Explicaciones a la gallega
23 de Enero, 2008“A ver, es que eso es como si escoges A o B, o, por ejemplo, X”
La gata intentando explicarme algo, quién sabe qué…
“A ver, es que eso es como si escoges A o B, o, por ejemplo, X”
La gata intentando explicarme algo, quién sabe qué…
Andaba replanteándome si era tan buena idea estudiar Periodismo, y eso que ya estaba en tercero de carrera. Fui a ver dos veces Titanic y otras dos Mejor Imposible pero la que más me gustó aquel año fue L.A. Confidential. Odiaba a Bon Jovi y pasé un Interrail a medio camino entre la fascinación y la pesadilla. Aún no conocía a C. ni a Mariajo. A Yhebra sí, pero aún no sabía que la quería tanto. Enrique apareció a finales de ese año con el pelo más corto y muchísimo más canijo, convencido de que Quevedo tenía mucho más que decir de la sociedad actual que cualquier filósofo contemporáneo. Me sentía atrapado sentimentalmente (y luego no fue pa tanto) y fui a ver a Sabina por segunda vez y a Aute por tercera. Conocí (y olvidé) París - además el día de la final del Mundial -, Amsterdam, Niza y Brujas. Juanito se fue de Erasmus a Alemania y me di cuenta de lo mucho que lo echaba de menos: le mandé un pack con recortes, músicas y muchos abrazos; pensar que estuve a punto de perderlo… Belén me regaló Leviatán de Paul Auster, el tío ese que había hecho Smoke y me cambió mi manera de ver el mundo. Por primera vez en la vida superé los sesenta kilos de peso (y no volví a bajar de ahí hasta 2005). Intenté aprender italiano por primera vez pero lo dejé, como tantos otros primeros intentos. Mis padres meditaban en serio comprarse una casa fuera de Sevilla y rechacé una beca Erasmus en Hull (Inglaterra) aún no sé por qué. Porque desde luego me habría ahorrado bastantes años de mala sangre. Una idiotez de Zubizarreta le dio un gol a Nigeria y nos mandó a tomar viento antes de empezar. Me fijé en otra chica, sólo por un momento, pero no se lo conté a nadie. Era infeliz.
Todo lo anterior puede no corresponder al 98. Pero el 98 es un estado de ánimo, y si no que se lo digan a los chicos del Zemos 98, que están de decaniversario. Así que felicidades.
¿Qué escuchabas en el 98 K? ¿Qué pelis veías gata? ¿Estabas ya en Sevilla, Dr. Malcolm? ¿Pensabas ya en cambiar de vida hermano? ¿Dónde estabais en el 98?
Mientras termina de secarse la pintura y reordeno los muebles os dejo mi cita mensual con el teatro abandonado:
Supongo que esto sí que es la Galicia que esperaba encontrarme cuando decidí mudarme al norte más norte de la península. Ah, chove en Santiago…
De vuelta. Poco a poco pero de vuelta…
Llevo días dándole vueltas a mi ya tradicional post-resumen del año y no tengo muy claro qué decir que no sepáis o que no suene repetitivo. Que al menos este año no he logrado que se haga una película que haya escrito yo, pero ya veremos el que viene. O que he vivido en tres ciudades diferentes en apenas nueve meses. O que he pisado Trafalgar y Estaca de Bares con dos semanas de diferencia. O… o nada que no se haya dicho ya.
Así que, ¿sabéis qué? Dejemos a Mick Jagger que hable que él si que ha sabido resumir mi 2007 perfectamente:
She comes in colors ev’rywhere;
She combs her hair
She’s like a rainbow
Coming, colors in the air
Oh, everywhere
She comes in colors
She comes in colors ev’rywhere;
She combs her hair
She’s like a rainbow
Coming, colors in the air
Oh, everywhere
She comes in colors
¡Hasta el año que viene!
Sí, sé que el estado de abandono de este sitio empieza a ser alarmante, es lo que tiene el exceso de… er…
Soy un perezoso.
Entre tanto hoy es 19 y me toca hacer autobombo delTeatro abandonado: Statu quo.
La gata lleva todo el mes haciendo un repaso a todas las películas que ha visto en el Festival Cineuropa, de Santiago de Compostela, os recomiendo las siete entradas que le dedica en su blog, todo un repaso al cine más premiado a lo largo de este año.
Bueno, yo no he visto las 25 películas que se ha tragado ella pero si que he visto un buen número, así que aprovecho que tengo un blog para no saturarle los comentarios en el suyo y aquí os dejo lo que me ha parecido a mí el festival.
Las mejores:
Al otro lado de Fatih Akin, Juan Cosaco lo ha clavado diciendo que el eje de esta película es la esperanza. Dominio absoluto de los tiempos en el film, la película te atrapa desde el principio con ese talento que tienen los que saben contar las cosas como nadie. Ganó el premio del público entre otras cosas con mi voto.
En el valle de Elah de Paul Haggis. Seria, pausada y magnífica historia de un padre (que actor más cojonudo es Tommy Lee Jones) que busca la verdad sobre el asesinato de su hijo, combatiente en Iraq. La crudeza de lo que te está contando reside precisamente en el hecho de que, superficialmente al menos, no se está juzgando la guerra en sí ni el papel de los Estados Unidos en ella, sino que te está presentando una de sus consecuencias con una frialdad quirúrgica.
The fall de Tarsem. Pocas veces he visto una representación tan espectacular y eficiente de alguien contando un cuento improvisado a una niña pequeña. Una película de aventuras estupenda, y hace tiempo que no veía una así de entretenida.
Fueron Interesantes:
Cien Clavos de Ermano Olmi, que sin contar nada demasiado espectacular ni novedoso sí que consigue atraer de inmediato al espectador con un principio impactante y si que te da de forma clara y concisa el mensaje que pretende darte. Sale uno satisfecho de la película.
Mil años de oración de Wayne Wang. O como sigue funcionando perfectamente el tópico de “extraño en tierra extraña” (en este caso anciano chino en Estados Unidos) para arrancar ternura, risas y sentimentalismos a partes iguales, siempre que uno esté dispuesto a jugar a ese juego, claro. Que bueno Henry O, por cierto, el actor que da vida al protagonista.
It’s a free world… de Ken Loach. No soy muy fan del director británico en general, pero me resultó más que interesante este acercamiento al sórdido mundo del tráfico laboral de inmigrantes. Los personajes son tan mezquinos e insalvables que sale uno del cine sintiéndose despreciable por pertenecer a la raza humana, la verdad…
Buda explotó por vergüenza de Hana Makhmalbaf, que tiene la virtud de enseñarte un cine casi primigenio, de espectador inobservado, con un guión demasiado natural como para estar muy preparado y con una niña protagonista tan impresionante que, probablemente, no actuaba en absoluto. Y tiene el inconveniente de que uno acaba cegado por la novedad y la empatía (es una película afgana después de todo) y a lo mejor acaba valorando demasiado algo por lo alejado que está de su realidad que por su valor cinematográfico real.
Vaya decepción:
Pues la tuve con dos de las películas: con Los que no perdonan de John Huston, que me pareció bastante mediocre a pesar de lo prometedor de sus actores e historia; y con My blueberry nights de Wong Kar Wai, que me provocó casi lo peor que puede provocar una película: indiferencia.
Ni fu ni fa:
El documental Blondie: one way to another me divirtió por lo mucho que me gusta el grupo, pero es el clásico documental alabador que uno encontraría un domingo por la tarde en la MTV. Interview de Buscemi es una peliculita intrascendente que tuvo la virtud de ser más digerible que las dos anteriores que había visto, pero nada más.
Los bodrios:
Tres bodrios, tres, para el niño y la niña. El bosque del luto de Naomi Kawase y la argentina El otro de Ariel Rotter, multipremiadas y alabadas por la crítica para mí son dos claros ejemplos de “El emperador está desnudo” pero que ningún crítico se atreve a decirlo. Insoportables, aburridas hasta el extremo, dan ganas de suicidarse viéndolas, porque al menos así terminarían. Y Slipstream dirigida por Anthony Hopkins, la peor mierda que he visto en el cine en… ¿mi vida? En la imdb le ponen un 8 y pico de nota… creo que debería haber aceptado los tripis que repartían en el cine para poder entenderla…
La inclasificable:
La rumana 4 meses, 3 semanas y 2 días de Christian Mungiu, Palma de Oro en Cannes este año, un retrato de lo difícil que era abortar en la Rumanía de Ceaucescu de los años 80. Es tan cruda, tan dura, tan salvaje, tan sin concesiones, tan desagradable, me dejó tan mal cuerpo, de tan mal humor… que no sé opinar si es buena o no. Cuando salí del cine estaba furioso por lo que acababa de ver. Después… después no lo sé. Desde luego no es una película para mí.
Y esto es todo. El mes más cinéfilo de mi vida que me ha dejado… con más ganas de cine :-)
Llevo varios días rebotado por la imbecilidad de google y de su sistema de bitácoras Blogger, que ha decidido de manera unilateral, sin consultar con los propietarios de los blogs y sin dar alternativas, que a partir de ahora sus blogs (los que terminan en blogspot.com) sólo podrán ser firmados por los usuarios de blogger, por anónimos o por “alias”, sin posibilidad de enlace al propio blog. Es decir, que en los blogs de gatavagabunda, k o yhebra yo ya no puedo enlazar mi nombre con mi bitácora, ya que uso wordpress. Lo mismo le sucedería, por ejemplo, a la funámbula (en blogia) o al pianista (en La coctelera), por poner sólo dos ejemplos.
Tal vez estén probando cosas, a lo mejor lo vuelven a poner como antes pronto, pero me he encontrado con un post en lo de Sonia Blanco denunciando este tema, así que aquí lo pego (con algún mínimo cambio), ya que suscribo palabra por palabra lo que dice. Sin dramatismos, pero son unos mamones.
¿Eres de los que no quieres que te impongan cosas porque sí? ¿Crees que internet debe ser libertad? ¿Piensas que esa libertad se basa, por ejemplo, en que cuando dejas un comentario en una bitácora puedas hacerlo siendo tú mismo? Es decir, ¿independientemente de si estás registrado en tal o cuál sitio?
Pues entonces sigue leyendo: Desde hace unos días, los blogs alojados en Blogger (los que son ‘.blogspot.com’, vamos), perteneciente a Google, sólo permiten dejar comentarios identificados y con vínculo si estás registrado en el propio Blogger. Si no lo estás, sólo te permiten hacerlo con un ‘alias’ que no permite enlazar tu comentario a tu propia Bitácora, a menos que sea también de la plataforma de Google. La tercera opción es hacerlo como ‘anónimo’.
Antes, una opción permitía un enlace a otro sitio, a pesar de que no estuvieses registrado en su sistema. Ahora el que quiera comentar se encuentra con ésto. No es algo que puedan elegir los editores de los blogs.
Por esta razón, se ha decidido difundir este ‘post’ para que todo aquel que quiera sumarse a esta iniciativa, lo blogueé en su bitácora. Haz copy-paste y súbelo, dale difusión o bien modifícalo a tu gusto, o escribe tu propia versión, si te apetece que cualquiera pueda enlazar y opinar libremente en cualquier bitácora.
Desde aquí pedimos públicamente a Blogger que vuelva a permitir comentarios enlazados a otras páginas que no sean sólo las suyas.
También se ofrece la explicación de cómo exportar los contenidos de tu blog desde ‘blogspot’ a otras plataformas como, por ejemplo, Wordpress. Aunque hay otros muchos, como La Coctelera o Bitácoras y muchos otros, hay donde elegir, desde luego.
Súmate a nuestra movilización. Contra la imposición y el monopolio.
Edito: Armando en los comentarios me da un enlace con una solución parcial en Apostillas Literarias. Sigue sin gustarme un pelo pero algo arregla.
Edito 2 Bueno, pues imagino que en Blogspot estaban de pruebas, porque ya se puede volver a poner el enlace igual que antes. Gracias por el aviso, Armando.
Vive como una larva adormecida en el cerebro que despierta a ratos y no engulle neuronas, sino que muerde y despelleja. No se percibe, salvo porque nubla los sentidos y se los apropia, y obliga al ojo a procurar la esquina mirando detrás de cuanto se percibe, como si tras el aire viviese la espesura; y un temblor casi inapreciable se instala debajo de la piel; y eriza cada músculo como se estira un arco. Adopta la apariencia de un murmullo físico, y cuando llega, si encuentra cálido su hábitat, ya no se marcha hasta que nota el frío.
Antes de empezar nos advirtieron de que B. tenía problemas de todos los colores: era alérgico a muchos alimentos, entre otros los lácteos. Llevaba años tomando prozac y antidepresivos, concretamente desde que sus padres se divorciaron. Tenía diagnosticada una depresión severa y para colmo contaba con un problema de psicomotricidad, que hacía que sus movimientos fueran nerviosos y torpes. El día que le hicimos la prueba de nivel se golpeó con una mesa y tiró una silla accidentalmente.
Vestía de negro y quería ser historiador. Tenía la mirada esquiva y un gesto de extremada seriedad, impropia de un chico de dieciséis años recién cumplidos. A veces empezaba a hablar y se ponía tan frenético que no lograba terminar su propia frase. Durante los primeros días con frecuencia se apartaba de todos y miraba al suelo, como dejando pasar las horas sin más, sin otro objetivo. Tardó mucho en aprender a llegar a su casa en un pueblo de quince mil habitantes. Su madre llamaba a diario para comprobar como estaba, los profesores y monitores estábamos advertidos de su particularidad y en una pequeña reunión acordamos estar más pendiente de él que de ningún otro. “Los niños suelen ser muy cabrones a esta edad”, decía el jefe. Todos asentimos.
A la semana decidió que ya estaba bien de prozac. Y también que el arroz con leche estaba demasiado bueno para no comerlo por una simple alergia encontrada diez años antes. La única vez que una de las más niñatas trató de burlarse de él B. contestó “la diferencia entre tú y yo es que a ti no te quiere nadie por lo que eres”. Aprendió andaluz, hizo surf y se puso un mono de Gibraltar en la cabeza. Fue la estrella del vídeo final.
También se apuntó a clases de guitarra. Le costaba coordinar los movimientos de las manos pero Javi, el monitor, era realmente paciente. Uno de los días que daban clase en el patio yo terminé mi trabajo un poco antes y me bajé a escucharlos. Al verme, B. se puso algo nervioso y se trastabilló con las cuerdas. Le hice un gesto tranquilizador con la mano y me senté en el escalón para molestar lo menos posible. Javi dijo “venga, empecemos de nuevo, yo toco mi parte y tú tocas la que hemos ensayado”. Javi se puso a tocar un tema flamenco y a un gesto de su cabeza B. entró con dificultad pero con precisión. Las cuerdas eran desgarradas más que acariciadas, y B. no apartaba su mirada de la guitarra, como si tuviera una gran misión que cumplir, firme, sin miedo. O tal vez con miedo, pero no lo suficiente para pararlo. Aquello sonaba magnífico. Miré a Javi, atento a las manos de su pupilo, mientras se le dibujaba una sonrisa que le llenaba el rostro. Le acompañé con la mía.
Terminaron la pieza y Javi dijo “Eeeeeso es. Esto son soleares de Cádiz”.
“Soleares de Cádiz”, repitió B. tomando nota mentalmente.