Archivo de Octubre de 2007

¿Quién es Calcetines de Colores?

Viernes, 26 de Octubre de 2007

Pues es la nov… la parej… la chic… la compañ…

Bueno, que lo explique él mismo.

De la importancia de los objetos

Lunes, 22 de Octubre de 2007

Hace algunos meses, durante el verano, C. se pasó una tarde a visitarnos unas horas en Santiago. Después de una noche increíble llena de encuentros inesperados (y no siempre bienvenidos. Aunque los encuentros no bienvenidos tienen la innegable cualidad de ser fruto inmejorable de anécdotas que se repiten una y otra vez. Pero eso es otra historia), cafés de madrugada, chistes muy malos y puritos aún peores, a la mañana siguiente comprobamos sin demasiada sorpresa (que ya nos conocemos) que se había marchado sin hacer ningún ruido para no despertarnos. Nos dejó una nota, o mejor dicho todo un pergamino de buenos días y muchas gracias. Para ello utilizó todo lo que quedaba de un rollo de cocina, que no era poco. En el corazón de cartón marrón que dejó aparte había escrito con rotulador negro: “de la importancia de los objetos”.

Ayer estuve leyendo una reseña en el blog de mi querida Baronesa de Munchausen sobre un libro de Antonio Tabucchi: La línea del horizonte. Tabucchi es un autor fundamental para mí. Pero no para mi manera de escribir (aunque a lo mejor también) ni tampoco para mis referencias culturales. Tabucchi es fundamental para todo lo que soy hoy, para la construcción del ser humano que escribe estas letras. Hace diez años una amiga me regaló Sostiene Pereira por mi cumpleaños. Ese libro me fascinó por muchas razones, es uno de los pocos libros que empecé a leer de nuevo en cuanto terminé su última página. Varió mi forma de entender la literatura y a los escritores, amplió mis lecturas y mis gustos, produjo alguna extraña transformación en mí de la que yo no era muy consciente.

Pero sobre todo me abrió los ojos a Italia.

Cuando meses después me inscribí en un curso de italiano del Instituto de Idiomas (al que sólo fui a dos clases) una de las primeras preguntas que tenías que hacerte con tu compañero para practicar era “¿Por qué estudias italiano?”. Yo contesté:

Io studio italiano per leggere Antonio Tabucchi

Yo quería estudiar italiano para leer a Antonio Tabucchi en versión original. No se me pasaba por la cabeza lo estrecha que sería mi relación con Italia siete años después.

En abril de 2005 mi buena amiga Tatiana me invitó a pasar unos días en su piso cerca del Vaticano, en Roma. En aquel momento había tocado fondo anímica y sobre todo moralmente y cualquier cosa que significase un cambio era agarrada por mí con desesperación. Hice una bolsa con dos mudas y un pijama y me fui a la estación de trenes de Bologna. Mientras esperaba mi tren me paré a husmear en el quiosco de la estación. Y allí, entre cómics de Lupo Alberto y revistas del corazón, estaba una edición de bolsillo de la editorial Feltrinelli de un libro de Antonio Tabucchi: Il filo dell’orizzonte.

Recordé de golpe aquella frase: Quiero estudiar italiano para leer Antonio Tabucchi. Estuve a punto de derrumbarme en aquel quiosco al no reconocer ni un pelo de aquel chaval de 19 años que se metió a aprender italiano apasionado por un escritor. Compré aquel libro y pasé las cinco horas de trayecto traqueteante e incómodo intentando comprender algo de esa novela. Mi italiano aún no era demasiado bueno y la prosa de Tabucchi era particularmente compleja, llena de metáforas, de dobles sentidos, de sutilezas. No entendía casi nada pero me aferraba a aquellas páginas como si fuesen lo último que me quedaba para mantenerme cuerdo. Y hasta es posible que así fuera.

Aquel viaje no fue estupendo, ni un bálsamo, ni un lugar donde lamerme las heridas. Pero son historias que no vienen al caso. Lo que si viene al caso es recordar como mi insomnio me ayudó a terminar un libro que no entendía y mientras lo leía me repetía una y otra vez: “quiero estudiar italiano para leer Antonio Tabucchi”. Y ya lo estaba leyendo. Pero en realidad estaba luchando por no olvidarme de quién era yo. Terminé el libro de madrugada.

La mañana en la que me fui de Roma desayuné con calma, por única vez en aquellos pocos días, a solas en la cocina con Tatiana. Sin saber por qué me puse a canturrear Todo se transforma de Jorge Drexler. Tatiana intentaba entender la letra pero se le escapaban las palabras así que se la traduje como pude. Me dijo “¿me la copias en español?”.

Así que cogí Il filo dell’orizzonte y escribí la letra de la canción en la primera página. Luego dejé el libro sobre la cama del cuarto de invitados y me marché.

Quería comentar tu reseña, Cristina, de verdad. Pero he sentido que o te decía todo esto o no te decía nada. Al fin y al cabo, ¿cómo explicarte lo importante que es ese libro, aunque ni siquiera recuerde de qué trata?

Otra sombra que cobija

Viernes, 19 de Octubre de 2007

La primera vez hablé de una sombra que cobijaba hace más de dos años. La segunda ha sido esta mañana, en el Teatro Abandonado de este mes. Espero que os guste.

Códigos compartidos

Miércoles, 17 de Octubre de 2007

Mi hermano me regaló, hace bastantes años, una antología poética de William Butler Yeats. Era una edición preciosa, con tapa blanda de cartón reciclado, sobrio, elegante, lo que uno imagina cuando piensa en un libro de poesía “tipo”. Estaba en inglés, un idioma que, a pesar de tener títulos que dicen lo contrario, no domino en absoluto. Lo justo para defenderme, capaz de leerlo con cierta comodidad, de entenderlo si me hablas clarito y de hablarlo si no tengo que hacer discursos complicados.

Un día, a C. y a mí se nos ocurrió traducir uno de esos poemas, con un diccionario en mano, mucha imaginación y mucha paciencia. Abrimos el libro al azar y salió éste:

863. When You are Old

WHEN you are old and gray and full of sleep
And nodding by the fire, take down this book,
And slowly read, and dream of the soft look
Your eyes had once, and of their shadows deep;

How many loved your moments of glad grace,
And loved your beauty with love false or true;
But one man loved the pilgrim soul in you,
And loved the sorrows of your changing face.

And bending down beside the glowing bars,
Murmur, a little sadly, how love fled
And paced upon the mountains overhead,
And hid his face amid a crowd of stars.

En alguna parte, él o yo, debemos de tener ese folio en el que escribimos nuestra traducción, después de un par de horas bregando con el texto y buscando respetar el espíritu, la cadencia y la musicalidad del poema. No tengo ese papel conmigo. Pero puedo aventurar, más o menos, cómo tradujimos los primeros versos.

Cuando seas viejo y canoso y lleno de sopor,
y adormecido por el fuego cojas este libro,
y lentamente leas, y sueñes con la leve mirada
que tus ojos tuvieron una vez, y con sus sombras profundas.

Realmente disfrutamos mucho aquel día. Mucho.

Bastante tiempo después se me ocurrió buscar el poema traducido en internet. Busqué primero a Yeats sólo, pero me resultó difícil y engorroso encontrar lo que estaba buscando entre tanto poema suelto. Luego busqué “cuando seas viejo” o “cuando seas anciano” pero tampoco tuve suerte. Finalmente lo encontré buscando Yeats+”cuando seas”. Esto fue lo que encontré:

Cuando seas vieja, y canosa y vencida por el sueño,
Y dormitando junto al fuego, tomes este libro,
Y lentamente leas, y sueñes con la dulce belleza
Que tus ojos tuvieron antaño, y con sombras
profundas;

Cuántos amaron tus momentos de alegre donaire,
Y amaron tu belleza con amor falso o sincero,
Pero sólo un hombre amó en ti tu alma peregrina,
Y también las tristezas de tu rostro cambiante;

Y cuando inclinada junto a las barras candentes,
Murmures, con ligera tristeza, de cómo el Amor
huyó
Y anduvo allá arriba por los montes
Y escondió su rostro entre un tropel de estrellas.

Jamás se me había ocurrido que el poema pudiera tratar de otra cosa que no fuera la amistad. Cuando vi que era un poema de amor crepuscular, de recuerdo del amor perdido y de añoranza de sentimientos lejanos me quedé desconcertado.

En aquel momento, como en tantos otros, C. y yo compartíamos un código concreto que nos llevó de la mano y en línea recta hacia un destino determinado, sin dudas ni dobleces, sin ramificaciones.

He vuelto a recordar esta historia porque hace poco la gata me contó cuánto se había emocionado al ver la última película del director italo-turco Ferzan Ozpetek, No basta una vida, y cómo se había emocionado aún más M., con quien había ido a verla. Luego me he encontrado por todas partes críticas entre tibias y muy negativas hacia el filme, algo prácticamente unánime. Tanto que creo que hasta ahora sólo he encontrado positiva la opinión de ellas dos. Pero lo cierto es que ambas leyeron la película en una clave parecida, sin darse cuenta compartieron un código humano y sentimental que iba más allá de lo que simplemente aparecía en la pantalla. Eso que hace que te rías a más no poder con una película que muchos otros consideran estúpida. Pero es que cuando tú la viste érais seis amigos del instituo que hacía meses que no os veíais y aquella película fue el fin de fiesta en casa de uno de ellos después de una jornada memorable de recuerdos y cariño. Y lo que os pudisteis reír, y no va a haber crítico o “cahiers” que te haga pensar lo contrario: aquella era una gran película. Aunque salga Adam Sandler.

Me maravillan esos momentos de comunión humana, de silencio acompañado, de mentes entrelazadas, de códigos compartidos que por más inexplicables que sea, son espectaculares.

Midiendo calidades

Lunes, 15 de Octubre de 2007
Se sabe en qué tipo de boda estás en función de la calidad de las croquetas que te sirven.

Mi hermano, en el convite de la boda de mi prima

Buenísimas estaban, por cierto.

Libro de Notas

Lunes, 8 de Octubre de 2007

Hace algo más de dos años, no recuerdo exactamente como (probablemente a través de mi hermano), acabé poniéndome en contacto con Marcos Taracido, responsable junto con Roger Colom y Carmen Castro de Libro de Notas. La idea era que me sumara al cuerpo de “corresponsales” en el extranjero de LdN y escribiera, con la periodicidad que me diera la gana, unas cartas desde Italia, tratando de dar una visión del país trasalpino desde el punto de vista del español que lo mira a diario con ojos de asombre. Mi formalismo con esas cartas fue entre poco y ninguno y Marcos, con una paciencia enorme, siempre me daba recordatorios cariñosos por e-mail, a ver si le mandaba la carta prometida alguna vez. Yo no sé cómo me aguantaba.

En vista de los antecedentes, me pareció aún más sorprendente que se atreviera a proponerme como anotador diario, es decir, uno de los responsables de que en la portada de la web siempre haya entre 4 y 6 recomendaciones diarias. Decidido a no decepcionarle, me lancé con pasión a esa tarea.

Ha pasado un año de eso.

Ahora mis responsabilidades en LdN son mucho mayores (de hecho, en parte por eso no publico tanto por aquí). Conocí en persona a Marcos hace unos cuantos meses, en Santiago. Es un tipo serio, diría que “nervioso-controlado”, honesto, cabezota y con un sentido de la dignidad y de la decencia muy desarrollado.

Y un cascarrabias.

Posiblemente es una de las personas a las que más admiro de todas las que conozco. Desde hace años carga con la mejor página web en español (es lo que pienso), sin moverse ni un milímetro de lo que cree que es justo, sin renunciar bajo ningún concepto a sus principios y sin venderse nunca a nadie. A nadie. Para mí, trabajar en Libro de Notas es un motivo de orgullo y satisfacción diario, se me llena la boca diciendo que soy parte de ese proyecto a todo aquel que quiera oírme. Y no tiene ni idea Marcos de que en momentos muy chungos y de autoestima bajo mínimos, mi responsabilidad para con LdN me ha sacado a flote.

Desde hace una semana Libro de Notas ha cambiado de diseño. Ahora los columnistas propios tienen más importancia que las anotaciones diarias. Es un paso más. Y yo he contribuido a él.

Gracias Marcos. Que nunca te las doy, joder.