogs, de aquellos a los que acabas por considerar buenos amigos sin darte cuenta siquiera. A veces me recuerda a la sensación de los campamentos de verano, donde después de diez días tienes la mejor pandilla de amigos del mundo, amigos para siempre, pactos de sangre, juramentos de amistad eterna, incapacidad de soportar la idea de que no los verás más, o al menos no tan a menudo. Otras veces pienso en lo mucho que se parece al proceso de enamorar y enamorarse, esos momentos en los que das lo mejor de ti, sacas a pasear al personaje más maravilloso que tienes guardado en la manga por unas horas, días o semanas. Luego viene el yo real, a veces muy parecido al virtual (eso es lo ideal), otras bastante más mezquino o quizás mucho menos interesante.

Hay personas detrás de la pantalla que se toman la molestia de pasarse por aquí a diario y dejan un saludo, o un beso, o se enfadan, o se quedan un rato a charlar. Cuento con ellos. Ya no puedo hacer otra cosa. Y me río de mi mismo descubriendo a gente que me cae muy bien o de la que me sale decir “somos buenos amigos” cuando en realidad hay una mitad oculta que aún no conozco y, sobre todo, que aún no conocen de mí. Me gusta pensar que el Fanshawe de Reducir al mínimo no se diferencia demasiado del Alberto que ahora ronda por Sevilla, que nadie se decepcionará o se llevará a engaño cuando se cruce con mis tres dimensiones, pero lo cierto es que una parte de mí todavía se pregunta si ese Fanshawe no es más que un personaje algo snob que intenta desesperadamente enamorar a todo el que le pasa cerca…

Dos años macanudos

Miércoles, 28 de Marzo de 2007

Macanudo

¡Felicidades Liniers!

Miedo

Domingo, 25 de Marzo de 2007

Miedo

A raíz de este post de Marcos, o más bien de sus comentarios, he recordado La noche del cazador, posiblemente la película con la que he pasado más miedo en toda mi vida. Y no hace tanto que la vi.

Hay una diferencia sustancial entre el miedo indefenso a lo desconocido de cuando era un niño y el miedo posibilista a lo conocido que nos atormenta cuando somos mayores. La película de Laughton te trae directamente las sensaciones del primero, del miedo de debajo de las sábanas, un miedo terrible por indefinido, porque no es a la muerte, o al dolor, no. Es al no saber. Al no saber qué es lo que vendrá después. En las pesadillas de la infancia nunca nos ocurre nada, pero lo que parece que está a punto de ocurrir es terrible. Lo cerca que nos quedamos de ello. Como me dijo Carlos una vez, no es un miedo de escalofrío, que te haga un nudo en el estómago o te provoque palpitaciones, es más bien algo situado en un punto indefinido debajo de las cervicales, detrás del cuello. Indescriptible.

Marcos lo llama a ese miedo infantil un miedo “más puro”. Intento pensar en mis miedos presentes, lo poco puros que me parecen y lo lejos que se encuentran de lo desconocido. Creo que si tuviera que ponerle un nombre a mis miedos de hoy, del yo adulto que parezco ser, los llamaría “miedo a perderlo todo”. Ni más ni menos. En la soledad del domingo por la tarde me ha llegado una punzada de miedo a perderlo todo. Ya se pasará.

Por mi gran culpa

Jueves, 22 de Marzo de 2007

Estaba estos días sintiéndome algo culpable por tener tan abandonado el blog, víctima inmediata de la locura de trabajo y sentimientos de la que se ha apoderado mi vida desde que regresé a Sevilla. Luego se me pasó. La culpa digo.

Posiblemente eso ha sido una de las grandes cosas que he aprendido en mi período italiano, de los grandes regalos con los que llené el equipaje a la vuelta: la capacidad no de dejar de sentirme culpable, sino más bien de minimizar los daños de esa culpabilidad. Sentirse culpable hasta cierto punto me parece un ejercicio de humanidad irrenunciable, parte de esa esencia que nos hace mejor persona o al menos que nos dignifica. Algo que haces mal te hace sentir culpable. Algo que dejas de hacer te hace sentir culpable. Algo que no puedes evitar te hace sentir culpable.

Tres casos diferentes… ¿para lo mismo? Yo creo que no. Sobre todo porque los dos primeros pueden remediarse de forma práctica (repara lo que hiciste, pide disculpas, haz aquello que dejaste de hacer) pero el tercero es un gusano que se incrusta en el cerebro y el sistema nervioso y te va devorando poco a poco hasta reducirte a una sombra, a un mero recuerdo de lo que fuiste.

La culpa es un estado enfermizo que condiciona y manipula tus sentimientos, un arma mortífera en manos de desalmados que saben retorcerla dentro de tus vísceras hasta convertirte en una masa gelatinosa y anular tu voluntad. Decía Maitena con mucho humor que las madres son auténticas expertas es el manejo de la culpa. Pero no sólo ellas. No hay peor arma que sentirse avegonzado de uno mismo, porque contra eso no puedes reaccionar con ira. Si te atacan y golpean llegas a defenderte y golpear tú. Si te atacas a ti mismo sólo puedes hacerte un ovillo y recibir los porrazos.

Me he pasado la vida sintiéndome culpable por infinidad de cosas: por vivir de mis padres, por no conseguir trabajo en cuanto dejé la carrera, por dar tumbos económicos y sentimentales, por la indecisión amorosa. Por dejar de querer.

Dejar de querer es un sentimiento tan horrible que la única posible redención es la tortura, el recordarte en cada momento cuán miserable eres, en condenarte a la escala más profundamente baja del peor de los infiernos. Soy, soy, soy, pocas palabras son todas las que encuentras para ahondar en la herida que te permite soportar mejor el terrible sentimiento de culpa que te asuela y te aplasta. Si eres castigado, la culpa sabe mejor. La culpa que te impide poner las cosas en su sitio, la culpa que te lleva a olvidar las razones profundas de todo lo que rodea a tus actos, la culpa que te lleva al maquillaje de las realidades que podrían redimirte, que hace que cierres los oídos a las voces sabias de los que ven el bosque desde fuera.

La culpa que se niega tajantemente a ser perdonada. Porque sabes que si te perdonas tendrás que aceptar que ya no te sientes culpable.

Siento la ausencia estos días. Pero ya he vuelto.

Una erosión en positivo

Lunes, 12 de Marzo de 2007

C: Me preguntó: ¿Tienes dinero?
¿Tienes un buen piso?
Aquí estoy, si me necesitas.
Yo: Macho…
C: Cuando te dicen algo así, en un momento en el que tu sexto sentido está hiperdespierto, SABES si es un farol o no.
Lo sabes, verdad?
Yo: Claro que lo sé…
C: Él no mentía
Yo: Vaya… este chat me lo voy a guardar…
C: Simplemente le dije: una cerveza de vez en cuando. Tu compañía, unas risas, nuestras clases. Eso es más que suficiente.
Pues bien, no sé cuántas cervezas hemos tenido desde entonces.
Y por dios, tío, que esto no suene trágico, vale, es una mera constatación de hechos que, en cualquier momento, habría podido solucionar: en realidad, creo que es el único amigo que tengo aquí.
Yo: Vale, entiendo qué quieres decir.
C: Nunca pretendí ser su amigo. ¿Cómo puedes ser amigo de alguien con el que apenas hablas?
¿Alguien a quien apenas conoces?
Cuyos temas de conversación son: ¿qué tal el trabajo? ¿qué tal tu semana? ¿qué tal el subjuntivo?
Pero es algo tan lento, tan sutil, tan subterráneo.
Hoy se le han vuelto a llenar los ojos de lágrimas cuando le he dicho que me marchaba.
Yo:
C: Se ha puesto nervioso, le han temblado las manos.
Solamente me ha dicho: “Va a ser duro no tenerte conmigo”
Y fin de la conversación.
Yo: Me estás poniendo la piel de gallina
C: Pues chico, es que ha sido así.
A los cinco minutos, ha sacado su agenda, me ha mirado y me ha dicho: “¿Qué cosas te falta por hacer aquí?”
Le he dicho. Ha apuntado. Ha sugerido otras.
Ya hay fechas.
No habla. Hace.
Es una especie muy rara.
Yo: Que tio… que tio…
C: Nunca había conocido a alguien así. Tú, por ejemplo, hablas y haces.
Yo: Está fuera de la realidad. O pertenece a la realidad del cine
C: J también. Habla y hace. MJ: habla y hace. Palabras, hechos, de la mano.
Pero esto me ha cogido desprevenido, de verdad, Alberto.
Me he vuelto llorando a la Uni.
Yo: No me extraña
C: No le das importancia, porque te pasas la vida con otros códigos. Nosotros nos manifestamos continuamente y nos
emocionamos continuamente.
:)
Pero esto llega sin avisar.
Un lunes
Otro lunes
Otro
Otro
Yo: Esto es algo contenido… extraño…
C: Sí.
Es exactamente eso, algo contenido. Algo paciente. Se ha desarrollado en tres largos años. En menos tiempo, habría sido
imposible.
Yo: Casi una erosion en positivo
C: Pues sí…
Yo: Creo que acabas de provocar mi primer post de verdad desde que volvi a Sevilla…

Como si tal cosa

Domingo, 11 de Marzo de 2007

Me escribió una amiga hoy de esas que me leen pero no dice nada porque le da vergüenza para ver qué tal llevaba mi reencuentro con Sevilla. Decía que había visto que estaba actualizando poco y añadía “espero que sea porque estás tan ocupado que no tienes tiempo, y no porque el regreso haya sido demasiado complicado”.

Es cierto que he estado más ocupado en estos diez días que en los cuatro años anteriores. He vuelto a Sevilla como si tal cosa, empecé a trabajar a destajo la mañana siguiente a la llegada y hasta el día de ayer no me he dado una pausa. Luego celebré el cumpleaños y volví a ver a los viejos amigos, el primer reencuentro real, como en los viejos tiempos, todos en mi salón escuchando música para carrozas y buscando cualquier excusa para reírnos.

Decidí, cuando volví, dejar de hablar de Italia por algún tiempo en este blog, como parte del proceso de asimilar que he dejado mi casa para volver a Sevilla, como una declaración de intenciones de mirar hacia adelante. A veces se me olvida que nadie me obliga a escribir sobre nada, pero en esto de los blogs parece que se crean una especie de reglas involuntarias de las que uno a veces no sabe como pasar.

Estas cosas que escribo por aquí están tan ligadas a mi viejo agujero en via Nosadella que cada vez que pienso en enfrentarme al administrador de wordpress no sé ni siquiera por donde empezar. Porque me siento un poco un impostor intentando recuperar mis sensaciones de allí. Es difícil construir una nueva forma de hacer las cosas cuando las viejas ya te habían empezado a gustar. Es como jubilar el par de zapatos más cómodo. Igual.

Lo seguimos intentando. Tengamos paciencia.

Cómo sé que ya estoy en casa

Miércoles, 7 de Marzo de 2007
- Niña, ¿andestán los nataos de quingüi?

Una señora en el supermercado Dia preguntando por los yogures desnatados de kiwi

Uno menos

Martes, 6 de Marzo de 2007

Para los 30.

Este año me quedo con los 29.

Este es el regalito de Carlos :-)

Reducir al mínimo 2.0

Sábado, 3 de Marzo de 2007

Siete horas de viaje es mucho tiempo para reflexionar sobre lo que estás haciendo y sobre lo que has hecho, aunque no tengas ganas de hacerlo. Sabes que tienes unos cuantos días de contar una y otra vez la misma historia: qué planes tienes, vuelves para siempre, y ahora qué, y ahora qué, y ahora qué… estás de malhumor y cada vez que te dicen “por fin estás en casa” te contienes para no responder de mala manera que “casa” era aquello.

Ciertas presencias me ayudan todo lo que pueden: Josefina me espera con un bocadillo en Atocha para hacerme más ligeros los 40 minutos de espera, Yhebra ha mantenido caliente la casa y ha llenado la nevera, Johnny me llama para decirme que me preocupe ahora mismo de aterrizar y que ya nos veremos cuando pasen las primeras semanas. Flauzia me deja un mail en el correo diciéndome que cuando la melancolía me ataque brutalmente tiene preparada un pack revival de Bologna en su casa. Me dice que en esta Sevilla que no es la suya, yo soy parte de Bologna.

Mi casa que lo fue durante más de veinte años se me presenta como una extraña donde tengo que preguntar cómo se pone la lavadora, dónde están las toallas y cual es mi cama. Miro por la ventana y me parece que todo sigue igual, aunque nada sea lo mismo ni remotamente. Nadie me habla en italiano y desde el correo electrónico me llegan decenas de mensajes de amigos allí lejos que me dicen: “mi casa es tu casa”.

Massi, mi amigo, mi hermano, mi compañero de piso, mi mitad de corazón en Bologna, se despide de mí en su blog dejando un guiño a nuestras madrugadas de Play Station jugando ambos con argentina e insultando a un árbitro virtual a gritos. Todavía no he tenido valor de desempaquetar esa maldita consola.

Tengo una tentación brutal de abandonarme a la nostalgia y recrearme en ella pero he vuelto por una razón y esa razón no entiende de tiempos de luto, me requiere hoy y ahora mismo.

Así que me toca volver a reducir al mínimo porque tres años después vuelvo a empezar una mudanza mental… estáis por ahí, eso me reconforta…

Fin de la primera parte

Jueves, 1 de Marzo de 2007

Hasta aquí llegamos. Reducir al mínimo continuará siendo la guía de una mudanza mental pero ahora desde el sur de España, por un tiempo al menos. Mi cuarto está vacío y la caja de cartón que era mi mesita de noche, plegada. Dentro de una hora y media entraré en el taxi y le dejaré las llaves a Massi.

Nos leemos pronto. Gracias por la compañía en este largo mes de despedida.