El silencio después de Marta
Viernes, 23 de Mayo de 2008¿Y ahora qué? Esa fue la pregunta que nos hicimos todos, bueno algunos, después de varios meses sin noticias de Marta Fernández. Daba la sensación de que nuestra parte del trabajo estaba hecha, la carta había sido escrita y entregada en mano, las discusiones y teorías sobre el azar y la casualidad habían sido desarrolladas, estiradas y fantaseadas hasta el infinito. ¿Y ahora qué?
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
Eso dice un fragmento del poema de Szymborska que copió Jes en un comentario en el post sobre Marta. Oliver tenía su propio final alternativo. No sé qué tendrá esta historia -leedla bien: apenas ocurre nada- que muchos se quedan fascinados leyéndola y dejando volar la imaginación, plagando el cerebro de la mejor pregunta posible para hacerse con los ojos cerrados: ¿Y si…?
C. me mandó un correo lleno de preguntas:
¿Qué pensaría al leer lo que le enviaste? Me encantaría encontrármela para preguntárselo.
Aunque lo más probable es que no me dijera eso de: “Siéntate, tomemos un café”. No: lo más probable es que me dijera: “Joder, ¿pues qué voy a pensar? Que estábais chalados”
O a lo mejor se asustó. ¿Quien conoce La Verdadera Historia de Marta Fernández?
¿Y si nunca llegó a leer la carta? ¿Y si la perdió en el autobús? ¿Y si nadie la encontró?
¿Y si había vivido antes algo parecido y se asustó muchísimo?
¿Y si?
Al menos tres personas, después de leer la carta, me dijeron que querrían haber sido ellas Marta Fernández. Por aquel entonces, más de dos años han pasado ya, Snake salía con una chica a la que quiso que todos le mandáramos muchas postales desde puntos diferentes. Ella no lo entendió: ¿por qué iba a querer recibir postales de desconocidos? Los del Proyecto Marta Fernández la miramos con aprensión y pena: ella no entendía nada. Nosotros íbamos a salvar al mundo, anónimamente, sin rostro visible, dejando huellas a desconocidos que encontrarían azar espectacular en sus vidas.
Ahora no creo que ella se equivocara. No era muy romántica pero no necesariamente se equivocaba. Nosotros en cambio sí: el azar sucede, no se provoca. No sé cómo no nos dimos cuenta de eso.
Recibí un correo de alguien a quien admiro hace un par de días. En su postdata me dijo: “ponte en su lugar: la carta daba miedo. Yo tampoco habría contestado”. No es que sea menos soñador: es que la carta DABA miedo. La Marta Fernández real probablemente tuvo miedo de un pirado. O mucho peor: probablemente le dio igual y la tiró. Tal vez sólo leyó el primer párrafo. A lo mejor ni eso.
Toda esta historia, Laura, te la conté por un post tuyo que no logro encontrar, donde querías, necesitabas cerrar, o continuar, una historia que sucedió por casualidad. La historia fue la que fue, la literatura la pusiste tú, como yo, nosotros, se la ponemos a esta. ¿Y sabes qué? Mejor así. No hay nada que pudiera haber hecho la Marta Fernández real que mejorara todo lo que hicimos nosotros con la Marta imaginada.