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A veces…

Sábado, 13 de Mayo de 2006

Llegó un libro por correo, Jugada a presión, la primera novela de Paul Auster escrita con pseudónimo. Alguien la vio y se acordó de mí.

Me dejaron un mensaje en el buzón de voz de mi móvil. Al llamar a mi contestador para oírlo escuché como alguien tocaba “Oleo de mujer con sombrero” al piano sin decir ni una palabra.

Una completa desconocida me pregunta cómo puede cambiar la clave de su correo electrónico y mientras se lo explico rompe a llorar y se derrumba sobre mi hombro.

A veces mis días parecen viñetas de Liniers

Basilea

Miércoles, 26 de Abril de 2006

El café “Fumare non fumare” es uno de esos lugares donde uno acaba siempre por preguntarse como fue tan afortunado el dueño de abrirlo en un lugar así. En una pequeña plazoleta en el ángulo de Rüdengasse y Gerbergasse, a dos pasos de la Catedral, el café es la autentica tarjeta de bienvenida para los incautos que, como yo, se pierden buscando el centro de Basilea.

Decía la rubita que el “Fumare non fumare” era el sitio donde iban todos a ver y a dejarse ver. Aprovecha todos los espacios, las mesas fuera para las jornadas de calor absurdo en el centro de Suiza, como la de hoy, sofás dentro, decoración chic, música a la altura justa, camareros sonrientes, carteles, folletos, postalfree por todas partes. Aquí la gente simplemente viene, sola, en compañía, da igual, nos encontraremos allí, veré a alguien, leeré, tomare un capuchino, mirare la parsimonia de los paseantes (Será este uno de los pocos sitios del mundo donde absolutamente nadie va corriendo a ninguna parte?).

Me recuerda a esa cosa que hacíamos de chicos, cuando salíamos a “jugar a la calle” – que es algo que yo solo hacia, tal vez, en la playa -. Salir a la calle no era “quedar con alguien”, era salir y ya esta, ya encontrarías a alguien, alguien nuevo o tal vez a uno de “estos”, entendiendo “estos” por los de siempre (sabéis de lo que hablo, de cuando tu madre te decía “con quien vas” y tu respondías “con estos”, y ya estaba todo dicho).

Pues el “Fumare non fumare”, La Carbonería, la vía del Pratello, son esos sitios que funcionan casi como Infancia v.2.0, es decir, la versión adulta de encontrarse “con estos”. Con la diferencia de que, cuando creces, “estos” no pueden ser nunca nuevos, solo valen los ya conocidos, porque no nos atrevemos a hablar (ni a jugar, como antes) con desconocidos., ni nos atrevemos a dejar que hablen con nosotros. Cuando fue la ultima vez que hablasteis con un desconocido? Sin excusas por medio, digo, sin preguntar una dirección, sin pedir fuego, sin preguntar la hora. Es una de las prohibiciones contemporáneas, esa de hablar con desconocidos.

De todas maneras hay una diferencia psicológica importante entre la prohibición (o tabú) y la imposibilidad (o improbabilidad). Hablo tres lenguas perfectamente, pero cuando llego a un bar y quiero pedir un café y un dulce me encuentro con que mi interlocutor habla otras dos lenguas pero que no coinciden con mis tres. Y entonces se abre el vació, el bloqueo mas absoluto y terrible, es como abrir los ojos por primera vez y darte cuenta de que no, que no hablas alemán, ni francés, que no entiendes las conversaciones de los que pasan por la calle junto a ti, que no puedes pegar la oreja para saber que le dice con tanta dulzura este padre joven y rubio a la pequeñaja que se come un helado MUY rosa y pone una mueca enfurruñada, sentado enfrente de ella, y que no entiendes un carajo, que no, te pongas como te pongas, de las docenas de carteles que te rodean. No los entiendes, todo lo mas los intuyes. Yo soy uno de los que intentan leer el texto una y otra vez con el sueño de que, de repente, llegara una iluminación milagrosa y –oh, ah- comprenderás el alemán. Ah no, eso no pasa, hache el guiri eres tu, y aunque en Italia no te sientas extranjero, de pronto notas que si, que allí también lo eres, y que cuando vuelva a España mirare con sensación de extrañeza a mi alrededor y no me sentiré tampoco de allí. Porque el idioma es el lazo más fuerte que te ancla a un sitio, pero cuando tienes dos y sueñas en ambos, una parte de tu identidad se esfuma, no se si para siempre o destinada a convertirse en otra cosa.

Pero aquí, en Basilea, tus lenguas no sirven de nada, tu, tan orgulloso, soberbio y arrogante porque vienes en el tren leyendo a Calvino en italiano, de repente te dices a ti mismo: “Ey, capullo, que no te enfoca ninguna cámara, que nadie dejara el vagón del tren pensando ‘cogno, que muchacho tan culto e interesante’”.

Entonces vienen las prisas y la impaciencia, que feo defecto ese. Pero es que la paciencia es una virtud demasiado sutil, se mueve dubitativa por los limites de la dejadez. Y yo soy de los que cuando una idea se le mete en las simas del cerebro, esta empieza a girar y ya no me deja vivir, comer, respirar. Y me digo “voy a aprender alemán”, ya, no te jode, y francés también, pero yo lo quiero aprender por ciencia infusa, levantarme mañana y saberlo ya, como paso con el italiano.

Ah no, amigo, tu no te das cuenta, pero Calvino entra así de fácil (mas o menos) después de un año y medio viviendo en el Norte de Italia. Un año y medio? Narices, como es posible que después de tanto tiempo me siga asombrando de pasar por la esquina de Piazza Maggiore con Piazza IV Novembre y me siga diciendo “tío, que tu vives aquí”. Tanto tiempo después y todavía no he conseguido quitarme de encima la sensación de provisionalidad, quien lo entiende.

Y que tendrá Basilea… creo que lo que sucede es que esta ciudad ha sido testigo de mis salidas a la luz, de mi apartarme del ordenador, del metro cuadrado que es mi casa, de mi traje de chaqueta dos tallas mayor de la mía y mi corbata a rayas amarillas, de mi girar por la nada virtual para dejar que pasen las horas y después poder decir “no he tenido tiempo”. Aquí he re-visto la luz del sol, las mesas fuera, las caras tranquilas, el café sin prisas… aquí escribo a mano, desafío a mis miedos, tomo decisiones trascendentales, me convierto en valiente y arrojado, paseo solo sin sacar mi mapa del bolsillo. Aquí desayuno fuerte y como en condiciones, me paro a escuchar bien la música, miro por la ventana sin mas objetivo que mirar por ella… aquí amo a una mujer mientras me acobardo al quererla, aquí cambio de vida, me tiro a la piscina, echo de menos cosas que nunca tuve y que nunca dije, me convierto en extranjero de lo que soy y explorador de lo que siempre he querido ser… aquí pego puñetazos a la dejadez y el miedo, a la vagancia, a las dudas, aquí me debato entre querer ser siempre mejor de lo que soy y la tentación de responderme “es que yo estoy hecho as픅

Que tendrá Basilea para destrozar así los cimientos de mi mundo conocido y que nunca mas quiera regresar y reconstruirme tal y como era antes…

En Macondo comprendí…

Sábado, 22 de Abril de 2006

… que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.

Eso decía Sabina. Voy a comprobarlo. Nos leemos el miércoles.

El aguijón de la abeja

Jueves, 20 de Abril de 2006

Cuando se clava no sale, cuando se clava no sale, cuando se clava no sale, cuando se clava no sale, cuando se clava no sale, cuando se clava no sale, cuando se clava no sale, cuando se clava no sale, cuando se clava no sale, cuando se clava no sale, cuando se clava no sale…

Segunda declaración de intenciones

Viernes, 3 de Marzo de 2006

Digo yo que si la reducción al gris se ha vuelto de colores, igual podemos empezar a pensar en hablar otra vez de romanticismo…

Todo pasa y todo queda

Martes, 28 de Febrero de 2006

Tristes estos días en Bologna, donde los que nos quedamos estamos condenados a despedir a los que se van.

Bologna es una ciudad de paso, un no-lugar como los que nombraba Augè pero con la particularidad de que el período de permanencia rota entre los seis o nueve meses que permanecen los Erasmus hasta los cinco o seis años que pasan los que vienen de cada punto de Italia para estudiar la carrera. Pero nadie se queda, nadie echa raíces, la ciudad gira, circula, fluye, se regenera y revitaliza, dando esa impresión de tren en movimiento, mitad hostil mitad acogedor, que tuve ya la primera vez que pisé su suelo.

En tiempos donde se discute si reafirmar la patria, si postrarse ante banderas, si boicotear productos por tener un nacimiento a trescientos kilómetros al norte de mi casa, me encuentro en un punto donde abro la bandeja de entrada de mi correo electrónico y me llueven cartas (cartas de verdad, no telegramas absurdos) de los pedazos de mi corazón que están repartidos por el mundo. Me llegan besos y palabras de cariño, tristezas, incertidumbres, filosofías, miles de cafés que no me estoy tomando pero que estoy saboreando, desde Sevilla, desde Santander, desde Forlì, desde Sicilia, desde Buenos Aires, desde Avilés, desde Sanlucar la Mayor, desde Rende, desde Galicia, desde Salzsburgo, desde Ravenna, desde Génova, desde Pamplona, desde Valladolid, desde Madrid, desde Lisboa, desde Cádiz, desde las Canarias, desde Londres, desde Almensilla, desde Basilea, desde Berlín, desde Nueva York, desde Barcelona, desde Roma, desde París, desde Irlanda… me escriben amigos que no he tocado nunca, como Dordoka, como Alex con su parche en el ojo, como Jorge desde-su-mundo, como la dama oscura, como Aguacate, como Amelie, como la gata vagabunda, como mi nen, el buen Stereo… me escriben amigos con los que hasta he dormido, como Carlitos, como Lucia, como Yhebra, como la princesa Austriaca, como Claudia, como la pignola, como Snake, como tantos y tantos otros que me dejo en el tintero.

Me preguntan a veces si echo de menos mi patria.

Mi patria son ellos.

El síndrome de la divorciada

Martes, 14 de Febrero de 2006

Así, en femenino, describía cierta amiga mía la actitud de cierta amiga suya que acababa de romper con cierto amigo mío que empezó a salir con ella un par de horas después de que yo rompiera con ella.

Si, ese síndrome de “el amor es una mierda” tan bonito que se recrudece en San Valentín, aderezado con “vaya gilipollez de celebración”.

Ese, ese.

Pues aprovechando que me he puesto calcetines morados y que me he lavado el pelo, pongo una cita típica-tópica que escuché ayer en “Adaptation”. Se la decía Nicolas Cage a Nicolas Cage, casi al final de la peli. Y la pongo porque me sale de los huevos :-)

“Somos lo que amamos. No lo que nos aman”.

(A ver que se me ocurre para mañana, día de San Saturnino)

En el aire…

Lunes, 13 de Febrero de 2006

No sé bien lo que es, no lo sé definir. Hace cuatro días que intento sentarme a escribirlo pero no me sale nada coherente. Pero está en el aire, lo respiro, y no es necesariamente negativo. Pero son vientos de cambio.

La pelirroja que sonríe, el toque de atención de La Petite, las vísceras de Alex, Yhebra que da un carpetazo a su “Pillow Book”… lo mastico pero no sé lo que es.

¿No lo notáis? ¿No oís los aleteos de las mariposas?

No-post

Lunes, 6 de Febrero de 2006

Pensaba hablar de lo que no he hecho. De lo que soñé para el próximo fin de semana, de lo que había imaginado. De donde estaría, de el efecto que provocaría. Pensaba recrearme en todo aquello que deseé una vez que sucediera y que ya no sucederá nunca.

Pero no. Esta vez no.

Y además es la última vez que lo hago.

Malos tiempos para los abuelos

Miércoles, 1 de Febrero de 2006

Que se van de improviso, que ponen enfermitos, que nos dejan tristes…

Animos, princesita austriaca. Estás en mi pensamiento todos los días.