Archivo de Mayo de 2007

El desencanto

Lunes, 28 de Mayo de 2007

Que la política es cosa de los políticos no es verdad. La política de los medios de comunicación, de las grandes frases y de la ruptura de España, la que se ve en las promesas televisadas y en las campañas de imagen no tiene demasiado que ver con todo un universo de personas, de izquierdas, conservadores, nacionalistas, que deciden remangarse y cambiar lo que creen que se debe cambiar y pelear por lo que se consideran justo. El descreimiento hacia la “clase política” (y senadores romanos, no te jode) es parecido al desapego que tantas veces sufren colectivos completos por acciones concretas: los médicos peseteros e inhumanos, los funcionarios vagos y desagradables, los sindicatos chorizos, los policías abusadores… y escondidos tras unos cuantos despreciables hay una legión de personas que intentan hacer las cosas lo mejor posible y con toda la honestidad del mundo. Y es que la política local es mucho más que Sebastián y Gallardón, y por supuesto mucho más que Zapatero o Rajoy.

Hace bastantes años me tocó cubrir unas elecciones municipales con la radio en la que estaba de prácticas. Tuve la posibilidad de conocer en persona y escuchar durante una hora a todos los candidatos a la alcaldía de Sevilla, formarme una opinión real de ellos como personas y como personajes, como políticos y como vendedores. También de leerme sus programas (era parte de mi trabajo) y sobre todo de, posiblemente por primera y última vez en mi vida, votar con plena consciencia y consecuencia de lo que estaba votando. Realmente confiaba en el candidato y en el programa al que voté, después de haber hecho un ejercicio largo y meditado de todo lo que me estaban ofreciendo.

Mi candidato perdió, de manera escandalosa además. Se había pasado cuatro años peleando y trabajando muy duro por conseguir cosas en las que creía, había conseguido con su grupo avances importantes en materias municipales estancadas y que parecían irresolubles. Dio igual. En una ciudad de un millón de habitantes ciertas cosas, como el trabajo municipal, muchas veces importan bien poco. Recuerdo su desencanto cuando terminó la noche electoral y como no pudo evitar musitar entre dientes “yo lo dejo, que les den por saco”.

Una muy buena amiga lleva cuatro años trabajando dentro de un pequeño ayuntamiento de pueblo, codo con codo con concejales, alcaldes y un grupo de personas convencida de lo que está haciendo por su pueblo. Ha visto como al llegar la campaña electoral su trabajo se ha visto cubierto de mentiras y mierda arrojada en la puerta y como, extrañamente, sus jefes, los políticos que gobernaban, han decidido no caer en la provocación ni rebajarse a una guerra de chusma repugnante. Convencidos, han decidido seguir trabajando y sentirse satisfechos de ver como su pequeño municipio ha mejorado una barbaridad en cuatro años.

Ayer perdieron las elecciones entre acusaciones falsas y con los oídos pitándoles de mentiras y mierda.

Que alguien recupere mis ganas y mis creencias, que alguien me diga que las cosas no son siempre así, que la política puede ser algo más que un espectáculo de circo o una partida de Risk, llena de estrategias y manipulaciones. Y sobre todo que alguien me diga que el desencanto de mi amiga no le va a impedir seguir creyendo que hay que implicarse y luchar más allá de cualquier otra cosa. Que alguien me diga que se le pasará su desencanto y que no sólo en los libros las cosas son justas.

Ánimo preciosa.

Hoy es el día…

Viernes, 25 de Mayo de 2007

Cacahuetes

Gritos en el pasillo… se estrena hoy.

¡Feliz día del orgullo friki!

Actualización:

Un bonito banner :-)

Gritos en el Pasillo

Por cierto, descargar la peli en la web a toda velocidad cuesta la miseria de 1′99 € por una semana y 3′99 € pa que os la quedéis pa siempre…

Recuerdo cuando iba al cine

Jueves, 24 de Mayo de 2007

A mi correo electrónico aún llegan e-mails de sitios a los que yo solía ir cuando estaba en Bologna. Uno de ellos era el cine Nosadella:

Queridos amigos,
Vuestro cine preferido… cierra.
No es una broma, las dos salas del cine Nosadella terminarán sus proyecciones el domingo 27, ya no habrá más, en su lugar encontraréis apartamentos, mucho más beneficiosos, y que forman parte de un proyecto de recalificación urbana (snif) llevado a cabo por el ayuntamiento.

Nosotros, Enrico y yo, hemos intentado, con nuestra pasión por el cine, dar personalidad al Nosadella, un local único, realmente independiente y no ligado a ningún circuito, os hemos ofrecido muchas “joyitas”, tal vez películas de las que no habíais oído nunca hablar (como las que tenemos ahora mismo en programa) que os han dejado estupefactos, emocionado… pero dejemos los recuerdos para el próximo e-mail.

Os damos las gracias.

Os pedimos también, si queréis, que protestéis, que no lo dejéis pasar como una cosa de tantas de las que se suceden (leed en nuestra página la bonita carta de Roberta y las otras que siguen llegando).
Os pedimos también que, si por casualidad, conocéis un sitio donde tal vez podamos mudarnos… bastarían entre 600 y 800 metros cuadrados para hacer 150-200 sitios, para vosotros, si no venís todos juntos de golpe…

Hasta pronto (venid aunque sea sólo para que nos despidamos)

Mauro

Cuando buscaba piso en Bologna lo primero en lo que me fijé de mi apartamento era que estaba enfrente del cine Nosadella. El criterio de programación era, básicamente, “lo que nos va saliendo de los cojones”, con cosas como poner todos los lunes una película en versión original sin subtítulos o reestrenar una peli de tres años antes… porque a los dueños le gusta.

Recuerdo mi cine Rialto y sus programas dobles, mi cine Azul y sus escalones, mi cine Becquer y sus poltronas enormes… recuerdo cuando ir al cine significaba algo en sí mismo, el olor emocionante de la sala de terciopelo rojo y el reconocer, otro año más, al mismo tipo que siempre te ha vendido las entradas. Recuerdo como fueron cerrando poco a poco y me obceco y me empeño en seguir yendo a los pocos viejos cines que quedan en Sevilla y esquivando todo lo que puedo los megacines de los centros comerciales. Cuando ir al cine era algo importante, algo realmente importante.

Me quedo con una cosa: Mauro y Enrico no se rinden. Hay gente que no se rinde nunca, joder. Esos si que son los imprescindibles.

Un poco de orden

Miércoles, 23 de Mayo de 2007

He estado rodeado de supernenas y bajo el “shirimiri” (andaluz, amelie, andaluz) cinco días, luego de anfitrión de un calabrés perdido por Sevilla y todo esto aderezado con lo mínimo que se despacha en horas de sueño.

Hoy intento ponerme al día, limpiar feeds y bandeja de entrada, limpiar casa, limpiar mente, ordenar ordenar ordenar… por aquello de ponerme en marcha de nuevo con la ergonomía en su sitio.

Ruego me disculpen la ausencia. Seguimos por aquí.

Cinco cosas que, seguramente, no sabes sobre mí

Martes, 15 de Mayo de 2007

En estos días en los que estoy poco o nada imaginativo, me encuento en lo de Zifra un meme perfecto para egocéntricos exhibicionistas como yo. Así que se lo robo.

Se trata de contaros cinco cosas que, probablemente, no sabéis sobre mí. Es un ejercicio yo diría que casi imposible, porque entre lo bocazas que soy en este blog y que hay ciertas personas que me conocen mejor que yo mismo pues…

Pero vamos a intentarlo, a ver que sale…

1. En el primer premio literario al que me presenté, en Roquetas de Mar, cuando tenía 17 años, conseguí el segundo premio y cincuenta mil pesetas, una fortuna para mí. Luego me presenté a otro concurso en Los Palacios (Sevilla) y no gané. Desde entonces y hasta esta mañana no me he vuelto a presentar a ninguno por un absurdo y ridículo miedo al fracaso.

2. Tengo un CD de grandes éxitos de Chiquetete. Lo compré yo. Con mi dinero. Voluntariamente. A callar.

3. Tengo una ex de hace muchos años a la que le guardo muchísimo rencor. Tanto que no quiero encontrármela porque temo tener la tentación de decirle barbaridades hasta hacerla llorar. Y aún temo más el estar casi seguro de que me sentiría bien haciéndolo.

4. Tengo un temor irracional a los murciélagos. En mi barrio, en Sevilla, hay muchos por la noche y no me atrevo nunca a asomarme en el balcón por si se me enganchan en el pelo. Esa fobia me nació cuanto tenía el pelo muy largo pero me sigue durando hasta ahora.

5. Una vez estrellé mi coche contra un todo terreno en Pamplona. No me pasó nada pero rompí el motor y el coche fue declarado siniestro total. A pesar de lo que he contado muchas veces la culpa fue mía, me distraje como un idiota y sin tener por qué distraerme.

Hala. Como es un meme robado no se lo paso a nadie, pero mis comentarios son vuestra casa.

Ah, no, se lo paso a Veva, por bocazas :P

Entre acordes y humo

Martes, 8 de Mayo de 2007

Cuando tenía 16 años empezaron a gustarme mucho los cantautores. Ya me gustaba Aute desde antes (Slowly, ¿recuerdas?) pero fue con el “Mano a Mano” con Silvio Rodríguez que empecé a consumir cantautores como un loco. Incluso me hice buena parte de la colección que editó creo que Orbis Fabbri, donde había discos y autores de todos los colores: Joan Baptista Humet, Labordeta, Lluis Llach, Raimon, Pablo Guerrero, incluso Mari Trini o Cecilia. Por supuesto tenía mis favoritos: el gran Silvio en la cúspide, la segunda línea con Aute, Víctor o Sabina, y la base potente, con Llach, Serrat y los jovencitos que salían en aquel momento, como Pedro Guerra o Ismael Serrano. Era todo un universo por descubrir, lleno de canciones que me parecían maravillosas de gente como Luis Pastor o Amancio Prada, nombres que había oído alguna vez en boca de mis padres o, sobre todo, de mi tía Esperanza.

Cuando tenía 16 años el hermano mayor de mi amiga Marta (que era una niña con un pavo adolescente de manual) tocaba en un grupo llamado “Los Rowlands”, nombre puesto por un bar en el que se juntaban David Summers y su banda en la película “Sufre Mamón”. Los Hombres G eran una referencia para ellos, cosas de la edad :-). Marta estaba enamorada del cantante del grupo, que hacía pop facilón ochentero, en un momento en el que lo que quedaba de la movida ya se terminaba de desintegrar. “Los Rowlands” tocaban en un bar llamado Café Sevilla (ahora se llama “Rayuela”) en el centro, y allí que fuimos una noche a verlos. Justo antes de los Rowlands tocaban dos cantautores locales: Alfonso del Valle y Pepe Camacho. Pepe tenía una voz y un estilo calcados a los de Serrat, contaba chistes malos y sólo le acompañaba su guitarra. Sus letras eran maravillosas. Alfonso en cambio era un tío que me parecía muy mayor (e igual sólo tenía 35 años, pero cuando tienes 16 todo es relativo), cantaba más bien regular y sonaba más pop. Le acompañaba una banda pequeñita, con una chica al bajo y un chico a la percusión.

Me enamoré de ambos al momento. Cuando terminó el concierto fuimos a hablar con ellos y yo me sentía en un sueño, hablando con los artistas, con esos dos enormes que habían estado apenas un segundo antes sobre el escenario. Nos contaron que tocaban cada martes en la Carbonería, un bar del que yo no había oído nunca hablar. Entre las 22 y la 1, más o menos.

Puf, Martes, pensé. Miércoles hay clase, salir de noche entre semana, hasta tan tarde… Armándome de valor, le conté a mi madre que había visto unos cantautores geniales, que eran de Sevilla, que me gustaban mucho… y que tocaban los martes en la Carbonería. Mi madre sí conocía la Carbonería. No tengo la menor idea de qué se le pasó por la cabeza en aquel momento. Yo siempre había sido un niño muy bueno y responsable, al igual que mi hermano, siempre había sacado buenas notas y llegado a horas decentes a casa. Posiblemente era la primera vez que le pedía algo a lo que se sintió tentada a responder que no, que no podía hacerlo. Me gusta pensar que en el fondo le hacía ilusión verme enamorado de los cantautores, superando mis temores y poniéndome delante de ella para pedirle permiso, recordando lo que significaron para ella Victor y Ana, Serrat, Labordeta en algún momento de los años setenta. No lo sé.

Pero el caso es que me dejó ir, con la única condición de volver siempre en taxi.

Y así, durante un año, fui todos los martes a la Carbonería a escuchar al viejo Alfonso, a Pepe, a veces tan envidioso, a Joaquín, el mejor de todos ellos y también el más soberbio, al bueno de Manolo Guerra, perdido en textos imposibles y en su amor por Silvio. En aquellas mesas largas compartidas, donde un paquete de cigarrillos era el de todos (aunque yo no fumara por aquel entonces), donde a nadie se le ocurría levantarse a la barra sin preguntar a los demás si querían algo, aunque no los conociera; allí, donde nos sentíamos importantes porque creíamos que cantaban sólo para nosotros, porque cuando llegábamos venían a saludarnos y nos dedicaban canciones, donde empecé a hacerme mayor, a ver como ellos también eran terrenos, se divorciaban, se peleaban, tenían envidias, a veces no tenían cuerpo para salir a cantar.

Allí, entre acordes y humo, donde en algún momento de la noche Alfonso nos contaba, otra vez más, la historia de esos dos amigos suyos que acabaron poniendo una pastelería y vivían como dos locos muy felices entre tartas de café…



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Yo es que soy así

Jueves, 3 de Mayo de 2007

Un comentario de Ninotchka en un post anterior me ha hecho recordar la vieja teoría del huevo duro, del buen doctor Jaelae. Últimamente ando dándole vueltas a ese tema en mis conversaciones, esos “tics” inmovilistas sobre rasgos más o menos importantes o definitorios de nuestro carácter que damos por descontados. Parece como que uno cogiera ciertas cartas del mazo en los primeros quince o veinte años de nuestra vida sin reparar en ningún momento en que la baraja sigue encima de la mesa y en que no hay regla alguna que nos impida coger cartas nuevas o descartar las viejas.

Me llevé años odiando los champiñones. Creo que en algún momento, siendo bastante pequeño, los probé y no me gustaron; desde entonces los champiñones formó parte de mi particular (y corta) lista negra de alimentos. A los 15 años pasé un mes de julio en el sur de Inglaterra. La señora que nos acogía había leído mucho a Dickens y eso de darnos de comer y tal no era algo que contemplase con demasiada frecuencia. Una noche salimos todo el grupo del viaje a cenar a una Crepería francesa y el primer crepe era… de champiñones. Gastaba tanta hambre que me lo comí sin pensar. Lo que sí pensé es que no estaban nada mal. En algún momento entre los 6 y los 15 años a mi cuerpo le empezaron a gustar los champiñones. Pero juro que si me lo hubiesen preguntado la noche antes hubiese puesto una genuina mueca de asco.

Yo nunca me enfado (¿seguro?); me trago cualquier película, me gusta todo (¿cuál fue la última que te gustó?); soy muy tímido y pudoroso (¿no estabas anoche cantando en el karaoke?); mi hermano y yo no nos entendemos (diría que hace diez años que no discutes con él); soy muy desordenado (¿has visto que tienes los CDs por orden alfabético?)… tics, frases hechas que adoptamos en algún momento aproximadamente al final de la adolescencia y que tomamos como bandera sin preocuparnos de verificar periódicamente que siguen siendo ciertas.

Yo es que soy así, siempre analizando.

Cuentos mínimos

Jueves, 3 de Mayo de 2007

Mi cuentista favorita abre garito: Cuentos mínimos.

Que ya era hora.