Me estaba preguntando yo sólo el porqué de mi reacción violenta y furiosa con este asunto de la Wikipedia. Ya el título de mi anterior post, las actualizaciones, todo, indica un enfado mayúsculo ante una situación que, al menos en teoría, no me toca demasiado. Es decir, no conozco a Cisne Negro (bueno, ahora un poquito más) y no estoy implicado en la tira cómica de Lovie (más allá de como mero lector), por lo tanto una reacción lógica hubiese sido reseñar este caso y mostrar mi disconformidad con la gestión de la Wikipedia.
Pero no. Me enfurecí, mucho además. Se ha convertido en una cuestión personal y quisiera comprender por qué.
Hace unos días mi jefe, un tipo corto de miras y bastante maleducado, me ordenó que cambiara de sitio en el trabajo. Empecé a explicarle por qué me parecía mejor quedarme donde estaba y me cortó de raíz diciendo aquí se hace lo que digo yo, para a continuación marcharse dejándome con la palabra en la boca. Salí detrás de él como una hiena y le acusé de maleducado, de faltarme al respeto, de incapacidad de hablar con nadie a la cara, de autoritario, de que se le había subido el poder a la cabeza. En fin, se limitó a repetir que aquí mando yo y punto. Me consuela saber que se pasó dos días rabiando por esa discusión.
Pero parémonos en la parte de subir el poder a la cabeza (que bien me vendría una de las citas filosóficas de las que cuelga Khalo normalmente). Esto es el Palazzo Paleotti. Una sala de estudio y ordenadores de la universidad. La parcela de poder de mi jefe es… ínfima. Miserable. Insignificante. Pero en cambio él se siente inflado con ese poco poder, y lo ejerce desde el abuso. Yo me revelo, me cabreo, dimito (de hecho mañana es mi último día). Pero da igual, se siente con autoridad de gritar, amedrentar, repetir una y otra vez consignas como aquí mando yo o soy responsable externo de las salas de estudio de Bologna. Cuando alguien no le acepta los gritos, enloquece. El es el que manda. Punto.
Hay parcelas de poder aún más pequeñas. El conductor de autobús que te cierra la puerta en la cara porque puede hacerlo. El manda en su autobús y decide que tú te quedas fuera, aunque te haya visto correr hacia la parada, no importa. Manda él, y abusa de ello. La persona de secretaría de la universidad que te hace la vida imposible con la matrícula porque no tiene ganas de trabajar. Cuando emites un quejido se enfada y decide que tú no te matriculas. Porque aquí manda ella. Es su parcela de poder y la exprime, la ejerce de la forma más abusiva posible. Sali con una chica que se enfadaba conmigo cuando yo era simpático o agradable con los camareros, cuando ayudaba a recoger o levantaba las cosas para que limpiasen más fácilmente la mesa. Ella decía trabajan para ti, eres su jefe, mandas tú.
Me doy cuenta de que he reaccionado como un perro rabioso ante lo que me parecía un abuso de una miserable parcela de poder, la de la Wikipedia. La soberbia, la chulería, la condescendencia, el no escuchar, el no discutir, el no dialogar, el cerrarse en la cabezonería y usar como arma él aquí mando yo así que te callas. Me ha sonado a nuevo rico en versión Internet, al que se pasa la vida siendo un Don Nadie y de repente se encuentra con poder en las manos, aunque sea ridículo, como un autobús, una comunidad de vecinos, una sala de ordenadores o un Wiki. Y entonces pienso en cómo personas que son sencillas, normales, con sus virtudes y sus defectos, al tener ese poco poder en las manos se transforman en dictadores, tiranos, seres despreciables que tratan de estar por encima, de pisotear a quien sea… simplemente porque pueden. Y en ese caso, ¿qué le sucede al que coge un poder de verdad, algo grande? Siempre se ha dicho que el poder corrompe, y empiezo a temer que suceda así en nueve de cada diez casos.
Me da por reflexionar sobre qué me ocurriría a mí si tuviera poder en mis manos, aunque fuera uno pequeño, cómo me comportaría, si mandaría al carajo mi ética y lo ejercería despóticamente como tantos otros. Pienso en cuando he sido profesor y he tenido un aula a cargo, si me he comportado así, si alguna vez he dicho aquí mando yo y tú haces lo que yo te digo.
A veces me da miedo rendirme, en ambos sentidos. En el que deja de pelear contra todo esto y en el que deja de pelear contra sí mismo para no caer en ello.