Se me olvidó autoespamearme hace tres días con mi Teatro Abandonado de cada mes. Allá va:
Archivo de Abril de 2008
Permitido mirar
Martes, 22 de Abril de 2008¡Teatro!
Lunes, 14 de Abril de 2008Que guapa estabas ruliña. Pero guapa, guapa, ¿eh?, aunque tu papel iba de eso, claro. Te noté un poco manojito de nervios, pero no en el escenario, no, antes, cuando asomamos la cabeza por el salón de actos y te vimos terminando de prepararte. Nos dijiste hola con la mano y juraría que temblabas como una hoja de navaja afilada. Pero luego en escena no, ricitos, en escena estuviste estupenda. La gata me decía que, pasase lo que pasase, en ningún momento podría dejar de verte a ti sobre el escenario. Yo te confieso que me olvidé de que eras tú la que andabas debajo de la piel de la vecina tontuna y buenorri. Bueno, menos cuando dijiste que no te dejaban comer chocolate. Ahí sí que eras tú, sin dudarlo.
Tenía a tu hombretón a mi izquierda y era divertidísimo como se ponía colorado por solidaridad y empatía contigo. Sabes de lo que hablo, ¿no? Eso de taparse la cara, muerto de risa, pensando “ay ay ay ay ay ay, que está en escena, que hace de tonta, ay que risa, ay que punto, ay que me da, ay que vergüenza, ay ay ay”. Pero se meaba de risa en su asiento, y yo también. Eso a pesar de que el eco de la sala y el gallego de aldea de alguno se me atravesaba a veces, pero me reía igual. Y que frío, tú, vaya frío que se pasaba en ese auditorio de Narón, madre mía, vaya sitio para estrenar.
Lo siento por los sinsabores del año y porque hayas sentido que no te salió todo lo bien que tu creías. Te equivocas, salió mejor que eso y aún más, se me pasó volando la hora y media mientras os movíais sobre el escenario en esa comedia absurda de enredo con tantos y tantos esquemas reconocibles que era casi como que suene una canción que sabes de toda la vida por la radio. ¿Qué haces cuando pasa eso? Cantas, ricitos, cantas, no puedes hacer otra cosa. Así que allí estábamos nosotros, como aquella otra vez estuve yo, sólo que al otro lado, tu novio, tus amigos y un porcentaje inabarcable de señoras de tercera (y cuarta, y quinta) edad. Era hilarante ver como, seguramente poco acostumbradas a ir a ningún teatro, participaban de la obra, os hacían preguntas, os sugerían cosas, ay no abras la puerta, ay como venga el inspector ahora; eso, eso es comunión con el público, si señor. Así que a la porra el frío, el eco y mi no-lengua madre y que se levante el telón y que viva el espectáculo, esa emoción íntima que sólo se siente cuando te subes ahí arriba y empieza todo. Milagro, todo un milagro, año tras año.
¿Sabes que sentí cuando te vi allí sobre el escenario, ruliña? Envidia. Envidia cochina de ti y de los demás actores haciendo algo tan increíble. Habría pagado por estar encima con vosotros, en lugar de abajo, sentado en el patio de butacas.
Bien hecho, rizos. Me siento orgulloso de ti.
Un pequeño privilegio
Sábado, 12 de Abril de 2008Sé que resulta recurrente en mí hablar de mis años escuchando cantautores en La Carbonería, pero es que anoche volví a acordarme de aquellos días con bastante nostalgia. Concretamente me acordé de un chico, Víctor, que algunas veces acompañaba a Pepe Camacho con la guitarra e incluso cantaba segundas voces. Una vez le puso música a un poema mío (que valor, que huevos) y me sonaba mucho más bonito que cuando lo escribí, sin dudarlo (menos mal que abandoné la poesía, madre mía). Era tan tímido que cantaba siempre en voz muy baja y sin separar los ojos de su guitarra. Probablemente tenía unos 19 años, aunque a mí me pareciese mucho mayor que yo, y lucía una perilla de mosquetero que le daba un aspecto aún más frágil.
El caso es que Víctor muchas veces venía con otro amigo suyo (¿Rafa?), ambos vestidos de negro, nacidos veinte años después de cuando les tocaba, auténticas enciclopedias de la música de cantautor. A veces, cuando los conciertos de los martes se terminaban, nos quedábamos unos cuantos a cantar muy mal a voz en grito canciones en catalán de Raimón y temas viejos de Paco Ibáñez. Una de esas veces Rafa, muy achispado, cogió su cerveza, la elevó al cielo y recitó con voz clara y firme:
Vengan a ver,
el palacio irreal
que inauguramos ayer
con alfombras de barro
y tapices de papel,
a la luz de la una,
a la luz de la luna,
a la luz de las dos,
a la luna de las tres.VENGAN A VER
LO QUE NO QUIEREN VER
Víctor lo miró sonriendo y dijo: “Grande, grandísimo Luis Pastor”.
Anoche arrastré a la gata al club de Jazz Dado Dadá porque Luis Pastor presentaba su último disco, Nesta esquina do tempo
, una serie de poemas de José Saramago a los que el cantautor extremeño (afromeño dice él) les pone música y voz. Llegamos, nos acomplamos en una mesa un poco escondida, pegada a la pared, y nos dispusimos a esperar que el concierto empezase.
¿Qué éramos, cuarenta, cincuenta personas tal vez? Delante de un grupito mínimo de personas, Luis Pastor subió al escenario acompañado a la guitarra por su Antonio de siempre y se colgó en el rostro una sonrisa inmensa que no abandonó en toda la noche. La sensación de volver a estar en La Carbonería, delante de los de siempre, que él cantaba para nosotros y sólo para nosotros, como cada martes… me sentí un privilegiado por oírle hablar de los emigrantes de la periferia de España que crearon los barrios del extrarradio de Madrid, por recordar a Pablo Guerrero y hacernos cantar Evohé, por recordar a Violeta Parra tocando la percusión contra su propio pecho, por los ruidos de caballos y cascos, por la risa que regaló sin parar. Por ponerme la piel de gallina haciendo sonar el auténtico himno de Extremadura, un canto a su pequeño pueblo natal en el que, dice, con pasar por allí ya es suficiente…
Haz descender una estrella
que bañe mi cuerpo con toda su luz.
Tráeme paisajes de encina en tus ojos
un verde pintado de azul,
limpia de nubes mi cielo,
llena mis horas de miel
tú mi lucero, mi flor de jara, ven.
¿Te acuerdas de la épica?
Viernes, 11 de Abril de 2008Sí, tronco, del Alavés, ¿no te acuerdas? Te conté la historia a ti, que el fútbol te importa mucho menos que cero y te quedaste alucinado. Claro, el tema de fondo no era el partido sino del momumento a la heróica que se puede llegar a montar desde la nada. La cosa era así, más o menos: El Alavés, un equipo modesto y carne de segunda división resulta que por una serie de carambolas se clasifica para la Copa de la UEFA, esa competición donde la clase media baja futbolística se deja los huesos y la clase alta está condenada a ganarla sí o sí, si no quieren que se lo echen en cara.
Total, que eliminando a rivales tan extraños en la UEFA como el Rayo Vallecano resulta que el Alavés se planta en la final, toma ya, el Alavés, tío, que eran los más modestos posibles. Y delante el Liverpool, ¡el Liverpool!, vaya nombre para una final. Así que ahí se meten los del Alavés en el campo y empiezan perdiendo. Pero empatan. Encajan otros dos y vuelven a empatar. El Liverpool coloca el 4-3 casi al final y en el último suspiro vuelve a empatar el equipo de vitoria. 4-4, tronco, aquello era increíble. Y en la segunda parte de la prórroga, casi casi a punto de llegar a los penaltys, en un corner el pobre Geli en lugar de despejar cabecea hacia atrás y se mete el gol en propia puerta. 5-4, fin del partido, Liverpool campeón, el Alavés llora. Al día siguiente un diario deportivo inglés titula: “Gloria, honor y respeto al Alavés”. Y en el subtítulo: “El Liverpool gana la final de la UEFA”. Para los británicos el nombre que tenía que quedar grabado era el de los vitorianos. Eso es la épica. Ya lo decía mi primo, esa historia es tan épica porque la cuenta el Alavés, que fue el que perdió. Ganando no sería igual.
Es que me acordé anoche de eso viendo al pobre Getafe empatando a tres en el minuto 120 de partido contra el Bayern de Munich, ¡El Bayern de Munich, tío! ¿Habrá algo con un nombre más imponente que eso? Con apodos como “el Kaiser” o nombres como “Kahn”. Impresiona.
Y anoche, cuando acabó el partido me acordé de ti y pensé en el Alavés y me acordé de como intenté contarle a una chica en Italia lo que significó aquella final de la UEFA. Ella no hacía caso, no me escuchaba, repetía como un mantra: “No me gusta el fútbol, no me interesa el fútbol, no me gusta el fútbol”. Yo intentaba hacerle ver que NO estaba hablando de fútbol pero ella seguía sin hacerme caso. Y allí estaba yo, en Bologna, desconcertado por no lograr hacerle entender lo que para ti fue tan fácil de ver. Necesidad de contar, dicen.
Así que entre el agujero que se me creaba dentro y la necesidad de contar, lo que fuera, cuando fuera, contar y contar otra vez, un 11 de abril de 2005 decidí abrir una bitácora y llamarla Reducir al mínimo. Hace hoy tres años exactos de eso.
Y viva el Alavés. Siempre.
Rescatunating post
Miércoles, 2 de Abril de 2008Este blog no caduca pero a veces me parece que si no dejo un post entre tanto desierto igual me lo cierran. En fin, que no voy a dejarlo pero es cierto que ando muy atareado y no veo el momento (ni el motivo claro) para poner algo aquí.
En realidad esto es un pequeño conjuro. Siempre que digo en público que no tengo nada que contar al día siguiente publico treinta entradas :P
Eso. Que sigo vivo.