Archivo de Enero de 2008

El año en que odié París

Martes, 29 de Enero de 2008

Corría el ya famoso 1998 cuando en un arrebato muy pensado (nótese la paradoja) compré junto con mi novia de entonces y otros dos amigos cuatro billetes de Interrail, una zona, y me lancé a conocer mundo, en el que sería el primero de muchos viajes en tren que traería mi vida. Pisamos Holanda y Bélgica y echamos un día en Amsterdam, un par en Brujas, otro en Bruselas y a la vuelta vegetamos sobre la pedregosa y fea Niza. Pero el objetivo real de aquel viaje era conocer París así que, aprovechando la casa de la prima de Diana allí en la zona cinco de la capital francesa, pasamos once días el la ciudad más romántica del mundo con la intención de conocerla a fondo.

Recuerdo a las chicas con la bandera francesa pintadas en los labios, el Sena y los Campos Elíseos vacíos, París casi completamente en silencio. Era el día de la final del mundial de Francia, y Zidane aplastaba al Brasil de Ronaldo sin tapujos.

Casi no recuerdo nada más.

Por circunstancias puramente personales (es decir, por la nociva relación que tuvimos mi ex y yo en aquel viaje), durante mucho tiempo recordé París con odio y asco. Me daban igual torres eiffeles, ríos y puentes mágicos, louvres y rodins, me daban igual Amiens o Chartre, en mi cabeza París era ira en mi interior, desear que terminaran aquellos días, amenazas, dolores de cabeza… en fin, lo contrario a un viaje soñado.

Hoy el Dr. Malcolm ha tenido a bien recoger el guante que le lancé y contarnos lo que estuvo haciendo allá por el año 1998, el año donde, dice, empezó a odiar un poquito Bologna. Gracias a que él escribió una entrada llamada Unibo.it en su blog yo aparecí en su vida (y el en la mía) hace ya casi dos años. Se dice pronto. El tiempo ha pasado y hemos aprendido a no llamarnos de usted, hemos compartido tapas y sol, nos hemos dado cuenta de que nos entendemos francamente bien. Quiero pensar que eso, eso y otras cosas que no sé pero él sí, le ha llevado a perdonar, un poquito, a la maléfica Bologna que tan malos tragos le hizo dar en 1998.

Hay que perdonar a las ciudades, testigos involuntarios de tu propio drama interno pero receptores de iras y odios, de rencores infinitos que son muy difíciles de borrar. Tendré que perdonar a aquella Paris que me parecía vacía y hueca cuando era yo el que no contenía nada dentro, o a esa Venecia que en mis tres visitas, tres, siempre ha sido una especie de infierno dantesco en tierra para mí; o a la Verona que después de sus dos amantes para mí significó un viaje de dos horas simplemente para destruir y romper definitivamente cosas construidas con infinita paciencia. Sí, tendré que ir a Verona a perdonarla, ya que mi Monia se muda para allá y seguro que en pocos meses la llena de sentido para que, como se hace con los amigos con los que no quieres estar enfadado, acabe riéndome y brindando por la composición del cloro mientras nuestras sonrisas delatan que no, que ya no estamos enfadados, que te he perdonado.

Perdonar ciudades, que dura tarea, pero se puede. Como cuando fui a Rímini, la Rímini de Fellini y Amarcord, a pasar el día entre amigos y tebeos y al volver reflexionaba y me admiraba de cómo no quedaban restos de rencor hacia aquella ciudad fea, turística, comercial que me acogió cuando abandoné Sevilla para siempre por primera vez. Porque, no sé si os lo he contado, cuando yo llegué a Italia no aterricé en Bologna sino en la casa de Amelia en Rímini…

Atendemos los días 29 por la mañana

Martes, 29 de Enero de 2008

Queridos pacientes, el Dr. Breavman abre consulta en libro de notas.

Quiero una segunda opinión.

Explicaciones a la gallega

Miércoles, 23 de Enero de 2008

“A ver, es que eso es como si escoges A o B, o, por ejemplo, X”

    La gata intentando explicarme algo, quién sabe qué…

¿Dónde estaba yo en 1998?

Domingo, 20 de Enero de 2008

Andaba replanteándome si era tan buena idea estudiar Periodismo, y eso que ya estaba en tercero de carrera. Fui a ver dos veces Titanic y otras dos Mejor Imposible pero la que más me gustó aquel año fue L.A. Confidential. Odiaba a Bon Jovi y pasé un Interrail a medio camino entre la fascinación y la pesadilla. Aún no conocía a C. ni a Mariajo. A Yhebra sí, pero aún no sabía que la quería tanto. Enrique apareció a finales de ese año con el pelo más corto y muchísimo más canijo, convencido de que Quevedo tenía mucho más que decir de la sociedad actual que cualquier filósofo contemporáneo. Me sentía atrapado sentimentalmente (y luego no fue pa tanto) y fui a ver a Sabina por segunda vez y a Aute por tercera. Conocí (y olvidé) París - además el día de la final del Mundial -, Amsterdam, Niza y Brujas. Juanito se fue de Erasmus a Alemania y me di cuenta de lo mucho que lo echaba de menos: le mandé un pack con recortes, músicas y muchos abrazos; pensar que estuve a punto de perderlo… Belén me regaló Leviatán de Paul Auster, el tío ese que había hecho Smoke y me cambió mi manera de ver el mundo. Por primera vez en la vida superé los sesenta kilos de peso (y no volví a bajar de ahí hasta 2005). Intenté aprender italiano por primera vez pero lo dejé, como tantos otros primeros intentos. Mis padres meditaban en serio comprarse una casa fuera de Sevilla y rechacé una beca Erasmus en Hull (Inglaterra) aún no sé por qué. Porque desde luego me habría ahorrado bastantes años de mala sangre. Una idiotez de Zubizarreta le dio un gol a Nigeria y nos mandó a tomar viento antes de empezar. Me fijé en otra chica, sólo por un momento, pero no se lo conté a nadie. Era infeliz.

Todo lo anterior puede no corresponder al 98. Pero el 98 es un estado de ánimo, y si no que se lo digan a los chicos del Zemos 98, que están de decaniversario. Así que felicidades.

¿Qué escuchabas en el 98 K? ¿Qué pelis veías gata? ¿Estabas ya en Sevilla, Dr. Malcolm? ¿Pensabas ya en cambiar de vida hermano? ¿Dónde estabais en el 98?

Todo sigue en orden

Domingo, 20 de Enero de 2008

Mientras termina de secarse la pintura y reordeno los muebles os dejo mi cita mensual con el teatro abandonado:


Todo está en orden

Llueve hacia arriba

Martes, 15 de Enero de 2008

Supongo que esto sí que es la Galicia que esperaba encontrarme cuando decidí mudarme al norte más norte de la península. Ah, chove en Santiago…

De vuelta. Poco a poco pero de vuelta…