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Bloomsday (Kamloops, BC, Canadá)

Martes, 16 de Junio de 2009

El rato que hay entre que me despierto y me levanto no existe. La gata vagabunda viene a despertarme cuando necesita café, no antes, donde se arregla los bigotes (o lo que quiera que hagan los gatos por las mañanas), no después, donde sale corriendo a por un autobús que casi nunca se le escapa. Ella viene porque necesita café y ya está bien de dormir, así que entra en la habitación. El chirrido del suelo hace el resto.

Luego hay un rato, corto, largo, depende, que no existe. Tengo los ojos abiertos pero no miro nada, trato de mover un pie pero sin objetivo concreto. El único pensamiento que cruza por mi cabeza es, tal vez, no siempre, muchos días no, hoy no por ejemplo, decidir si vale la pena pedir una prórroga de sueño.

Las prórrogas de sueño sólo valen la pena si has dormido menos de seis horas. En ese caso puedes dormir otras seis más si es necesario. Pero si has dormido lo suficiente, una prórroga de sueño no es más que gula de dormir, como cuando sabes que estás lleno, lo suficiente, pero podrías pedir otra igual que la que acabas de comerte. Concéntrate, me digo en esas, concéntrate en dentro de quince minutos y en el arrepentimiento de haber repetido plato. Si logro concentrarme lo suficiente el hambre que no es hambre se esfuma y me siento orgulloso de una victoria más contra un pecado capital, malo, pecado malo, no se come tanto, se come lo justo, se bebe lo justo, se folla lo justo, se fuma lo justo, se duerme lo justo.

No pido prórroga de sueño generalmente. No la pido porque la gata nunca me la niega, o si me la niega pero con psicología invertida. ¿Quieres quedarte durmiendo, me dice, quieres? Ese quieres es sincero pero es lo que me empuja a responder que no y alzarme, pum, pam, espina dorsal arriba, giro a la derecha, arriba deprisa o no te levantas. Dos horas sentado son peores que dos horas echado.

Hoy no pido prórroga y no se me ocurre pedirla, así que sólo miro a la pared y a la puerta del armario y a las grietas de la pintura, las grietas que se formarán, no las que tienen. Ese trozo de día no existe, es un trozo en el que no duermo ni pienso, ni juego, ni escribo ni analizo ni duermo ni nada. Diez minutos de nada, minutos que no existen. ¿Cuántos minutos de nada me salen en la vida si los sumo? En Canadá unos cien. Seguro que más.

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El resto del día da lo mismo.

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Canadá me ayuda a aplazarme cada día. Es una bendición esta ciudad en la que aplazarse no tiene nada de malo.

La bandeja de entrada de mi correo electrónico se realimenta sola, va conectada a una batería impulsada por una dinamo que consiste en un reenvío de correos circulares, chat abierto, respuestas pendientes, tengo que, has de, siempre hay prioridades, el periódico, el foro, procrastinar es la palabra de moda.

Una amiga me dice “cómete la rana primero”. Mal asunto si contestar los e-mails de los amigos es comerse la rana. En realidad tengo un servicio completo de ranas, incluido este diario, ranas de desayuno, ranas de bocadillo de las doce, ranas de tarde, ranas de yoga, ranas de cena y ranas y más ranas. Me gustan las ranas, esa es una buena pregunta.

¿Me gustan las ranas?

Algunas.

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El yoga es una tortura consciente que me inflijo. Evito cruzar la mirada con Christina, la profesora, para no caer en su pregunta de si todo va bien, que es lo que dice sin abrir la boca cuando cruzamos la mirada en el yoga. Entonces miro a la gata por detrás y ella siempre lo lleva mejor. Normal, cuando tienes la elasticidad de seis cajas de chicle boomer.

El yoga es una gran rana que me dice que estoy oxidado y que gran parte de mi vida transcurre en la superficie de un ordenador portatil más bien pequeño. Eso no es bueno ni malo ni regular: es. Estuve escuálido y al borde de la desaparición, después me calmé en Galicia y engordé casi treinta kilos. Ahora tengo un aspecto que me parece, me parezco más normal y acorde con lo que quisiera. Pero me descubro añorando mis huesos, como si supiera que no voy a volver a verlos.

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En Canadá está prohibido desnudarse la mayor parte del tiempo.

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El yoga ha ido bien porque en algún momento hacia la mitad me dije que la única manera de creer en magia, ovnis, homeopatía, acupuntura, reflexología, catolicismo, budismo, tantra, betis y otras cosas es la puritita fe. A la mitad, digo, saco la fe a pasear y todo va mucho mejor. Eso debe ser el yoga, cuando uno saca la fe a pasear y todo va mejor porque la fe limpia conciencias. Un rato. Más rato no quiero conciencia limpia, la quiero como un estercolero y exprimirla como un pomelo apretado a mala hostia.

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No hay día en el que no piense en Italia al menos cinco minutos. Hoy ha sido más rato. Pero no hay día en que no haya al menos cinco minutos.

Esto es una forma de hablar, sólo eso. A veces son menos de cinco. Algunos días no pienso en Italia. Sólo que no me acuerdo.

6:48 hora española, nueve menos en Kamloops. Acabo de caer en la cuenta de que sólo recuerdo haber soñado una vez en los dos meses que llevo aquí. El sueño era decimonónico, nunca había tenido sueños de época. Cómo cojones sabrá mi sueño en el país en el que estoy.

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Buenas noches Portnoy. Buenas noches a los demás.

I wanna dance a slow…

Martes, 24 de Abril de 2007

Que te reciban en un aeropuerto semivacío con una carrera y un abrazo partecolumnas.

Que te persigan los hinchas del Sevilla por todo el centro de Coruña y no poder evitar reírte con ellos.

Ver caer una tormenta brutal sobre Riazor desde la calma del mirador más alto.

Conocer Mares, Marinas y Marías y despedirte de ellas con abrazos de corazón.

Pelearte con una radio de coche por encontrar M80 Pontevedra… lejos de Pontevedra.

Que cada bar al azar que pises en Santiago te parezca el bar más bonito que has visto en tu vida.

Que Galicia la gris y lluviosa te regale cinco días de sol de justicia y cielo nítido.

Despertarte cada mañana y que el Obradoiro te salude desde cualquier ventana y te pregunte si quieres quedarte.

Pisar suelo de madera. Encontrar un poster de cine en cada esquina. Dejar distraidamente el cepillo de dientes en el baño sin tener intención alguna de llevártelo.

Ser plenamente consciente de que si no fuera porque tienes quien te guíe, perderías encantado el mapa de Santiago y a ver que pasa.

Ver una obra de teatro en gallego y olvidarte de que no conoces el idioma. Es más. Estar convencido de que Sí lo conoces.

Volver a ver a Antonio Vega y a Aute en un escenario casi por sorpresa. Volver a escuchar “La chica de ayer” y no mirar ni una sola vez al escenario mientras suena.

Volver a bailar un slow with you tonight…

Con ella…


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Revisar al mínimo

Lunes, 16 de Abril de 2007

Recuerdo la historia de una fotógrafa norteamericana que durante diez años, diez, se hizo una foto polaroid cada martes, sin faltar a ni uno solo. Siempre a las 11 de la noche. Hiciera lo que estuviera haciendo. Si dormía siempre se las arreglaba para despertarse y fotografiarse. Si hacía el amor se detenía para fotografiarse. Incluso una vez recogió un premio a esa hora y se fotografió en mitad de los agradecimientos.

520 semanas que le mostraron de forma frontal y hasta sobrecogedora el paso del tiempo, su proceso de madurez y/o envejecimiento entre los 23 y los 33 años. Es casi tocar con los dedos, casi poder ubicar perfectamente el momento en que cambias de un estado físico a otro en tu vida. Es casi ver crecer la cana a tiempo real. Es casi ver aparecer la arruga. Es casi…

Casi.

Para un firme ombligocéntrico como yo es demasiado tentador no repasar de vez en cuando los primeros posts de mi propio blog. Hay visitantes, recién llegados, veteranos que se incorporaron a mitad de camino, que a veces sienten curiosidad por saber cómo empezó todo y pinchan en el enlace de la derecha que dice “Abril 2005″. La mayor parte de las veces no comentan por pudor. El tipo que escribió aquello ya no existe. Pero a veces si dejan un comentario. Entonces vuelvo a empezar el proceso de revisar al mínimo quién narices era aquel tipo deprimente que arrancó hace dos años para no volverse loco en una ciudad desconocida.

El blog cogió su propia voz con el tiempo, a partir de algún punto tenía una unidad, una coherencia interna. Casi puedo ver el momento en el que dejé de estar triste, en el que me desenamoré, casi puedo identificar cuándo toqué fondo, casi veo la línea que marca el antes y el después de muchas cosas.

Casi.

Como si tal cosa

Domingo, 11 de Marzo de 2007

Me escribió una amiga hoy de esas que me leen pero no dice nada porque le da vergüenza para ver qué tal llevaba mi reencuentro con Sevilla. Decía que había visto que estaba actualizando poco y añadía “espero que sea porque estás tan ocupado que no tienes tiempo, y no porque el regreso haya sido demasiado complicado”.

Es cierto que he estado más ocupado en estos diez días que en los cuatro años anteriores. He vuelto a Sevilla como si tal cosa, empecé a trabajar a destajo la mañana siguiente a la llegada y hasta el día de ayer no me he dado una pausa. Luego celebré el cumpleaños y volví a ver a los viejos amigos, el primer reencuentro real, como en los viejos tiempos, todos en mi salón escuchando música para carrozas y buscando cualquier excusa para reírnos.

Decidí, cuando volví, dejar de hablar de Italia por algún tiempo en este blog, como parte del proceso de asimilar que he dejado mi casa para volver a Sevilla, como una declaración de intenciones de mirar hacia adelante. A veces se me olvida que nadie me obliga a escribir sobre nada, pero en esto de los blogs parece que se crean una especie de reglas involuntarias de las que uno a veces no sabe como pasar.

Estas cosas que escribo por aquí están tan ligadas a mi viejo agujero en via Nosadella que cada vez que pienso en enfrentarme al administrador de wordpress no sé ni siquiera por donde empezar. Porque me siento un poco un impostor intentando recuperar mis sensaciones de allí. Es difícil construir una nueva forma de hacer las cosas cuando las viejas ya te habían empezado a gustar. Es como jubilar el par de zapatos más cómodo. Igual.

Lo seguimos intentando. Tengamos paciencia.

Espinas

Sábado, 24 de Febrero de 2007

Desde la impunidad del que se marcha he cogido cada una de las cincuenta espinas que tengo clavadas y las he desclavado una a una, para ver si sangran, si duelen, si dentro del agujerito que dejan se ve algo interesante. Desde el egoismo del que no tiene ya nada que perder he visitado a cada uno de mis fantasmas y he creado sombras en otros que no se lo esperaban, he dicho lo que sentia en cada momento dejando a los otros las consecuencias de las consecuencias, he decidido no dejar ninguna puerta semi abierta, las he cerrado todas de golpe o las he abierto de par en par.

Me he propuesto no dejar ni un “y si…” suelto, como si me empujara una fuerza irreconocible que viene de fuera de mí, que no puedo controlar ni quiere hacerlo, he dejado escapar cada uno de mis impulsos y ahora vuelan por cabezas y cuerpos de otros por el norte y por el sur de Italia. Me he permitido soñar una última vez con cada una de mis espinas como si cada una de las noches que he pasado con ellas fuera la última. Me he vuelto loco durante una semana y me he sentido feliz en mi locura.

Ahora tengo un cuerpo agujereado que respira tanto o más de lo que respiraba antes…

Tres frases crípticas que me definen

Domingo, 18 de Febrero de 2007

- Yo nunca mataría a Carlos el primero.

- Lo importante es la historia.

- No lo tengo todo tan claro, es que hablo así.

… ¡Ey! ¡Casi parece un meme! Genial, entonces se lo paso a las chicas de Hanami, al profesor Sagan, al Dr. Malcolm y a Ladydark.

Y a Itz… no, a izt no.

Un pequeño insecto

Jueves, 8 de Febrero de 2007

Tengo un puntito de ansiedad y otro puntito de insomnio. Nada que no se quite respirando hondo, fumando despacio o viendo alguna serie de televisión. No tengo nudo en el estómago ni en el pecho, pero sí la boca seca y una ergonomía horrible en mi habitación. Las paredes huelen a humo y me he dado de vacaciones hasta el domingo para no hacer nada y no sentirme mal por ello.

Me llega un regalo extraño, una especie de lámpara que cambia de color cada pocos segundos. Está encima de mi mesa, parece un duendecillo de esos de las películas de Miyazaki y durará poco porque no lo he apagado desde que me lo dieron.

Mis amigos del blog son discretos, que cosas estas la de los blogs, como dice Whitmore, y me mandan besos y abrazos en dos líneas al correo electrónico y me llaman Alberto y dejan lo de Fanshawe para otras cosas.

En uno de esos mails alguien me dice que me imagina recogiendo los trastos, cerrando las ventas y abriendo otras. Yo le digo que me veo más bien empaquetando todo despacio para que no se acabe enseguida y viviendo una secuencia que pasaría muy rápida en cualquier película, un montaje acelerado de los que se usan cuando alguien se mudo para no aburrir al espectador con los detalles. Porque, al fin y al cabo, no está sucediendo nada. Y en ese último plano la habitación esta vacía, como siempre y yo apago la luz.

Ha calado el frío en Bologna y debe quedar un solo insecto vivo. Está aquí conmigo, en mi habitación, de madrugada. Se ha cruzado varias veces por delante de la pantalla del ordenador. Está medio atontado, fuera de estación, y he estado a punto de matarlo. Luego he decidido que no, que mejor que se quede volando por aquí.

Lo que da de sí día y medio en Milán

Lunes, 11 de Diciembre de 2006

1. Milán es fea de cojones. Ya lo siento. Pero como todos los sitios en los que he estado en mi vida, tiene rincones donde me quedaría a vivir para siempre.

2. Una de cada tres chicas con las que me cruzo parece salida de una escuela de modelos, o a punto de entrar en una escuela de modelos, o recién llegada a la ciudad y buscando una escuela de modelos. Eso no quiere decir que sean necesariamente guapas.

3. Después de esperar 45 minutos a que pasara una lluvia horrorosa en la galería que conecta el Duomo con La Scala me he replanteado las cuentas que se hacen en las manifestaciones. En algún momento sí que creo que llegamos a 25 personas por metro cuadrado.

4. En Milán llueve horizontalmente y, aveces, de abajo hacia arriba.

5. He visto el cielo azul de la Lombardía un domingo de diciembre. Poquitos pueden decir eso. Ni los milaneses.

6. Hay que tener ganas de poner un tenderete de bocadillos con nombres de políticos por especialidad. Estuve a punto de comerme un Berlusconi pero al final me comí un Gasparri.

7. No me gusta Basquiat. Creo que tuvo suerte de estar donde estaba en el momento en el que estaba y chocarse con Warhol de casualidad.

8. NO ES DIVERTIDO dormir en una cama que ha sido usada mayormente por un gato los tres meses anteriores. Por cierto, cuando a las 4:30 de la madrugada me desperté a punto de morir y mi vida desfiló ante mis ojos… es un coñazo.

9. Melonian no es verde y ovalado como me lo imaginaba. Pero

a) Está grillado.
b) Es cierto que lo primero que ve en cualquier lugar del mundo es un supermercado. Quedé con él tres horas después de aterrizar su avión y ya había visitado tres.
c) El kit-kat de chocolate blanco está en fase de estudio para ser considerado pecado mortal equiparable al onanismo por el vaticano. Razinger, que es un guarrete.
d) Por mucho que su chica firme como Trollaki es un bellezón de narices. Se parece a Salma Hayek.
e) Hay gente que aprende sueco desde pequeñita por vocación.
f) Los koalas son unos seres peludos y suaves muy bonitos.
g) Por difícil que suene es muy posible rodear un parque enorme cerrado atravesando miles de mercadillos y entrando en un castillo medieval sin mirar ni siquiera a los lados porque estás hablando de Terry Pratchett y de los Monty Python.
h) Hay que tener mucho talento para entrar en una cafetería al azar a tomarse un té y que los dueños sean unos coleccionistas pirados de latas de coca-cola.

10. El reagge abstrae. Yo al menos no andaba por allí mientras sonaba, y eso que era la única música que pincharon en el “Tunnel”.

11. Hasta los milaneses quieren irse a Roma de vez en cuando.

12. Giulia sigue siendo muy mona, pero en invierno se le pone la nariz roja :)

13. Ser el único no calabrés en un tren regional de noche repleto es una experiencia inolvidable.

La posibilidad de otra vida

Sábado, 2 de Diciembre de 2006

Estos días he visto dos películas muy comentadas que se me habían quedado en el tintero, arrinconadas en mi disco duro. Una es Italiano para principiantes. La otra es Match Point. En ambas he tenido sensaciones muy desasosegantes, sobre todo en la segunda, son dos películas llenas de gente que me desagrada, que no quisiera encontrarme en ningún momento de mi vida, malas personas directamente, o personas demasiado egoistas para mi grado de soportabilidad.

Pero no quería hablar de eso. Estaba pensando en Chris, el protagonista de la película, y en la extraña (o no tanto) evolución que sufre su personaje a lo largo de las dos horas de metraje. Lo poco que se parecen el Chris de los primeros quince minutos con el que termina el filme. Chris elige una vía, agarra una posibilidad, un tren que pasa delante de sus ojos. Y se monta. Para ello renuncia a muchas cosas intrínsecas a sí mismo, se aferra a la opción de vivir otra vida, completamente distinta a la que ha llevado hasta entonces.

Hay muchas novelas y películas que tocan ese argumento, el “¿que hubiese pasado sí?” y me doy cuenta de lo fascinante que resulta palpar la posibilidad de otra vida. Me temo que soy una persona de cliché fácil en la boca y suelo soltar frases lapidarias huecas como “cuando alguien se marcha intentando escapar de sus problemas, éstos tienden a meterse dentro de la maleta” o cuando animo a alguien a cambiar de ciudad e incluso de país casi siempre argumento que “allí nadie da por presupuesto nada, partes de cero, puedes ser tímido aquí y el colmo de lo extravertido allí”. Bologna en muchos sentidos me ha dado esa posibilidad de otra vida, esa misma que me retiene aquí y que me impide desear en algún momento volver a Sevilla.

Preguntaba Javi Moya hace poco en su blog que, de poder escoger uno y solo un superpoder, cuál sería. Yo escogería el control del tiempo, poder rebobinar, tener derecho al ensayo y error en cada faceta de mi vida. En el fondo la posibilidad de otra vida es tan embriagadora que jugamos con ella a través de otros personajes en un blog, o en cartas o novelas, en cuentos e historias que contamos a quien no puede comprobarlas. Cómo evitar sentirse atrapado por el aroma adictivo de la imaginación al servicio de la fantasía con aquel que podrías ser y no eres. ¿Cuál es la línea que separa el valor y la temeridad? ¿Se es más cobarde por dejar pasar trenes como el que coge Chris?

…y bueno eran pigmeos (2)

Jueves, 16 de Noviembre de 2006

Mi buen amigo Andrea ha aprobado un examen, el último de su carrera, que se le resistía desde hace seis años.

Es mi cosa buena de hoy entre tanto cretino suelto.