Fabrizio de André es un mito en Italia. Gente de todas las edades, aficiones, condición social, manera de ser, opiniones diversas siempre reaccionan igual cuando mencionas su nombre. Sonríen y dicen “De André è un mito”. Contador de historias, músico prodigioso, poeta, amante de Italia hasta decir basta, librepensador, anarquista de sentimientos, Italia hoy sigue llorando su muerte, hace ya varios años, y el mundo debería llorar el hecho de no conocerlo.
Cuando llegué a este país de contrastes De André estaba allí para recibirme con su voz grave y dulce y sus palabras mágicas. Me susurró al oído esta canción y desde entonces me ha acompañado en estos nueve meses. Cuando el viernes pasado una orquesta interpretaba la canción en un precioso jardín en las afueras de la ciudad cerré los ojos para dejar que me invadiera completamente. Cuando los abrí y miré a mi izquierda vi un rostro interminablemente hermoso que. con los ojos cerrados, sentía en cada poro la música del maestro.
Entonces comprendí que tenía que contároslo.
(Esta vez meto la traducción primero y el original después).
EL TESTAMENTO DE TITO
No tendrás otro Dios, más allá de mí,
Con frecuencia me han hecho pensar:
Gentes diversas, venidas del este
Decían que en el fondo era igual.
Creían en otro diferente a ti,
Y no me han hecho mal.
Creían a otro diferente a ti,
Y no me han hecho mal.
No nominarás el nombre de Dios,
No lo nominarás en vano.
Con un cuchillo clavado en el costado
Grité mi pena y su nombre:
Pero quizás estaba cansado, quizás demasiado ocupado
Y no escuchó mi dolor.
Pero quizás estaba cansado, quizás demasiado lejano,
Realmente, lo nominé en vano
Honrarás a tu padre. Honrarás a tu madre
Y honra también su bastón,
Besa la mano que rompe tu nariz
Porque le pediste un bocado:
Cuando a mi padre se le paró el corazón
No he sentido dolor.
Cuando a mi padre se le paró el corazón
No he probado dolor.
Recuerda santificar las fiestas.
Es fácil para nosotros ladrones
Entrar en los templos que recitan salmos
De esclavos y de sus amos
Sin acabar atados a los altares
Degollados como animales.
Sin acabar atados a los altares
Degollados como animales.
El quinto dice no debes robar
Y quizás yo lo he respetado
Vaciando en silencio los bolsillos ya hinchados
De aquellos que habían robado.
Pero yo, sin ley, robé en mi nombre,
Los otros en el nombre de Dios.
Pero yo, sin ley, robé en mi nombre,
Los otros en el nombre de Dios.
No cometerás actos que no sean puros
Es decir, no desperdiciar el semen.
Fecunda a una mujer cada vez que la ames
Así serás hombre de fe:
Después las ganas desaparecen y el hijo permanece
Y a tantos los mata el hambre.
Yo, quizás, he confundido el placer y el amor,
Pero no he creado dolor.
El séptimo dice no matarás
Si del cielo quieres ser digno.
Mirad hoy esta ley de Dios,
Tres veces clavada en la madera.
Mirad el final de aquel nazareno
Y un ladrón no muere de menos.
Mirad el final de aquel nazareno
Y un ladrón no muere de menos.
No dirás falso testimonio
Y ayúdales a matar a un hombre.
Lo saben de memoria el derecho divino
Y se olvidan siempre del perdón.
Yo he perjurado sobre Dios y sobre mi honor
Y no, no siento dolor.
Yo he perjurado sobre Dios y sobre mi honor
Y no, no siento dolor.
No desearás las cosas de los otros,
No desearás a la esposa.
Decídselo a aquellos, preguntádselo a los pocos
Que tienen una mujer y alguna cosa:
En el lecho de los otros, ya cálidos de amor
No he sentido dolor.
La envidia de ayer no ha terminado aún
Esta noche os envidio la vida.
Pero ahora que viene la noche y la oscuridad
me quita el dolor de los ojos
y se desliza el sol más allá de las dunas
a violar a otra noche:
yo viendo a este hombre que muere
madre, yo siento dolor.
En la piedad que no cede al rencor
Madre, he aprendido el amor.
IL TESTAMENTO DI TITO - Fabrizio De André
Non avrai altro Dio, all’infuori di me,
spesso mi ha fatto pensare:
genti diverse, venute dall’est
dicevan che in fondo era uguale.
Credevano a un altro diverso da te,
e non mi hanno fatto del male.
Credevano a un altro diverso da te
e non mi hanno fatto del male.
Non nominare il nome di Dio,
non nominarlo invano.
Con un coltello piantato nel fianco
gridai la mia pena e il suo nome:
ma forse era stanco, forse troppo occupato
e non ascoltò il mio dolore.
Ma forse era stanco, forse troppo lontano
davvero, lo nominai invano.
Onora il padre. Onora la madre
e onora anche il loro bastone,
bacia la mano che ruppe il tuo naso
perché le chiedevi un boccone:
quando a mio padre si fermò il cuore
non ho provato dolore.
Quando a mio padre si fermò il cuore
non ho provato dolore.
Ricorda di santificare le feste.
Facile per noi ladroni
entrare nei templi che rigurgitan salmi
di schiavi e dei loro padroni
senza finire legati agli altari
sgozzati come animali.
Senza finire legati agli altari
sgozzati come animali.
Il quinto dice “non devi rubare”
e forse io l’ho rispettato
vuotando in silenzio, le tasche gi gonfie
di quelli che avevan rubato.
Ma io, senza legge, rubai in nome mio,
quegli altri, nel nome di Dio.
Ma io, senza legge, rubai in nome mio,
quegli altri, nel nome di Dio.
Non commettere atti che non siano puri
cioè non disperdere il seme.
Feconda una donna ogni volta che l’ami, così sarai uomo di fede:
poi la voglia svanisce ed il figlio rimane
e tanti ne uccide la fame.
Io, forse, ho confuso il piacere e l’amore,
ma non ho creato dolore.
Il settimo dice “non ammazzare”
se del cielo vuoi essere degno.
guardatela oggi, questa legge di Dio,
tre volte inchiodata nel legno.
guardate la fine di quel nazareno,
e un ladro non muore di meno.
Guardate la fine di quel nazareno,
e un ladro non muore di meno.
Non dire falsa testimonianza
e aiutali a uccidere un uomo.
Lo sanno a memoria il diritto divino
e scordano sempre il perdono.
Ho spergiurato su Dio e sul mio onore
e no, non ne provo dolore.
Ho spergiurato su Dio e sul mio onore
e no, non ne provo dolore.
Non desiderare la roba degli altri,
non desiderarne la sposa.
Ditelo a quelli, chiedetelo ai pochi
che hanno una donna e qualcosa:
nei letti degli altri, gi caldi d’amore
non ho provato dolore.
L’invidia di ieri non è gi finita:
stasera vi invidio la vita.
Ma adesso che viene la sera ed il buio
mi toglie il dolore dagli occhi
e scivola il sole al di l delle dune
a violentare altre notti:
io nel vedere quest’uomo che muore,
madre, io provo dolore.
Nella piet che non cede al rancore,
madre, ho imparato l’amore.