Sólo hay dos cosas decentes que se pueden hacer con una casa semiabandonada: dejársela a alguien que la habite y la quiera como se merece; o bien reinventársela.
Sólo hay dos cosas decentes que se pueden hacer con una casa semiabandonada: dejársela a alguien que la habite y la quiera como se merece; o bien reinventársela.