Archivo de Marzo de 2008

De esta me despiden

Miércoles, 19 de Marzo de 2008

Me temo que he dejado una gran gamberrada este mes en el Teatro Abandonado. Fue bonito mientras duró…


Endogamia de Pascua

Albóndigas con patitas

Jueves, 6 de Marzo de 2008

Dotado de una lógica aplastante, el niño Juan Cosaco preguntó en cierta ocasión a su madre que cómo eran las albóndigas cuando estaban vivas. Llevaba más razón que un santo, claro, ya que en su imaginario los pollos o los conejos o el pescado tenían un correspondiente “vivo” bastante claro. Pero, ¿albóndigas?

A partir de ese post se me ocurre intentar acotar un poco el extraño niño que fui yo también (como todos, vaya).

Con dos años me comía la arena de la playa. A puñados. Con ambas manos. A veces aparecía alguien que le decía a mi madre “Señora, su hijo se está comiendo la arena“, a lo que mi progenitora contestaba “ya lo sé, es que le gusta“.

Con cinco años mis padres me llevaron a una capea taurina en un cortijo sevillano, organizada por el antiguo jefe de mi madre. Supongo que podéis imaginar el tipo de persona que había por allí, así como su clase social y su orientación ideológica. En un momento dado mi madre me perdió de vista y se puso a buscarme por aquella finca. Finalmente dio con una sala grande adornada con cabezas de toros y otros animales donde muchas personas hacían corrillo alrededor de algo. Ese algo era yo subido a una silla. Dicen que estaba soltando un discurso del tipo “porque vosotros los ricos oprimís a los pobres y a los obreros, si les pagarais justamente la riqueza estaría mejor repartida y...”. Mi madre, avergonzada, me cogió en brazos para sacarme de allí. Uno de los señoritos que me había estado mirando le preguntó: “Señora, ¿este niño que lo ha tenido con Felipe González o qué?”

Con nueve años me gustó mi primera niña en serio. Se llamaba Dunia y era de Morón. Me trataba fatal. Su hermana mayor, Rebeca, era muchísimo más cariñosa conmigo, pero la que me gustaba era la otra, a lo mejor por ese nombre tan molón. Estas navidades, haciendo espeleología en internet con mi primo, el Dr. Breavman, aparecieron los nombres de Dunia y Rebeca. De la primera no sabemos nada. La segunda anda por Alemania en un macroencuentro de DJ: ahora se llama DJ Recca.

Más o menos con esa edad y bastantes años después, Breavman y yo jugábamos a “hablar”. Esto es, nos metíamos en el mar en la playa de Isla Cristina e improvisábamos una ficción, un auténtico culebrón, a veces con superhéroes y otras con un campamento de verano. Nuestros padres nos miraban alucinados preguntándose de qué narices estaríamos hablando.

Mi diversión del sábado por la noche con 12 y 13 años era ir al videoclub Papillón. Nada más llegar escogía una película (clasicos como No matarás… al vecino o Superdetective en Hollywood II) y luego me pasaba hasta las diez de la noche, hora de cierre, hablando con Kiki, la chica que atendía los sábados. Creo que estaba loco por ella pero era una chica tan “mayor” que ni siquiera me daba cuenta de ello.

Siempre había sido un niño gordito. Con 13 años adelgacé de golpe. Me di cuenta cuando en uno de los campamentos hice algún comentario sobre mi peso y una chica me dijo “¿Tú? ¡Pero si eres un palillo!“. Y sí que lo era.

Con quince años me atreví a hacer esquí acuático en una ciudad al sur de Inglaterra. El instructor nos aconsejó que si sentíamos que nos caíamos soltásemos el mango enganchado a la lancha motora para evitar rebotar y hacernos daño. Después de muchos intentos logré ponerme en pie sobre los esquíes. Cuando la lancha giró a la derecha solté el mango de golpe. No me caía en absoluto pero yo lo salté. Estuve volando unos cuantos segundos.

Con dieciséis años decidí dejar de afeitarme y de cortarme el pelo. Volví a rasurarme la barba más de dos años después. No me reconocí el rostro en absoluto y fue todo un shock verme tan mayor de golpe. Desde entonces he llevado perilla, rasurado mosquetero, barba mega arreglada, patillas, lenteja bajo el labio y, últimamente, afeitado Ahmadineyad.

El día que cumplí treinta años escribí un post en este blog con el nombre “Albóndigas con patitas”.