“Consapevole” es una palabra en italiano que se podría traducir por “consecuente”. Pero, como suele suceder, yo le veo más contenido en italiano. Es ser consecuente en el sentido más profundo de la palabra: saber lo que haces, por qué lo haces y siendo consciente de todas y cada una de sus consecuencias. Yo lo traduciría por “¡consecuente!”, así, entre admiraciones.
Anoche vi una obra de arte en cincuenta minutos llamada Jue, que en chino significa “consapevole”, que en español significa… bueno, ya sabéis.
Dos bailarinas, Luo Lili (la madre) y Gaoyan Jinzi (la hija), con dos vestidos - uno tradicional chino y otro sencillo pero moderno -, una zapatilla con una borla y cuatro focos, nos regalaron una representación visceral, violenta y hermosa del eterno conflicto entre generaciones, entre la madre y la hija, entre tradición y modernidad, entre el camino marcado y las alas para volar.
Gaoyan Jinzi convierte su cuerpo en un engranaje perfectamente acomplado que maneja a su antojo y que emite ondas, radiaciones, rayos, yo que sé que, que provocaron mi taquicardia, mis lágrimas y mi aplauso más absoluto. Jue te habla de la lucha contra los elementos, de la predestinación, de la imposibilidad de luchar contra el camino que se te marca cuando naces. Jue es un grito desgarrador y patético del querer y no poder, del miedo al no ser amado y aceptado, de la soledad a la que se ve condenado el que quiere ser un héroe.
Jue es la vida más cruenta.

